Publicado el: 15 Oct 2016

Tomás García desvela los orígenes del territorio salcedano

La presentación del estudio sobre ‘El Salcéu medieval’ abarrota de público la Casa de Cultura de Grado

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Tomás Sergio García saluda a los asistentes

Fernando Romero / Grado

LA VOZ DEL CUBIA

La presentación anoche del estudio histórico El Salcéu Medieval, entidad y ámbito geográfico de Tomás Sergio García abarrotó de público la sala polivalente de la Casa de Cultura. El acto fue el pistoletazo de salida de las IX Jornadas de Estudios Locales de Grado, presentadas por el bibliotecario Gustavo Adolfo Fernández. El historiador fue arropado por el medievalista y sacerdote Javier Fernández Conde, que fue  profesor del autor y que impulsó el que este libro viera la luz. Conde alabó el trabajo y dijo que una de las virtudes de Tomás «fue que afrontó este libro con un planteamiento de no dejar nada fuera, utilizar todas las fuentes y hablar con los vecinos para conocer minuciosamente cada rincón de este territorio». Y es que, para Fernández Conde Salcedo «es un territorio con el epicentro en la ermita de San Roque. Eran alfoces, el embrión de lo que luego será el municipio, lo que dará origen a Grado. El territorio es un elemento fundamental de la Historia y donde se contrastan las ideas, los grupos sociales, los modos de producción. El territorio es un paisaje común, bien definido que la gente aprende a amarlo».

Tomás Sergio García habló de su formación como historiador y desveló que desde joven su pasión había sido la montaña hasta que se «aquietó» en Villamarín, la casa materna y decidió escribir algo de Salcedo. «Encontré en una librería de Gijón una obra sobre las heredades de Villamarín de 1217 que escribió Margarita Fernández Mier y empecé a trabajar. Un día fui al archivo de la catedral de Oviedo y me encontré con mi antiguo profesor Javier Fernández Conde. Él me animó y me orientó».

El libro es una recopilación de toda la información dispersa sobre la Edad Media en este territorio «quería darle una visión de conjunto desde el año 857, en que aparece la primera mención escrita hasta el año 1.500». Se estructura en tres grande capítulos. En el primero se habla de los antecedentes de Salcedo, de los poblamientos prehistóricos y, de los castros, de la presencia de Roma en el Camín Real, y de toda la información que sobre Salcedo aparece en las cartas arqueológicas de Belmonte y Grado. La segunda parte trata sobre la presencia de Salcedo en la documentación medieval y la tercera sobre el Salcedo medieval como entidad y ámbito geográfico. Se hace además, según explicó Tomás García, una compilación de los pueblos del territorio, tanto del Alto Cubia como del río Veiga o Pequeñu. Se menciona también lo que producían sus habitantes, su modo de vida, su manera de construir sus edificios y los nombres de lugares, es decir la toponimia. En este aspecto Fernández Conde animó a al autor a que su próxima obra sea un tratado sobre la toponimia de Salcedo.

de izda. a dcha., Gustavo A. Fernández, Plácido Rodríguez, Javier Fernández Conde y el autor

de izda. a dcha., Gustavo A. Fernández, Plácido Rodríguez, Javier Fernández Conde y el autor

Tomás García destacó que desde los primeros textos escritos Salcedo es ya una entidad territorial como lo puede ser Somiedo, o Miranda y cuyas sierras son los ejes de los territorios y las lindes los ríos Pigüeña y el Cubia. Hasta el siglo XI Salcedo está presente escasamente en una decena de textos. Es a partir de la construcción del monasterio de Lapedo (Belmonte) cuando empiezan a proliferar los documentos que hablan de este territorio, lo que va a enriquecer mucho la documentación. Otra novedad, destaca el autor, es que desde 1.100 se menciona ya la existencia de un tenente Salcedo, un conde o noble, delegado real para este territorio, lo que demuestra la existencia ya de una organización político administrativa.

El acto fue presentado por el concejal de Cultura Plácido Rodríguez, de orígenes salcedanos, quien destacó la importancia de estos trabajos  y recordó que cuando el autor les presentó su proyecto «nos atrajo su modestia pero también su orgullo y su altruismo».  El Ayuntamiento de Grado ha colaborado en la edición de esta obra.

 

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