Publicado el: 15 Oct 2016

El pegamento del mundo

15 de octubre, Día Internacional de las Mujeres Rurales
Por Lucía S. NAVEROS

dscf0096Las mujeres son el pegamento que une el mundo. Lo dice Sigourney Weaver y tiene toda la razón: el vínculo y la crianza de los hijos, el sostenimiento de las actividades imprescindibles para la vida cotidiana, el cuidado de los ancianos, todas esas tareas que son el cemento de la sociedad han sido, desde hace milenios, desempeñadas por mujeres. Son trabajos necesarios para no enloquecer, para que la realidad no caiga rota en pedazos, pero precisamente por estar asignados a “lo femenino”, a las mujeres, son invisibles, sin prestigio (nada más despectivo que llamar a alguien “maruja”) y, por supuesto, gratuitos. Si esto es así para todas, lo es mucho más para las campesinas y ganaderas, que deben de sentir  como una burla grotesca que se hable de “la incorporación de las mujeres al trabajo”, pues han asumido desde siempre un caudal tan interminable de curro que, de sólo pensarlo, dan mareos. Las mujeres del campo no sólo son el pegamento del mundo: lo sostienen sobre sus hombros. Sin vacaciones, sin reconocimiento, trabajan lo mismo que el paisano, pero además se encargan de los niños, de los viejos, de la casa, un río agotador de tareas que nunca se acaba. En España son siete millones de mujeres, que hoy celebran su día, y que tienen unas necesidades específicas que pocas veces son tenidas en cuenta. Porque la desigualdad es también cosa de oportunidades, de gestión del territorio, de decisiones políticas. Transporte para romper el aislamiento, colegios para no tener que enviar a sus hijos a trayectos interminables, cultura para poder desarrollar sus talentos y capacidades, derechos laborales  para poder trabajar con dignidad y descansar, inversión en empresas locales que facilite el acceso a empleos remunerados: la lista de tareas urgentes para apoyar a las mujeres del campo es interminable. Y el tiempo se agota: si queremos que nuestro campo no muera, hay que cuidarlas a ellas. Cuando ellas se cansen y se vayan, en busca de una liberación merecida, ya será demasiado tarde.

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