Publicado el: 20 Oct 2016

José María Ruilópez: «Se escribe de lo que se conoce»

El escritor presentó ayer en Madrid su novela ‘La Antojana’, «casi teatral», que gira en torno a una vivienda en Entrago (Teverga)

ruilopez2Blanca M. García / Teverga
Teverga vuelve a ser el escenario protagonista de la producción de José María Ruilópez (Oviedo, 1948) con la novela La antojana (Atmósfera Literaria), que llega 18 años después de su obra Todo junto al río. Escritor y columnista de LA VOZ DEL TRUBIA, de la imaginación del autor ha salido en esta ocasión un territorio denominado La Barzaniella con el que estrena su quinta novela en solitario. El 28 de este mes hablará de ella en la Casa de Cultura de este concejo dentro de una ronda de presentaciones. Ayer lo hizo en el Centro Asturiano de Madrid.
-¿Cómo recuerda su infancia y qué hay de ésta en su libro?
-Yo nací en Oviedo de casualidad, porque mi madre estaba enferma del corazón y tuvo que ir a un hospital a dar a luz, pero viví en Entrago hasta los 19 o 20 años. La antojana es una novela con unos fundamentos familiares importantes, pero no deja de ser ficción. Lo que sí utilicé fueron algunos nombres reales de gente de aquí, aunque con los apellidos cambiados. De hecho, unos de los protagonistas del libro, Armando Montaña, lleva un apellido mío vaqueiro. Esta es una novela que tenía ganas de hacer por revivir una época muy conflictiva, limitada y pobre.
-¿Cómo son La Barzaniella y sus habitantes?
-La Barzaniella es en realidad una zona de Entrago, pero yo lo convierto en un pueblo desde el punto de vista geográfico. El nombre de La antojana hace alusión al patio que hay delante de una casa de esta localidad, un espacio muy reducido donde se desarrolla casi toda la obra.
-¿Qué hace falta para pasar una idea literaria así de la imaginación al papel?
Como decía Julio Cortázar, “soy bastante visual”. Trabajo con lo que tengo en la cabeza. Esta novela se basa en recuerdos que tenía, pero moldeados. Es una obra llena de insinuaciones, de mensajes cortos y que van al grano sin rodeos. Es algo que encaja con el costumbrismo de la época de los cincuenta del siglo pasado, donde la gente de la zona rural habla con frases cortas. El libro tiene una atmósfera muy dramática que no varía desde la primera frase.
-¿Qué ha aprendido en estos años como escritor de ficción?
-Que, al igual que con el ciclismo -deporte del que he sido muy aficionado-, cuanto más practicas, más especialista te haces. Me hubiera gustado escribir más noveles, porque disfruto mucho con ello, pero, como diría Vargas Llosa, los trabajos alimenticios no me lo permitieron. Una novela precisa mucho tiempo; por eso “hay que escribir de lo que se conoce”. Las experiencias propias son un material muy bueno.
-Es también colaborador de prensa. ¿Cómo ve la situación actual de este sector?
-El periodismo, desde la llegada de Internet, está en una situación muy complicada. Te das cuenta de que en los kioscos la gente joven no se gasta el dinero en comprar un periódico; lo lee en Internet. ‘Internet está cobrando un protagonismo excesivo. Hoy en día un tuit parece que tiene más importancia que cualquier libro de ensayo.

«Me hubiera gustado escribir más noveles, porque disfruto mucho con ello, pero, como diría Vargas Llosa, los trabajos alimenticios no me lo permitieron»

-¿Algún proyecto en la recámara?
-Tengo otra novela que terminé de escribir hace dos años y que ahora ando corrigiendo. Se titula Mi fantástica noche con Patricia. Trata de dos ciclistas que divagan sobre sus aventuras sexuales. También he empezado El Oleaje, que pretendo que se convierta en una novela erótica. Mi último trabajo es un diccionario sobre ciclismo que he terminado y que está compuesto de jergas, apodos, expresiones y significados de este deporte.

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