Publicado el: 26 Sep 2016

Reencuentro de exalumnos

Por José María RUILÓPEZ

El pasado día 13 de agosto tuvo lugar la comida de antiguos alumnos del colegio San Pedro de La Plaza, en Teverga. Un encuentro que ya se repite por cuarta vez y que sirve para mantener viva la estima entre los que fuimos compañeros de clase. Gracias a estas comidas hemos recuperado amistades, intercambiado noticias, compartido experiencias y disfrutado con la simpatía y el buen humor de la mayoría.
Hay en estas citas un efecto tiempo y espacio, sin querer entrar en disquisiciones filosóficas, que para eso ya está Immanuel Kant, me refiero a esa sensación de proximidad y afecto que se forjó a lo largo de los años, donde la adolescencia y las circunstancias residenciales nos hicieron coincidir en el mismo colegio. Luego pasaron años de incógnitas con preguntas sin respuesta: ¿Qué será de fulanito? ¿Por dónde andará menganita? Hasta que las redes sociales nos llevaron a encontrar a algunas de esas personas.
Pero nos faltaba la presencia física para intercambiar pareceres, comprobar los tonos de voz, ver la apariencia actual, conocer el pasado reciente, sus avatares laborales, sus periplos geográficos, las experiencias artísticas, la impronta familiar y lo más triste, las ausencias ya imposibles de recuperar, o los achaques todavía livianos de la mayoría.
Complementando a este intercambio de saludos están, en el mismo colegio que fue aula situado en la propia Colegiata de La Plaza, dos salas de documentación donde se exponen las aportaciones creativas de los oriundos del pueblo, que han derivado sus inquietudes hacia las letras, la artes plásticas, la música o cualquier otra clase de creación para conocimiento de los visitantes, tanto naturales como forasteros.
Las despedidas siempre son dolorosas, pero, en este caso, esa sensación de abandono se mitiga con la promesa de renovación de la amistad en una nueva reunión, en la que volveremos a contar las mismas anécdotas, hacer las mismas preguntas y contestar a idénticos interrogantes. Porque, en el fondo, por dentro, todos seguimos siendo aquellos que fuimos hace un montón de años, auque por afuera haya diferencias propias de la edad, que no son otra cosa que el amplio bagaje vital que nos sale por los poros, ¡qué diablos!

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