Publicado el: 31 Mar 2017

Francisco García: » Me parece admirable que vuelvan las procesiones»

El catedrático de Química de la Universidad de Oviedo fue el pregonero esta tarde de la Semana Santa de Grado

La Voz del Cubia / Grado

El catedrático de Química Inorgánica de la Universidad de Oviedo, Francisco García Alonso pregonó hoy a Semana Santa de Grado 2017, expresando su admiración “porque vuelvan las procesiones”. El acto tuvo lugar en la capilla de los Dolores. García considera que “en nuestro tiempo sigue teniendo sentido salir en procesión. En primer lugar, porque las cofradías y hermandades que están detrás de la procesiones son muy necesarias. La fe no se puede vivir aisladamente, sino en grupo. Es verdad que la parroquia ya es una comunidad, pero el grupo pequeño arropa más y, en ocasiones, es insustituible. De otro lado, la labor de evangelización es urgente porque la sociedad en que vivimos cuestiona el núcleo de la fe cristiana”.

Cofrades

El investigador explicó que su vinculación a Grado era, hasta ahora, “tenue pero no desdeñable. Mi primera referencia personal a esta villa viene del que fuera coadjutor de la Iglesia de san Francisco de Asís de Oviedo, el sacerdote don Ángel María Fernández, con quien me une una buena amistad.  Fue diácono en esta parroquia y ordenado aquí por Monseñor Gabino Díaz Merchán en 1972. Después, alguna vez he venido con mi mujer y hemos dado una vuelta por el mercado. Finalmente está mi cercanía a la familia de Beatriz Díaz, compañera de la Universidad de Oviedo, con la que emprendí la tarea de formar una asociación de Profesores Universitarios cuya misión es apoyar la doctrina de la Iglesia desde la vertiente académica. Una de sus hijas estuvo conmigo en Post-confirmación. También tuve más de una conversación con su hijo sacerdote sobre la iglesia y sobre los jóvenes.”

A su juicio las procesiones son, “en primer lugar, una manifestación externa de la fe de los que las organizan y participan en ella. Una manifestación pacífica y respetuosa, en la que se propone  la contemplación de unas imágenes de gran belleza plástica, que remiten a unos hechos acaecidos hace dos mil años en una provincia remota del imperio romano”.

El catedrático recordó que nunca fue fácil predicar el cristianismo. “Para los primeros cristianos que conocían perfectamente el horror de la cruz les resultaba prácticamente imposible hacer una imagen del Señor clavado en ese patíbulo. De hecho, las primeras representaciones de Jesucristo en las catacumbas son unas amables figuras del buen pastor.

García habló de los orígenes de las cofradías y hermandades, que se remontan al siglo XV. “Las componían laicos que se unían con dos fines, la de apoyarse mutuamente en momentos difíciles (como enfermedades y muertes) y la de experimentar la Pasión de Cristo. El deseo de vivir el dolor de Cristo explica, de un lado, que abunden los Crucificados y las Dolorosas y, de otro, la existencia de penitentes, que se autoflagelaban”.

Además, añadió, las procesiones cumplían otra función, “la de ser catequesis vivientes que todo el mundo podía entender y sentir. De esta manera, se fueron introduciendo escenas más complejas: Jesús ante Pilatos, la coronación de espinas, la flagelación etc.”

El pregonero hizo una encendida defensa de la familia: “violentar la ley moral, inscrita por Dios en el corazón del hombre, no solo es pecado que afrenta a Dios, sino que es también un atentado contra el ser humano. El pecado no sólo es malo por ser rebeldía contra Dios, sino que, además, destruye al hombre. Y es fácil comprobarlo. Todos los esfuerzos para deshacer a la familia nos están llevando al suicidio demográfico. No tenemos niños.”

Además considera que los cristianos, “cuando sacamos a pasear por nuestras calles a Cristo en la cruz, anunciamos que nuestros pecados, personales y colectivos, son la causa última de la muerte del Salvador”.

Por eso para este químico la Semana Santa “nos enfrenta a nuestra fe y, con el paso del tiempo, al acercarnos a la vejez y a la muerte es fuente de consuelo, porque da sentido a nuestra vida,  da valor a nuestro dolor y abre un horizonte de esperanza ante la incertidumbre de la muerte”.

 

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