Publicado el: 21 Mar 2015

[Tribuna] La tierra de todos

foto2pag4Por Roberto VELASCO

«Creemos firmemente en que la lucha por la defensa de nuestro entorno debe ser una necesidad vital para todos nosotros»

La vida cotidiana, nos absorbe a diario alejándonos de asuntos que también por cotidianos dejan de tener importancia para nosotros. Al llegar desde la ciudad al pequeño pueblo, que es un mirador sobre el Valle del Trubia, uno tiene la sensación de haberse alejado de un mundo lleno de comodidades, introduciéndose en un lugar donde el paisaje lo invade todo y las personas que lo pueblan no son figuras estáticas y herméticas como suele suceder en las ciudades, si no personas con un nombre que les confiere una personalidad propia, lo que les hace cercanos, y en muchas ocasiones se convierten como por arte de magia en seres con elementos familiares y muy próximos.

La posibilidad de habitar este espacio se hace fuerte ante lo desconocido y pronto comenzamos a ocuparlo sin darnos cuenta de que esta situación nos puede cambiar la vida.
Así fue como apareció la casa en la que vivo. Como una señal, como un faro que surge entre la niebla. Desde entonces algunas cosas han ido cobrando una importancia que creo que deben ser puestas en común.
Una de ellas tiene que ver mucho con este entorno, rural, rústico, casi salvaje, pero con la capacidad de ofrecernos uno de los bienes mas importantes de los que dependemos, el alimento y la necesidad de proteger las actividades del medio rural como origen del mismo. Nuestra idea del consumo se ha alejado tanto del origen de las cosas, que no nos cuestionamos porqué resulta mas barato comprar un pez pescado en un río de Vietnam como el panga, ante el consumo de cualquier pez pescado en nuestras costas o ríos. O que paguemos menos por consumir carne de cerdo procedente de China que la propia que pueda criar un vecino de nuestra zona. El otro día me sorprendía cuando unos vecinos hacían chorizos en su casa con carne y tripa procedentes de China pero comprados en Noreña, históricamente capital de las carnes asturianas. Mientras tanto el matadero de esa localidad está en situación de quiebra con todos sus trabajadores pendientes de un ERE o de un cierre patronal.
¿Somos conscientes los ciudadanos de cómo se está laminando nuestro territorio? ¿Estamos dispuestos a mirar para otro lado cuando lleguemos a una situación en la que dependamos completamente de la producción alimenticia venida de otras fronteras?
Sin embargo en Asturias he visto un gran amor por la tierra, por lo nuestro. No me gusta pensar que eso no sea mas que un sentimiento virtual y nada más. No quiero pensar que nuestra tierra sea tan sólo un bonito anuncio de televisión.
Cuando los vecinos luchamos por mejoras en nuestro entorno, por atender las carreteras abandonadas, los colegios rurales, los caminos o la limpieza de nuestros montes, no lo hacemos por un capricho estético o formal. Creemos firmemente en que la lucha por la defensa de nuestro entorno debe ser una necesidad vital para todos nosotros. Y sabemos que en esa lucha desigual nos vamos a encontrar muchas dificultades: gobiernos y políticos autistas incapaces de ver mas allá del próximo año electoral, e incluso la incomprensión de muchos vecinos.
Tenemos que comprometernos con la revitalización del medio rural, como lugar común y germen de vida y decir a los gobernantes que hay que trabajar para iniciar un proceso de habitabilidad y productividad nuevo. Para que la tierra sea un bien común en la que las personas nos sintamos protegidas y unidas al territorio.
El modelo de relacionarnos con nuestra tierra está en declive y no nos estamos dando cuenta de que lo que realmente estamos haciendo es vender el derecho a ser dueños de nuestro propio destino.
Espero que a partir de ahora este periódico que nace con el entusiasmo y el deseo de llegar a toda la gente de nuestros valles sea un bien más para nuestra comunidad. Para mejorar nuestro conocimiento y el amor por nuestra tierra. La de todos.

Comentarios:
  1. Oreyallarga dice:

    Buen artículo y buena la reflexión, pero las cosas no se cambian por el hecho de desearlo. No me extraña lo del cerdo chino (o el ternero de no sé donde), que probablemente resulte más barato que el del vecino e igualmente estará alimentado con pienso compuesto; ya se ha perdido la vieja costumbre de alimentarlo con las sobras de casa y harina . Más difícil de entender resulta importar un producto tan malo como la panga, mientras en la rula se malvende la xarda o la sardina, productos de calidad y con sabor extraordinario. Pero si nadie está dispuesto a comercializarlas congeladas y a buen precio, alguna razón (seguramente económica) tiene que haber y, sólo nos queda hacerlo nosotros o lamentarlo.

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