Publicado el: 07 Mar 2017

Días de mucho, años de nada

Por Plácido RODRÍGUEZ

Suenan las proclamas. Los medios de comunicación se indigestan con los titulares y las redes sociales convulsionan por el día internacional. Al poco los ecos de ese ruido se aletargarán hasta que otro 8 de marzo comience a vomitar los manifiestos que no puede digerir en el estómago.
Durante unas horas, a pesar de las diferencias y del poder de los machos, las mujeres podrán sentirse afortunadas en una parte del planeta. Para el resto enciendo una vela en recuerdo de «Buela” quien, como ellas, nunca pudo celebrar el día internacional de nada. Una de tantas mujeres que trabajaron de sol a sol sin disfrutar ni un día de vacaciones. No hace tanto tiempo. Tan sólo pudo descansar, macabra ironía del destino, los últimos meses de su vida en los que la enfermedad la minó por dentro.
Cuando a la locomotora que arrastra los vagones del mal llamado primer mundo le engrasan con aceite refinado los engranajes de la paridad y de los derechos humanos el 8 de marzo, se me encoge el corazón: no sé si de pena o de rabia. Y pienso en ella, en Consuelo, que a la pobre hasta el nombre se lo pusieron acorde a lo que iba a ser su semblante, y me doy cuenta de que millones de mujeres siguen su camino.


En efecto, el 8 de marzo celebramos el día mundial de la mujer, pero ¿habrá mejor artimaña para el desahogo de la conciencia colectiva que el día mundial de lo que sea? ¿y el resto del año prolifera el maltrato y la desigualdad? O el día mundial del medio ambiente, ¿y los otros 364 a verter todo tipo de guarradas?Y San Valentín, ¿necesitamos que nos hagan pensar si se puede querer a otra persona más que a nosotros mismos? Día de la madre, ¿acaso no sabemos el amor incondicional que nos dio desde que nacimos?


Bienvenido el 8 de marzo cuando conmemora un año de trabajo por la igualdad. Bienvenidos los días que culminan el compromiso cotidiano. Un aplauso para quienes reciben la medalla del tesón. Lo que ocurre es que por muy nobles que sean las intenciones, si sólo sirven para celebrar un día mundial, terminan formando parte de algún negocio para exprimirnos el bolsillo y recordarnos que no podemos pasar sin consumir: flores, lencería, puros, música, consoladores o ungüento para las almorranas. Y como parece que la tendencia general es apuntarse sólo para el día de la fiesta, tal vez deberíamos aplicar eso que llaman psicología inversa y proponer que se celebre un día mundial de la corrupción, de los desahucios, de la pederastia… Y uno especial, tope de gama: el Día Mundial de la Mierda.A ver si así nos libramos del hedor el resto del año.

Comentarios:
  1. Eduardo Blanco dice:

    No puedo estar más de acuerdo.Pienso también, como complemento a tu excelente reflexión,que cada día del año debiera hacerse un homenaje a la gente honrada, una especie en claro riesgo de extincion.

  2. Bea la de Lola dice:

    Totalmente de acuerdo. Yo me apunto al último como día a celebrar.

  3. Flrentino Martínez dice:

    Muy acertada tu reflexión al tiempo que lúcida.

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