Publicado el: 17 Dic 2016

Comercios con solera

Ocho establecimientos de Trubia han pasado de padres a hijos durante décadas

Fernando Romero / Trubia

Trubia aún conserva comercios con solera. Al menos ocho establecimientos de la localidad han pasado de padres a hijos durante tres o más generaciones. Todo un logro cuando se habla de sesenta y cien años o más para atrás, un tiempo histórico en el que esos establecimientos han vivido guerras, revoluciones y crisis diversas. Estos son sus protagonistas.

Bar La Farmacia
Casi cien años de historia tienre este bar y casa de comidas situado frente a la Química del Nalón. Carmen Menéndez es ya la cuarta generación. Los fundadores fueron sus bisabuelos, Josefa García y Clemente Suárez. Su hijo, Pepe ‘el de la farmacia’ tomó luego el testigo, que a su vez cedió a sus hijas Conchi y Mini, esta última madre de la actual propietaria. Fue bar y tienda y estuvo siempre abierto en el mismo edificio de ahora. Ligado primero al pueblo de Nalón, hoy barrio y luego, cuando se construyó la fábrica, atendiendo al personal de la planta industrial. Carmen cree que la saga acabará con ella.

Tres generaciones en El Vasco

Confitería El Vasco
Casi un siglo tiene este señero establecimiento. Primero fue un rincón que cogió un señor que vino de Cuba llamado Alfredo. Elaboró algún pastel en horno de leña y dio origen a la tarta de Trubia, de hojaldre y almendra. Begoña Suárez y José Manuel García, con la ayuda de su hijo Gabriel regentan el negocio que, el tal Alfredo, traspasó a los hermanos García, que venían de Belmonte. Dos de ellos trabajaron en la fábrica y Nieves llevó la confitería, que tras enfermar, cedió a Lelita y Pepe hace ahora 53 años. Ellos ampliaron, construyeron el obrador y crearon las famosas patitas de oso que los aprendices de la fábrica mojaban con Sansón. José Manuel, su hijo, empezó a los 18 años y cuando, junto a su mujer tomó las riendas, le dió un giro hace ya 30 años. Ahora su hijo Gabriel se prepara para tomar el mando en un futuro.



;Distribuciones Julio Rodríguez
Julio Rodríguez regenta un almacén de distribución de bebidas. Ya empezó su abuelo hacia 1932 Domingo Rodríguez. El local estaba en la calle del Vasco y lo gestionaba junto a sus hermanos y sus 4 hijos. Era fábrica de sifones, gaseosas y vino de León. Su padre, Manuel Rodríguez, se fue por su cuenta y siguió con el negocio en la misma calle. Añadió la venta de cervezas. Julio recoge el testigo en 1976, cuando muere su padre y lleva a cabo la expansión del negocio y el traslado a la nave actual en Quintana, algo que no couurre hasta 2005. El negocio seguirá en manos familiares pués su sobrino, que trabaja con él, está llamado a seguir la tradición. En todos estos años ha sido testigo de la evoución de los hábitos de consumo. Inicialmente servía en Trubia y alrededores y hoy la empresa lleva sus productos por toda la comarca.

Casa Pendás

Junto con el bar La Farmacia, Casa Pendás es el otro establecimiento hostelero más antiguo de Trubia. Ubicado en La Riera, lo regenta ahora la tercera generación. Inaugurado en 1950 por Germán Pendás y Caridad Suárez, siempre ocupó el mismo edificio de piedra de estilo asturiano. Por entonces se hacía alguna cena de encargo pero era más bien un chigre al que se le conocía por el bar de Perlín, pues allí recalaba, después de salir de la fábrica de armas, toda la gente de este pueblo trubicco. “A las siete de la tarde más de 20 vecinos de Perlín paraban aquí antes de regresar a su pueblo, entre ellos Modesto, El Charco y Pepe Nava. Alguno se quedaba hasta las doce de la noche y llegaban de aquella manera de madrugada”. Lo recuerda Celso Pendás, hoy jubilado, pero que fue la segunda generación de este señero establecimiento.
El bar tuvo hasta hace 12 años una importante bolera en donde se celebraban los campeonatos del Ministerio de Trabajo y en donde jugaba la peña de la fábrica.
Celso Pendás cogió el negocio hace 30 años. Hace tres años le dió el relevo a su hija, María Jesús quien regenta el bar junto a su marido Gerard y que ahora ha extendido sus ‘dominios’ hasta Teverga, en donde han abierto el Hotel Nuevo.

Casa Pepito
Casa Pepito o Pepito el Cloyo tienen sus antecedentes remotos en un madreñero de finales del siglo XIX. Jesús García Álvarez abre esta tienda en 1913, aunque previamente vendía sus madreñas en la plaza. “Era la tienda de Asturias que más madreñas vendía”, relata orgulloso su nieto Pepito El Cloyo. Se amplió a comestibles, paquetería, confección, complementos, calzado y almacén al por mayor “Almacenes García”. Jesús muere en 1969, cerrando los almacenes y cogiendo su esposa, Felicitas Vicente Sánchez “Citas” el negocio hasta el año 2000, en que se jubiló y tomó las riendas Pepito junto a su mujer Benedicta Fernández Álvarez.. Desde el año 1977 se especializaron en textil y abandonaron la alimentación.

Estanco El Metro

El Metro, Moure y Casa Puyo
También el estanco El Metro, en Junigro es “de toda la vida”. Va ya por la tercera generación, con María Eugenia Fernández, hija de Jesús y nieta de Josefa Suárez García, la fundadora allá por la década de los años cuarenta. Empezaron con el puesto pequeño que aún se conserva, hasta 2007 en que adquirieron un local mayor justo enfrente.
Al lado se encuentra la farmacia Perea-Moure, muy antigua. Lleva más de un siglo ofreciendo sus servicios a los trubiecos. Fue fundada por Joaquín Alonso, tatarabuelo de Carmen Perea-Moure, por lo que, el actual responsable, su hijo Mario, hace ya la sexta generación de farmacéuticos de Trubia. También el restaurante Casa Puyo es un negocio con solera que pasó de padres a hijos y eso se nota en su exquisita cocina casera y tradicional.

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