Publicado el: 03 Abr 2016

[El valle escondido] La impronta minera de Roma en los Valles del Trubia

El Imperio intentó aprovechar algunos rincones de la zona para la obtención de minerales
Por Toño HUERTA

Zona de Los Veneros, entre Dosango y Llavares / Foto de Toño Huerta

Zona de Los Veneros, entre Dosango y Llavares / Foto de Toño Huerta

A diferencia de otros lugares de la geografía asturiana en donde la presencia del Imperio Romano marcaría su impronta en el desarrollo de una minería a gran escala cuyas huellas aún son visibles en la actualidad, el valle del Trubia apenas ofrecería recurso alguno a sus nuevos dominadores, de forma que las tareas extractivas casi no tendrían eco en el desarrollo de los primeros años de nuestra era. No obstante, deben mencionarse ciertos vestigios en algunos puntos del paisaje que, si bien no revelan una intensa actividad, tal vez delaten pequeños intentos de aprovechar las entrañas de la tierra en estos parajes.

Comenzaremos nuestro recorrido por el concejo de Santo Adriano, en concreto en Llavares,  conocido antiguamente como Veneros de Laberris. Ahí existe un yacimiento de hierro situado en una planicie caliza existente al norte del núcleo de población. Aunque apenas hay datos históricos al respecto, vamos a seguir las palabras que Bellmunt y Canella hacen de este yacimiento en su enciclopédica obra sobre Asturias, publicada en 1900; de ahí que los lectores comprueben diversos errores históricos que, sin embargo, no voy a corregir para dejar paso a la imaginación de lo que pudo haber sido. Según estos autores, la producción de las minas de Llavares se destinaría a alimentar varias ferrerías situadas en las inmediaciones de las actuales Proaza y Santo Adriano, explotándose mediante mano de obra esclava, que además de efectuar las labores de arranque también sería la encargada de transportar la mena a hombros en unos sacos de cuero. Precisamente para facilitar el tránsito hacia los lugares de consumo se construiría un camino que incluso contaría con un puente de ladrillo sobre el río Trubia. Siguiendo a estos autores, se aventuran incluso a hacer una hipótesis cuanto menos curiosa, sobre los orígenes de Villa Gaudiosa, aludiendo que fue fundada por esclavos que trabajaban en las minas y ferrerías que, tras varias revueltas, fueron expulsados por los romanos al otro lado del río –fuera de la antigua villa de Picacero (Proaza)–.

Peña Collada / Foto de Toño Huerta

Peña Collada / Foto de Toño Huerta

Lo cierto es que las explotaciones de Llavares, tras permanecer en el olvido durante cientos de años, volverían a ser beneficiadas de nuevo a mediados del siglo XIX coincidiendo con el gran período de demanda de mineral propiciado por parte de las siderurgias de Trubia, Mieres y La Felguera. De este modo, las huellas de la posible actividad romana quedarían así borradas en aras de un moderno aprovechamiento, siendo hoy prácticamente imposible identificarlas sobre el terreno.

Otros posibles vestigios mineros antiguos los encontramos en las proximidades de Villamexín, sobre un reguero que desciende del puerto de Airúa, en la sierra del Aramo; a mediados del siglo XIX, y según el Diccionario de Madoz, serían reconocidas antiguas explotaciones romanas de oro y plata. Sin embargo, las posteriores investigaciones mineras realizadas en la zona no constatarían la presencia de estos metales, por lo que esas labores podrían ser resultado de búsquedas infructuosas o meros procesos erosivos del terreno.

El oro perdido de Trespena

En las inmediaciones de Santa María de Trespena, en la vertiente meridional de Peña Collada, aún hoy es visible una gran corta de unos 200.000 m2 y forma cuadrangular, en cuya base se han depositado gran cantidad de estériles procedentes del arranque de los niveles superiores. En sus proximidades también se encuentra la conducción de agua conocida como canal de Mingoyo, destinada a captar el agua de la cabecera del arroyo  Zarameo. El método de laboreo de esta concavidad probablemente debió de realizarse mediante el empleo alternativo de fuego y agua, resquebrajando en la medida de lo posible la roca para luego proceder a su arranque, una vez vencida parte de su resistencia inicial.

Realmente se desconoce el producto beneficiado en este yacimiento. Aunque el método de explotación se asemeja bastante al ruina montium utilizado profusamente por los romanos en las explotaciones auríferas del occidente de Asturias y León, lo cierto es que en el lugar la presencia de oro no es ni tan siquiera testimonial, dada la configuración litológica de la zona. Bien pudiera tratarse de una búsqueda infructuosa de ese metal auspiciado en falsas leyendas o en un inexacto conocimiento geognóstico del terreno, o bien de aprovechar otros minerales como el hierro, que sí se halla presente en numerosas vetas a lo largo de la citada serranía, aunque la inmensa obra de desmonte para obtener un recurso de exiguo valor hace poco probable esta última hipótesis.

Más antigua sería la minería en la Sierra del Aramo, otro de los antecedentes del posterior desarrollo minero-industrial de los Valles del Trubia. Pero será otra historia.

 

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