Publicado el: 04 May 2016

En memoria de Evaristo

Por José María RUILÓPEZ
Escritor

Evaristo Fernández Fernández falleció el pasado día 3 de mayo en Entrago, Teverga, en un accidente de tráfico al caer con el coche al río, cuando estaba estacionando y el vehículo se deslizó hacia el cauce en el aparcamiento del bar La Pulpería. Según Secundina, que presenció desde su casa el accidente, el coche se le fue despacio hacia el vacío. Fue a morir donde había nacido: en la misma calle Uría de Entrago. Iba a cumplir 90 años. Era viudo sin hijos. En sus años jóvenes trabajó con mi abuelo Armando Rodríguez, con quien aprendió parte del oficio de carpintero. También estuvo como encofrador en la construcción del pantano de Quirós. E, incluso, fue reclamado en Andalucía donde pasó un tiempo en esa labor.

Evaristo con  José Echevarría, en  Entrago. Hacia 2015 / Foto J.M. Ruilópez

Evaristo con José Echevarría, en Entrago. Hacia 2015 / Foto J.M. Ruilópez

Contaba cómo siendo chaval iba caminando a trabajar desde Trespeña hasta la serrería de Las Vegas en Teverga. Un recorrido que le llevaba más de una hora y media. Más tarde empezó a hacerlo en bici. Siempre fue autónomo laboral.

Ya jubilado, todos los días iba a pasar la tarde por los bares de Teverga: San Martín y Entrago. Llevaba el perro con él. El coche en el que murió le daba independencia para trasladarse desde Las Ventas a Teverga (4 Km.). Había días en que volvía de noche y lloviendo, y luego de tomar unos vasos, o un café, dependiendo de la hora. Tenía ese ritmo de vida y se le veía contento porque era apreciado por todo el mundo. Contaba anécdotas y experiencias de hace años. Cuando le preguntaban si cocinaba en casa, decía que hacía tortilla algunas veces: “Si me sale bien “cómola” yo, si sale mal “dóisela” a las pitas.”

Evaristo tenía el andar cadencioso, la mirada indecisa y el semblante noble. Cuando se entablaba conversación con él, mostraba una gran claridad de ideas. Fue testigo de la Guerra Civil, pero si le preguntaban por hechos concretos y dolorosos que él había  presenciado, procuraba rehuirlo, porque le resultaba muy triste revivir aquellos momentos de su juventud.

 

 

 

 

 

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