Publicado el: 10 Dic 2016

El matorral se duplicó en el parque de Las Ubiñas-La Mesa desde 1985

El Serida achaca el cambio a la casi desaparición de los rebaños de cabras y ovejas, y a las políticas de la UE

parque ubiñas

Señalización del parque natural

L. S. N./ Santo Adriano
La pérdida de la trashumancia de ovejas y cabras y la entrada en vigor de las políticas agrarias de la Unión Europea han dado un severo golpe al paisaje de la montaña asturiana, poniendo en riesgo su diversidad “en mosaico”, una peculiaridad que podría recuperarse fomentando el pastoreo de pequeños rumiantes.
Esta es una de las principales conclusiones de un estudio del Serida sobre “Cambios en los paisajes de montaña asociados a la cabaña ganadera y su manejo: un estudio en la reserva de la biosfera Las Ubiñas-La Mesa”, de los investigadores J. A. González Díaz, F. Fernández García, Koldo Osoro Otaduy, Rafael Celaya Aguirre. y R. Rosa García. El estudio se centró en la evolución del paisaje y de la cabaña y los usos ganaderos en una zona de 450 hectáreas, en el sector conocido como los Puertos de Agüeria.
Según sus conclusiones, el paisaje de alta montaña, modelado por la prolongada acción de la actividad humana, se mantuvo estable durante siglos hasta 1985, cuando se aprecia un cambio brusco, con el retroceso de las praderías y el aumento de piornales y plantas leñosas, lo que acaba creando un “paisaje cerrado”, inaccesible para muchas especies.




Dos acontecimientos coincidieron ese año: el final de la trashumancia de grandes rebaños de ovejas merinas y cabras procedentes de León, que alquilaban los pastizales, y la entrada en la Unión Europea, que con su política de subvenciones incidió en los usos ganaderos, y desincentivó al ganado menudo, en favor del vacuno y el equino. El éxodo a las ciudades también impulsó una ganadería que requiriera poca mano de obra, añade el estudio. “Los cambios en la estructura de los rebaños que pastan en la zona de estudio apuntan a un proceso de simplificación, concentrándose en vacuno y equino mientras el caprino y ovino prácticamente han desaparecido. En el año 1947 las ovejas representaban casi el 74% del total de cabezas de ganado que pastaban en los puertos”. En 2011, el vacuno ocupa el 84 por ciento del ganado, y los pequeños rumiantes, que comen escoba y matorral, en laderas pronunciadas, casi han desaparecido, cambios que han tenido un enorme impacto.
“En 50 años se ha pasado de un paisaje construido en base a una matriz de pastizal y manchas dispersas y huecas de acebedas y piornos, a un paisaje compacto, en el que en amplias áreas la vegetación dominante ya no es el pastizal, sino los piornos y acebos, dinámicas paisajísticas que en su conjunto dan lugar a un cierre gradual del paisaje», señala el estudio, que señala que la extensión de los piornales se ha duplicado, “en mancha de aceite”, en la zona estudiada. Ha crecido a costa de los pastos y como sotobosque de los acebales. Las praderías han pasado de ocupar un 59,4 de la superficie, a un 47,8 por ciento, según el estudio, que destaca que las especies predominantes en la actualidad son más combustibles, lo que aumenta el riesgo de incendio.

Comentarios:
  1. wunelfe dice:

    «… el paisaje de alta montaña, modelado por la prolongada acción de la actividad humana, se mantuvo estable durante siglos hasta 1985, cuando se aprecia un cambio brusco, con el retroceso de las praderías y el aumento de piornales y plantas leñosas,…». Es decir, la acción de actividad humana sin la mediación de investigadores, conservacionistas, ecologistas, políticos y entendidos especialistas en general, mantenía en mejor estado el parque. Vamos bien, ¡sigamos!

  2. xixon dice:

    El abandono rural promueve la «selvificación» del paisaje. Antes salía la «vecera» a comer por los montes y los caminos estaban más limpios que las aceras de la calle Uría. Ahora es casi un milagro encontrar a un «paisano» por el monte, los «praos» más alejados o «cuestos» están abandonados… En fin.

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