Publicado el: 13 Mar 2015

[Tribuna] El río Trubia bajo sospecha

ruilopezJosé María RUILÓPEZ

Escritor

El deshielo de la nevada de finales de enero junto a las lluvias de aquellos días provocó una gran avenida de los ríos teverganos, llegando a una altura que hacía años no se producía.

El río Teverga durante el último temporal. Foto de J.M. Ruilópez

El río Teverga durante el último temporal. Foto de J.M. Ruilópez

Muchas personas comentaron con razón, que si se daba la circunstancia de que cayeran un par de árboles en cualquiera de ellos podían ocasionar un cierre formado por toda la maleza que arrastran las crecidas, que podían hacer un embalse con consecuencias imprevisibles.
Puesto en comunicación con la Confederación Hidrográfica del Cantábrico, me comentan que para que este organismo lleve a cabo una limpieza del río tiene que ser por denuncia del Ayuntamiento o de algún particular. Ignoro si esas denuncias se han producido. Pero, me consta, que los inspectores de la Confederación merodean por la ribera de vez en cuando. Lo que no se sabe es si verifican la selva en que se han convertido las riberas de los ríos, están al acecho de algún vecino, harto de este abandono, que rompa una ramita para poder ver a través de la ventana de su casa. Porque la arboleda inunda fincas limítrofes, se acoda en fachadas de algunas viviendas, curiosea dentro de las alcobas y convierte a los ríos en una fronda inexpugnable, donde crece todo tipo de bichos, además de una floresta destartalada invasora de todo lo que la rodea.
Ramón Álvarez Maqueda es el presidente de la Confederación. Fue nombrado por el ministro Arias Cañete en 2012, y parece que nunca fue a visitar los concejos del Valle del Trubia, siendo moscón, como es. Porque si lo hubiera hecho, hubiera podido ver la tiniebla en que se ha sumido el río Trubia, por ejemplo, a su paso por Entrago, en Teverga.
Los ríos pueden ser también un atractivo estético para los pueblos, además de un bien en sí mismos. Los ríos han sido objeto literario. “Nuestras vidas son los ríos”, que dijo Jorge Manrique. O, “Río Duero, río Duero”, que versificó Gerardo Diego. “El río que nos lleva” de José Luis Sampedro. Y, si se me permite, mi novela tevergana, “Todo junto al río”.
El río Trubia está condenado a la ocultación. Y la Confederación es la responsable de la situación caótica de esta vía fluvial, que puede convertirse en un peligro para las poblaciones limítrofes.

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