Publicado el: 21 Dic 2015

Los naipes de un gobierno futuro

2015-1-27. JMR P.P.-3Por Jose María RUILÓPEZ

Tras las elecciones del 20 de diciembre han quedado cuatro partidos en disposición de ofrecer las combinaciones necesarias para poder gobernar. Son como los cuatro palos de la baraja. Hay uno de ellos, los oros, que han sacado más votos que los demás, pero tampoco podríamos decir que pitan triunfos los oros, pues por sí solos no son suficientes para formar gobierno. Las copas del Psoe, tampoco pueden llegar al poder sin ayuda, y lo mismo ocurre con las espadas de Podemos y los bastos de Ciudadanos.

Hace tiempo que no juego a las cartas. Y a estas alturas del olvido casi escribo de oídas. La Brisca es juego popular y sencillo. El Subastado es para intelectuales que memorizan las cartas y saben por donde se mueve cada una. No sé si  la Escoba o el Cinquillo podrían resolver este galimatías político para que los cuatro años venideros sean de una cierta normalidad.  Para no errar en exceso, le pregunto a mi amigo “Wiki”, y me habla de un montón de juegos de naipes. Algunos nunca oí hablar de ellos. Si antes tenía alguna esperanza con respecto a la formación de gobierno con esos cuatro juegos habituales, con este plantel de variaciones para un solo gobierno la cosa se pone complicada.

Casi sin darme cuenta me he metido en un problema matemático, donde habría que conjugar cuatro partidos, con cuatro jugadores diferentes, tomados de tres en tres  y para una duración de cuatro años. Esto de las variaciones nunca fue mi fuerte, aunque, eso sí, es divertido. Lo que pasa es que  la diversión, cuando hablamos de formar un gobierno para España duradero, eficaz, serio y sin sobresaltos es algo que se puede convertir en triste y aburrido para un electorado que no quiere pasarse las próximas semanas esperando a ver quien lleva al as de oros, las cuarenta en copas, veinte en espadas o todos los bastos.

Por suerte, no es a mí a quien corresponde resolver este problema. Los que se han metido en ello ahora tiene la obligación y la responsabilidad de salir del atolladero. No vale decir yo no fui o yo no estaba allí. Hay que dar la cara. Yo, mientras tanto, me decido por un solitario con los naipes viejos.  Y como mi abuelo, haciendo trampa, que a mí nadie me ve y a nadie importa, no como lo otro.

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