Por Lucía S. NAVEROS
Si quiere usted un consejo, nunca se meta con un celiaco. Si tiene la tentación de hablar a la ligera de los intolerantes al gluten, acuérdese del viacrucis de José Ramón González, portavoz del PP de Grado al que en mala hora se le ocurrió criticar en este diario la idea de arrojar caramelos sin gluten durante la Cabalgata. Tres meses más tarde, y tras ser paseado como un monstruo por páginas web dedicadas a las intolerancias alimentarias de todo el país, aquellos caramelos le siguen golpeando en los Plenos. Se ve obligado a aclarar que él no ha llamado tiquismiquis a un celiaco en la vida. Que él está dispuesto a llamar tiquismiquis a Trabanco y a los suyos, pero nunca a un celiaco, a los que respeta un montón. Una, que tuvo la mala fortuna de compartir aquellas declaraciones con José Ramón, ya que fue la plumilla que tuvo el honor de inmortalizarlas, quisiera salir a defenderlo: no llamó tiquismiquis a los celiacos, se refería el hombre al conjunto de la Cabalgata, que prohibía la presencia de animales, y que hasta llegaba (en aquel momento parecía una buena idea decirlo) a arrojar caramelos sin gluten. Proponía que se les dieran a las familias con niños celiacos, que preveía escasas en Grado. Pero nunca se sabe, y a las pruebas me remito: aquellas resbaladizas declaraciones han acabado por convertir a Grado en Glutengrado, una villa que siempre, siempre, tendrá presentes las necesidades y las prioridades de este colectivo, que está harto de ser ignorado y pagar sobrecostes por la cesta de la compra, y no acepta ni una sola tomadura de pelo más.
Para expiar esa pena, José Ramón González dio la cara y llevó ayer al Pleno una moción en favor de los celiacos (y los intolerantes a la lactosa, a modo de convidados de piedra). IU, que a defensor de celiacos no le gana nadie, presentó a su vez otra, inspirada en un texto de Celiacos en Acción, que igualaba y subía la apuesta de José Ramón, hasta el extremo de crear un sello municipal, propio de Grado, para señalar a los alimentos producidos en la villa y que no lleven gluten. Un censo de celiacos, ayudas para las familias con menos recursos que tengan entre sus filas a intolerantes al gluten, jornadas hosteleras con menús carentes de este nocivo componente, campañas en escuelas y centros de salud, Grado se ha convertido en la punta de lanza de la defensa de los afectados por esta afección nutricional, ya que ayer, y en la tónica recién inaugurada de pactar y consensuar que se ha instalado en Glutengrado, finalmente fueron dos, a falta de una, las mociones aprobadas en favor de este colectivo, tras casi dos horas de desconcertante debate. Quedó en solitario el PSOE, con su portavoz, Alfredo Varela, acusando a los demás de conversos (comparó a José Ramón con Saulo de Tarso, ni más ni menos) y confrontando con Marta Pravia (IU), a la que le queda por delante un largo y proceloso camino para arrancar el gluten de la vida moscona.
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