Publicado el: 13 Jul 2016

Amor octogenario

Por Leduina BLANCO

Sensible al amor, prejuzgo como humana y me equivoco casi siempre. Dos sombras con luz propia se cogían de la mano en un parque solitario, tan solo ellos a lo lejos y yo, inquieta por su comportamiento tan cariñoso entre ambos, y sin palabras, pienso:

Cincuenta años juntos, hijos, nietos, fidelidad, una guerra, hambre, resistencia… ¡Qué suerte! Una vida de risas y lágrimas, pero juntos…

leduinaY como imán al polo positivo, me responden (más asertivo él que ella) a los pensamientos retóricos que revolotean por mi cabeza:

“Viudos, noviazgo reciente, nostalgia de omitir un zambullido por la anatomía de dos cuerpos y, mientras, me conformo con acariciar su alma porque no hay acto más intenso y orgásmico que besar el alma sin tocar los labios.

Sároxat, avidart, tila, mil remedios contra el tiempo y sin haber sido nunca náufragos de este océano, la conocí hace un mes, 84 abriles y con eclipse de fuerzas, con duelo de zarpazos que da la vida pero mira, mi novia, mi compañera. Charlar, pasear, dormir cerca de un cuerpo añejo y pecado, pero el mío suyo y el suyo mío, porque reposan juntos, vírgenes al presente y realistas al futuro en un noviazgo de desaprobación social.

Yo quiero casarme con ella y mis hijos ya prepararon fecha para llevarme al altar llamado cementerio porque entro en el asilo por la puerta grande y salgo de allá en caja de pino, diremos que para mí el geriátrico es la antesala a la tierra del silencio, de la mano de dama blanca. Esa mujer sí que es mala, no la quiero,  y ¿qué hago?

No busco sexo, ni riqueza, busco mirarme en el espejo de sus ojos y que ellos brillen con mi reflejo. ¿Acaso peco, me excedo en pedir una última voluntad después del testamento?

Quiero vivir tranquilo, respirar sin desasosiego, sentarnos bajo un árbol que cobije nuestro libro de los recuerdos, y no esperar la muerte sino aceptar y aromatizar los surcos de su piel, en una leve caricia que no hiera, palpar cada venita de sus manos, caminos azules de amplio recorrido y ahora, desembocar en la paz, la merecemos ambos, y sino, también, que los hijos fueron respetados, respeten ellos nuestro amor octogenario”.

 

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