Publicado el: 09 Mar 2017

El abuelo Kunta

[Un madrileño en la corte del Rey Pelayo]

Por Juan Carlos AVILÉS

Andaba yo cavilando lo de la presencia del lobo en los valles y los inevitables desencuentros entre ganaderos y ecologistas cuando alguien, en la radio, comenzó a hablar del Gurumbé. Así que dejé la reflexión cánida para otro momento y me centré en el tema, que, puestos a rizar el rizo, alguna relación guardan. Gurumbé es una voz africana que, como tantas otras, tiene un significado más onomatopéyico (ritmo, sonido) que lingüístico, y alude a la utilización del cuerpo como instrumento musical, a falta de otro. Pues bien, el antropólogo y cineasta jerezano Miguel Ángel Rosales acaba de estrenar un documental con este título, Gurumbé, que recoge la influencia africana en las raíces y evolución del flamenco. ¿Exotismo casual? Nada de eso. Durante los siglos XVI y XVII en Andalucía (Sevilla y Cádiz, especialmente) y Portugal la trata de negros y el esclavismo estaban a la orden del día, y hasta bien avanzado el siglo XVIII no había familia pudiente que se preciara que no contara con uno o varios negros en la nómina del servicio —que aún conservaban la condición de esclavos— para ocuparse del trabajo sucio mientras sus amos acudían a los oficios religiosos. ¡Qué bonito! O sea, que entre los hacendados algodoneros de Virginia y nuestros vecinos del Sur había poquita diferencia.


Pues bien, ese cruce de culturas (si excluimos la atrocidad de tratar como basura a un ser humano sólo por tener la piel más oscura) ejerció, al parecer, una notable influencia en el folklore popular andaluz y su expresión física (el ritmo, el baile, las palmas, el repiqueteo, etc) no es otra cosa que Gurumbé.
Como siempre, la eterna discrepancia entre el ‘yo’ y el ‘otro’, el dominante y el dominado, el ‘homologado’ y el diferente. Y lejos de aceptar de una vez por todas la grandiosa y enriquecedora diversidad seguimos empeñados en despreciar lo que ignoramos cuando, a fin de cuentas, nuestros desmanes y vergüenzas siempre nos acaban salpicando: así que todos somos un poco negros, un poco inmigrantes y hasta un poco lobos. Cuidadín.

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