Publicado el: 14 Mar 2015

El ferrocarril de Trubia a Quirós (I)

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En marzo de 1884 se abre la vía de Trubia a Santa Marina, tras una costosísima inversión por la orografía. Un artículo de Javier Fernández López, director del Museo del Ferrocarril de Asturias

El ferrocarril de Trubia a Quirós tuvo su origen remoto en 1858 en la ambiciosa iniciativa de una empresa de capital francés, la denominada Chauviteau et Compagnie, razón social de la empresa francesa Compagnie des Mines et Fonderies de la province de Santander, que pretendía aprovechar el carbón quirosano para su uso en la calcinación de los minerales que extraía en Santander y para el establecimiento de una gran fábrica de beneficio del zinc. Tras fracaso inicial de esta idea, en 1860 la sociedad, encabezada ahora por Albert Bernière, proyectó vender la hulla tanto para consumo interno como para su exportación y decidió acometer, con la participación de la Diputación Provincial de Asturias la construcción de una carretera para poner en comunicación a las minas.

Emporio metalúrgico
Comoquiera que la fórmula de la explotación meramente carbonífera tampoco tuvo éxito, la empresa emprendió una huida hacia adelante, y aprovechando la excepcional concurrencia prácticamente en el mismo espacio de mineral de hierro y carbón en Quirós, se planteó como nuevo objetivo crear un emporio metalúrgico en el concejo. A tal efecto, la empresa se reconstituyó y pasó en 1868 a denominarse Minas y Fundiciones de Santander y Quirós. Como tal acometió en 1870 la implantación de un horno alto en Quirós para producir fundición de hierro, seguido por un segundo en 1872. El fracaso técnico de los hornos y las dificultades de transporte al no contar con una vía férrea, sumieron a la empresa en una nueva crisis, que se culmina en 1876 con la marcha de Bernière, pasando a tomar las riendas del negocio el ingeniero de minas Cizancourt.
Cizancourt, tan seducido por la gran potencialidad teórica de Quirós como los estuvieran anteriormente Chauviteu y Bernière, no sólo no se arredró sino que a partir de 1877 aumentó aún más la apuesta, construyendo un tercer horno y ampliando el negocio con una fábrica de laminación en Quintana y, sobre todo, construyendo el tan necesario ferrocarril a Trubia. Esta gran reorganización y considerable inversión no daría los resultados esperados y, sumida en una profunda deuda, y con las minas de calamina de Santander, que habían sido las que hasta entonces habían dado los únicos rendimientos a la empresa casi agotadas, a mediados de los 80 la compañía se vio abocada a la ruina absoluta. Así, Fábrica de Mieres, logra hacerse en 1888 con todas las instalaciones, y, tras desmantelar lo aprovechable, las aprovecharía para sus fines durante casi ochenta años. Tras el cierre del horno alto de Quirós en la primera década del siglo XX, las instalaciones quedarían como mero anexo de las de esta empresa y como reserva de hulla y mineral de hierro para su fábrica principal.

tren3Comunicación con la meseta
Los primeros proyectos de ferrocarril por el valle del Trubia datan de mediados del siglo XIX, cuando Heim propuso convertirlo en el tronco principal de la comunicación ferroviaria de Asturias con la meseta. Frustrado este ambicioso proyecto, la línea finalmente construida nace formalmente en la Junta de la Compañía de Minas y Fundiciones de Santander y Quirós de 29 de noviembre de 1877, que aprobó las mejoras precisas para revitalizar el negocio, como ya se ha indicado. Sus características se concretaron en la Junta Extraordinaria de 15 de junio de 1878, con una inversión prevista de 900.000 francos para las vías férreas de 750 milímetros de ancho que habrían de unir minas de carbón y de hierro con las fábricas de Quirós y Trubia.
Las obras del ferrocarril comienzan en el verano de 1879, al parecer concretamente en agosto y se confiaba terminarlo a finales de 1880, de tal forma que la empresa pudiera disponer de materias primas en condiciones económicas. La mayor parte del hierro a utilizar habría de proceder de las fábricas propias. Sin embargo, sobre todo por problemas financieros y de expropiaciones en medio de una gran contestación social, las primeras locomotoras no empiezan a rodar hasta 1882 y no es hasta marzo de 1884 cuando pudo ser abierto el ferrocarril en toda la línea desde Santa Marina hasta Trubia.
La línea arrancaba de Trubia, en la Fábrica de Quintana, cerca de la estación del ferrocarril de Asturias-Galicia-León (después Norte) y tras atravesar la vega de Trubia, pasaba por Villanueva cruzando en varias ocasiones el río y llegaba a Proaza. Seguía hasta el pueblo de Caranga donde la estribación montañosa de Peñas Juntas se atravesaba por diversos túneles hasta llegar a Vega, Torales (La Fábrica) y a su punto final en Santa Marina. Además de la línea general, a lo largo del tiempo se construyeron toda una serie de cortas líneas interiores, exteriores, planos inclinados y cables aéreos.

Torturada orografía
Destaca la importancia de las obras que tuvieron que ejecutarse para superar la torturada orografía de la zona y que exigieron una gran inversión. El deseo de evitar el paso por terrenos de valor o difícil adquisición y, con toda seguridad, la intención de abaratar al máximo los costes en el complicado terreno a atravesar, que condujo a proyectar el uso de vía estrecha, impuso también diseñar un trazado con curvas muy cerradas entre cortas alineaciones rectas y con fuertes rampas, sobre todo en la parte alta del recorrido, De las dificultades del perfil da una idea que las horizontales sólo sumaran 940 metros de los más de 29 kilómetros totales. Contaba con 7 puentes, 5 pontones, 73 caños, 32 tajeas, 13 alcantarillas, 10 pasos superiores y 17 inferiores. Los túneles, en número de 12, sumaban una longitud total de 636 metros, estando el más largo, de 158 metros, en Caranga.

Comentarios:
  1. Oreyallarga dice:

    Estupendo artículo de Javier Fernández López, director del Museo del Ferrocarril en Gijón y con lazos familiares en Quirós. Probablemente quien más información tiene sobre la arteria que dió vida a nuestra comarca durante el Siglo XIX y la primera mitad del XX, basta fijarse en el detalle de los casi 17.000 habitantes que teníamos en el año 1.900, entre los municipios de Proaza, Teverga, Quirós y Stº Adriano.

  2. Xose Alba Alonso dice:

    Me prestó mucho el artículo. Muchas gracias, Javier. Disfruto el museo de tarde en tarde y ahora esta referencia a un recorrido que me resulta próximo. Y quiero corresponder comentando comentar algo relacionado con el mismo: mi abuelo Argimiro, del Val.le de Somiedu estudió en Oviedo hace casi un siglo. Una de las dos fórmulas que tenía para llegar a su pueblo cada Navidad o a final de curso era mediante el tren minero (la otra era yendo en diligencia por Cabruñana). Viajaba en tren hasta Trubia. Alli se subía a un último vagón del tren minero habilitado para quienes lo usaban como transporte. Nunca se paraba, al llegar a la altura de un pueblo, el maquinista aflojaba la marcha y daba un grito para que se tirasen en marcha los que quisiesen. Mi abuelo llegaba lo más cerca de Somiedo que podía y cogía sus maletas para subir andando al Cordal del La Mesa, pasando San L.lurienzu, bajar a Veigas y subir por las empinadas cuestas de Ridebobia al Val.le. Un paseín que no habría sido posible acortar sin la existencia del tren. En otras circunstancias se hacía ese mismo camino totalmente a pie, pero pasando por Siones en vez de rodear por Trubia.

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