Publicado el: 12 Mar 2017

La esencia del Camín Real de la Mesa

Por Casimiro ÁLVAREZ

Camín Real (de la Mesa) es el nombre que identifica a la comarca formada por algunos municipios asturianos, a través de los cuales discurre la Calzada Romana y algún otro limítrofe, pero todos con ciertas características comunes; Somiedo, Teverga, Belmonte, Grado, Proaza, Santo Adriano, Las Regueras, Candamo, Yernes y Tameza y Quirós; si bien por razones políticas más que geográficas, está integrado también en la comarca el municipio de Illas, que en mi opinión tiene mayor semejanza con la comarca avilesina formada por la Villa del Adelantado, Castrillón y Corvera.
Se trata de una vía de comunicación que existe desde hace más de 2.000 años, equivalente a la mejor autopista actual que nos podamos imaginar, construida mediante los procedimientos más rudimentarios, pero con un nivel de calidad que para sí quisieran las administraciones públicas actuales. Buena prueba de ello es que después de 20 siglos todavía se distingue en la mayor parte del recorrido la caja excavada y, en algunos sitios, la calzada con su empedrado original.
Conocida como Camín Real de la Mesa, Calzada Romana o Camín Francés se trata de una vía de comunicación abierta por los romanos con fines militares en torno al año 139 antes de Cristo, en la época de los emperadores Augusto, Trajano y Adriano, que, atravesando la Península Ibérica de Sur a Norte unía Sevilla con Gijón a través de lo que ahora se conoce como la “Vía de la Plata”, casi por el mismo trazado de la actual N-630. Como es lógico, en Extremadura pasaba por “Augusta Emérita”, la actual Mérida, repleta de todo tipo de vestigios romanos como el anfiteatro o, el pantano de Proserpina (todavía en funcionamiento) y el acueducto de los Milagros que abastecían la ciudad de agua potable.
En León pasaba por “Astúrica Augusta”, la actual Astorga, que igualmente cuenta con numerosas ruinas romanas, entre las que cabe destacar un estupendo museo de la época, situado en el mismo centro de Astorga. Atravesaba la comarca leonesa de Babia y por Torrestío ascendía hasta el alto de la Cordillera Cantábrica a través del Valle de las Partidas, para acceder al puerto de la Mesa en Somiedo y, por el cordal que lleva su propio nombre cruzar parajes idílicos de la montaña asturiana como La Magdalena, la Sedernia (al lado de Pena Negra), Piedra Jueves, donde recientemente se encontraron restos arqueológicos de aquella época, San Lorenzo, Cueiro, Vicenturo, (que se cree puede tener ese nombre por la VI Centuria), Santa Cristina y el Puerto de Maravio en Teverga, para ascender nuevamente, hasta l’Alto Santiago de Proaza por la ladera del Pico Caldoveiro (espacio protegido); desciende ahora junto al los lagos de la Barrera y Tambaisna, atravesando la “Pata l’Mula”, “Veiga Acebos o Veiga de San Bartuelo”, “Cantu la Flecha”, el Guamón, el Rañón, “Cruz de Linares”, todos ellos en territorio de Proaza donde la Calzada Romana también es conocida como el Camín Francés y desde donde en continuo descenso hasta las llanuras de la Asturias central, cruza el concejo de Llanera por Lugo de Llanera, (Lucus Asturum) y termina en Gijón, entonces el más importante puerto de la costa cantábrica; si bien tiene otro ramal que desde Cueiro y, a través de Belmonte conduce hasta otro singular puerto que tenían establecido los romanos en la desembocadura del río Nalón.
Pues bien, mientras la población y la economía de nuestra comarca languidecen y, nos dedicamos a ofrecer cosas de escasa importancia; museos de plastilina, paseos en bicicleta, arqueros prehistóricos, espadachines medievales, batallas simuladas sobre nuestra guerra civil, historias falseadas, etc. olvidamos los auténticos valores que poseemos, algunos de singularidad inequívoca y otros de importancia trascendental. La naturaleza perfectamente conservada del Parque Natural de Somiedo, con su flora especial y espléndida fauna; la Senda del Oso, no como un vial para andar en bicicleta, sino, más bien, como un lugar de naturaleza excepcional, donde la bicicleta no pasa de ser la herramienta que facilita su disfrute; la Calzada Romana, como resto arqueológico bien conservado que discurre por lugares únicos; y así algunas cosas más relacionadas siempre con la naturaleza.
En pocas palabras, si nosotros, con el turismo como única alternativa económica viable, no sabemos valorar la importancia de algunas cosas que tenemos, mal las podremos vender.

Comentarios:
  1. Un adoptado dice:

    Su conclusión no podría ser más certera ‘si no sabemos valorar la importancia de las cosas que tenemos, mal lo podremos vender».
    Que poco está explotado el Camin de La Mesa, en muchos casos por deficiente conservación. Y esto es extrapolable a gran parte de Asturias. Quizá de Asturias sólo se salve Muniellos.

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Diario digital del Camín Real de la Mesa