Publicado el: 03 Dic 2016

Adiós a Antón «El Cuadrao», un hombre ilustre

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Antonio Arias Vázquez

Por Casimiro ÁLVAREZ

Con el fallecimiento de Antonio Arias Vázquez, Antón “el Cuadrao”, Proaza pierde a uno de los pocos personajes ilustres e importantes que nos quedaban, y andamos en éstos tiempos tan escasos de ellos que lo podemos considerar como un hecho sumamente desgraciado. No era Antón importante por haber tenido una ascendencia nobiliaria, pues sus orígenes eran más bien humildes y de ellos heredó el apelativo “Cuadrao”, sino por haber sido una buena persona, de prestigio reconocido tanto a nivel profesional como humano, por todos aquellos que le trataron, que fueron muchos dado su carácter afable y cordial y los importantes cargos que ocupó en el sector industrial.

Antonio Arias Vázquez fue aprendiz en la Fábrica de Trubia, donde después trabajó de oficial al mismo tiempo que estudiaba en la Escuela Universitaria de Facultativos de Minas, en Mieres (más tarde conocidos como peritos y ahora como ingenieros técnicos) y era a la par un reconocido operario en la fábrica de cañones, un estudiante brillante en la Politécnica de Mieres además de un estupendo deportista.

Trabajó durante algún tiempo en los talleres de Hunosa en Turón y después, durante el resto de su vida laboral, en Inespal, la fábrica de fundición de aluminio española con factorías en San Ciprián, La Coruña, Avilés, Amorebieta, Alicante, Sabiñánigo y Noblejas, más tarde absorbida por la multinacional ALCOA, y era considerado como un verdadero experto en el encendido y funcionamiento de los hornos de inducción para la fundición de aluminio; hasta el punto de serle reconocida la categoría de ingeniero superior y convertirse en subdirector de la fábrica de Avilés. Por razones profesionales viajó por medio mundo para conocer y compartir las nuevas tecnologías relacionadas con el aluminio y su profesión; a diversos países de Europa o América, incluso África y Asia.

Desde los importantes puestos que ocupó en la industria del aluminio, siempre apoyó a quienes acudieron a él en solicitud de ayuda, especialmente a la gente de Proaza, Trubia o Sama de Grado, de manera que muchos encontraron trabajo y reconocimiento profesional dentro de la empresa gracias a su mediación.

A nivel humano era una persona completa como pocos y en consecuencia, admirable; inteligente y culto, bueno, simpático y afable, conversador empedernido y muy ameno. No sé de nadie  que conociéndolo, no tuviera a Antón el Cuadrao en la más alta estima.

Siendo la muerte el peldaño final e ineludible de la escalera de la vida, cuando se lleva a alguien tan importante como Antón, resulta del todo injusta. La pérdida que sufrimos quienes le tratamos ¡qué sentirán sus familiares…! Resulta difícilmente soportable. ¡Hace unas horas que falleció y ya le echamos de menos!

 

 

 

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