Publicado el: 02 Sep 2016

Alarma en Proacina por la presencia de un oso en el pueblo

El plantígrado visita todas las noches la localidad para comer ciruelas e higos y ha sido visto por los vecinos
El alcalde de Proaza pidió hoy al Principado que se tomen medidas urgentes para evitar males mayores

cagada de oso

Uno de los excrementos de oso junto a una bota del número 44 en Proacina

Fernando Romero / Proaza

Julio Díaz García escuchó a los perros el pasado viernes hacia las once de la noche. Se imaginó que era el oso y al encender la luz y salir, vio que una sombra se alejaba de la zona en la que tiene la higuera. A la media hora volvió a sentir ladrar a los perros. Esta vez agarró la linterna y salió. Alumbró hacia el frutal y pudo ver al oso huyendo hacia el monte. Es el único testigo, aunque el plantígrado ha dejado señales de su presencia, al menos durante la última semana, de su estancia por las calles de Proacina, un pequeño núcleo rural de montaña del concejo de Proaza que no supera en temporada estival los seis vecinos. Las calles han aparecido con restos de excrementos de oso. “Me han estropeado todos los árboles” explica Julio.

El alcalde de Proaza Ramón García fue informado del hecho hoy por el alcalde de barrio e inmediatamente se ha puesto en contacto con la Dirección General de Recursos Naturales para denunciar la situación y pedir que se tomen medidas antes de que el oso tenga un desagradable encuentro con alguno de los habitantes del pueblo.  Nunca recuerdan un caso similar pues, aunque en la zona se sabe que hay ejemplares, no se habían atrevido hasta el momento a llegar hasta las mismas casas. Julio Díaz es natural de Proacina aunque vive en Oviedo. Le gusta ir de vez en cuando por el pueblo y nunca se había encontrado con un oso tan cerca de casa. “La gente está un tanto alarmada”, explica el alcalde, quien ya ha denunciado en otras ocasiones la proliferación de plantígrados en la zona y el malestar de los ganaderos, especialmente los propietarios de cabras,  por algunos ataques de estos animales que, paradójicamente, son el reclamo turístico por excelencia de los valles y que este verano han sido su principal atracción.  Otro de los vecinos, Juan Vega, ha visto  a diez metros de su casa en el centro del pueblo y sobre el hormigón de la calle excrementos de este animal.

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