Publicado el: 08 Dic 2016

De plagios y maledicencias

 Por Javier MARINAS

Javier-MarinasRecientemente el diseñador valenciano Carsí Navarro se ocupó de difamarme en sus redes sociales acusándome de plagio en un cartel que presenté para la Vuelta Ciclista de Valencia 2017, un concurso que gané. ¿Que hay detrás de esta provocación? Posiblemente una pataleta, una rabieta porque el premio se lo lleve un asturiano y no uno de la tierra. Su «denuncia» no salió de las redes y ni siquiera la ha formalizado ante ninguna institución ni organismo. Prueba de que no ha sido tenida en cuenta es que el premio se mantuvo y la organización de la Vuelta me ha expresado su apoyo. Quizás se trate de una cuestión de celos o envidia profesional pues, casualidades de la vida, el autor de la difamación había ofrecido sus servicios pecuniarios a la organización del evento sin que se los aceptaran. Fue entonces cuando decidió ir a por mí.


 


Pero en cualquier caso y haya sido por el motivo que fuera, lo cierto es que quiero entrar en el fondo de su acusación. ¿Qué es plagio? ¿Dónde acaba el límite de la inspiración y empieza la frontera del plagio? El cartel muestra un contrapicado de un ciclista en movimiento. Los que se dedican al mundo de la ilustración saben que desde esa perspectiva hay pocas variaciones en el dibujo. Los que me conocen saben que me documento concienzudamente antes de plasmar en un lienzo mi trabajo. Desde 1936 hasta 2016 hay más de un millar de afiches deportivos dedicados al ciclismo y con planos de contrapicado de corredores similares al que yo utilicé.

Cuando el señor Carsí quiera le mandaré doscientos dibujos desde diferentes planos para que se entretenga en buscar en qué maravillosos artistas me inspiro para mi creación propia. Va a encontrar a muchos. A buen seguro que él no estará entre mis maestros.  

¿Carsí Navarro trabaja ex nihilo como Dios? En el mundo de la creación y de la cultura todos construimos desde otras bases, desde el acervo y el poso de los que nos precedieron. Ni siquiera de uno solo porque la cultura es una producción colectiva de los pueblos a lo largo de la historia. Llevo muchos años dedicado al mundo de la ilustración y al cartelismo. He ganado infinidad de premios y he escalado, con mi esfuerzo personal, los peldaños de este mundo competitivo en el que, a medida que te acercas a la cúspide, te empiezan a llover acusaciones de resentidos que lanzan en sus redes sociales sus maldades para ensuciar a sus rivales en vez de mejorar su estilo y volverlo a intentar honestamente como hacemos los demás.


 


Carsí se descalifica a sí mismo con su sucia técnica del «difama, que algo queda» y contribuye a generar una imagen penosa de nuestro colectivo, que cada vez requiere de mejores artistas con formación, sensibilidad y sobre todo arte para no acudir sistemáticamente a los atajos que nos ofrecen las nuevas tecnologías gráficas. Por mi parte, cuando el señor Carsí quiera, le mandaré doscientos dibujos desde diferentes planos para que se entretenga en buscar en qué maravillosos artistas me inspiro para mi creación propia. Va a encontrar Henri Meunier, a Toulouse-Lautrec, a Paco Ribera, Honorio Romero Orozco, Josep Renau, Segrelles, a Antonio Trillo, Giner, Carlos Verger y a muchos otros. A buen seguro que él no estará entre mis maestros.

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