Publicado el: 22 Nov 2015

Curas todoterreno

Sotero Alperi (Noreña, 1963), tiene a su cargo 15 parroquias en Teverga, muchas de ellas de alta montaña.
Por Fernando ROMERO

La crisis de vocaciones es la causa de que los curas rurales tengan cada vez un mayor territorio que abarcar y se encuentren un tanto estresados. Este dominico, que vivía, como él dice, cómodamente en la comunidad de frailes “en donde te planchaban la ropa y te hacían la comida”, se ha convertido ahora en un cura de pueblo, un trabajo más duro, no solo por que tiene que trabajar más (y ganar lo mismo, o sea unos 900 euros al mes) sino atender a los gastos de su casa parroquial, calefacción, luz.. y autogestionarse. “El cambio mayor que he notado es la soledad, la falta de ese arrope que tienes en el convento”. Solo ante el peligro está Sotero desde que tomó el pasado 6 de septiembre posesión como párroco oficial. Ahora, más que nunca, necesita el coche para subir por las caleyas “me da miedo el invierno, no sé si podré llegar a todos los pueblos aunque en esta época marcha mucha gente y no se celebran tantas misas y trabajamos casi “a demanda”. Conocer a todos los parroquianos no es fácil “Voy poco a poco. Ya conozco 13 de las 15 parroquias, me falta Santianes y Barrio”.
Sotero se ha estrenado ya con una boda en Prado, la de Chus y Alicia y funerales tuvo “unos cuantos”, algo más habitual en un territorio muy envejecido. Ahora ya tiene un grupo de catequésis para la Primera Comunión con diez niños, algo que celebra porque “hay muy pocos en este concejo”. Y si antes hablaba de las desventajas de perder las comodidades del convento, sin embargo ser cura rural tiene sus ventajas: “ganas libertad y responsabilidad”, dice convencido.
A pesar de llevar poco tiempo ya empieza a ser conocido: “me conocen ellas, sobre todo” y está contento porque, aunque siempre es difícil hacerse con todos los parroquianos “me recibieron muy bien, me invitan a comer y se ofrecen para todo”. Pero insiste “ellas”. Y es que las mujeres siguen siendo las principales usuarias de la parroquia, mientras que los paisanos son más reacios.
Es día laborable y Sotero está tranquilo. “Otra cosa son los fines de semana. Es muy estresante se acumulan las misas, una cada hora y con las fiestas, una locura”.
Los sábados dos misas por la mañana en puntos distantes y distintos y una por la tarde. El domingo más misas, en Páramo. Prado. Villanueva y la Plaza. Unos 30 kilómetros diarios.
Pero se lo toma con calma, porque no se puede llegar, dar la misa y marchar: “hay que estar con la gente, charlar. Tenemos que adaptarnos unos a otros”.
Un cura todoterreno. No es el único, lo mismo hacen los de Quirós, Proaza y Somiedo: “pocos para mucho territorio pero ya superamos los localismos y los curas rurales nos ayudamos los unos a los otros”.

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