Publicado el: 20 Jun 2017

El tesoro de Boinás

Un viaje a las entrañas de las montañas de Belmonte para conocer cómo se obtiene el oro asturiano

Un lingote de oro, plata y cobre

Fernando Romero / Belmonte de Miranda

Las montañas de Boinás (Belmonte de Miranda) guardan muy bien un tesoro ansiado por el hombre desde tiempo inmemorial: el oro. En mitad de un valle se encuentra la mina de Orovalle, que en 2016 produjo 44.682 onzas de oro. Parece una bicoca pero no es así. Obtener un gramo de oro supone mover dos toneladas de mineral. Todo un proceso macroindustrial, con maquinaria y tecnología punta, con una plantilla de medio millar de personas que, después de una larga jornada, culmina en un pequeño taller, casi artesano en donde, si hay suerte sale un bullón (lingote) de 4 o 5 kilos, en el que está mezclado oro, plata y cobre y que se envía Suiza porque en España no existe ninguna industria que pueda realizar el proceso de separación. Ana Alonso Flórez, de Belmonte, es una de las operarias de este taller. Lleva trabajando en la empresa 20 años.

Bajo la montaña
LA VOZ DEL TRUBIA bajó a las entrañas de la montaña en donde se esconde el preciado mineral. Previamente recibimos un mini cursillo de emergencias y salvamento y se nos facilitó ropa y equipo adecuado. Nos acompaña Gabriel Cobos, director legal de la corporación en Asturias y Áurea Blanca, responsable de comunicación.
Subidos en un 4×4 conducido por José Luis Conde, jefe de operaciones de la mina, descenderemos 340 metros.
Nos adentramos en una red de túneles que va descendiendo desde una cota de 500 metros hasta muy cerca del nivel cero. En total unos cinco kilómetros aproximadamente de recorrido. Es como una gran glorieta subterránea. El interior de la montaña es umbrío y húmedo, pero los distintos vehículos que trabajan establecden un código perfecto para que el tráfico sea fluido. Son 24 horas en tres turnos en una actividad frenética en busca del gramo de oro. En 24 horas se hace el desarrollo de cuatro metros de galería. Se trabaja todos los días y noches, con una parada en Santa Bárbara y en Nochebuena y Navidad.
En Orovalle trabajan del orden de 447 empleados y empleadas directamente y 150 empleos más a través de contratistas. Entrar en esta empresa requiere un proceso de formación “duro”, aunque ingresan tanto aspirantes con experiencia como sin ella. Muchos empleados, muchos relevos pero un solo método de trabajo para todos. De pronto nos cruzamos con un camión Volvo de 25 toneladas para transporte de mineral. No hay problema. Los recovecos a lo largo de toda la galería nos permiten echarnos a un lado.

Los trabajadores de las minas de Boinás y Carlés que son de la comarca apenas llegan al 20% y las mujeres contratadas son el 12% en diversas áreas


Todos los mineros tienen un papel que realizar y un plan perfectamente trazado en los estudios de planificación, explica José Luis Conde .
Llegamos al nivel 100. No está en producción porque se destina a talleres en interior de mina, lo que ahorra muchos costes.
Pronto nos topamos en uno de los talleres con un jumbo de perforación para avance de galerías que está en mantenimiento. El escenario es propio de la minería del siglo XXI, muy diferente de la clásica que estamos acostumbrados a ver los asturianos.
En otra galería observamos una máquina para perforación de cámaras, una de las últimas inversiones que hizo la compañía, el M6. Perfora cámaras de producción de mineral y pozos verticales y es una de las mejores máquinas que hay en el mercado, con un sistema teledirigido sin operario. “Es la joya de la corona”, bromea Conde.
De pronto, escuchamos un ruido estruendoso que nos obliga a poner los protectores auditivos y las lámparas mineras al salir del coche. Estamos frente a un jumbo trabajando con un navegador por ordenador. El equipo les indica a los operarios dónde tienen que hacer los agujeros. Se trata de un jumbo prototipo que está en fase de prueba y del que nos indican que no se pueden hacer fotos. Máximo secreto industrial.
Caminamos sorteando charcos de agua para acercarnos al equipo, en plena extracción. El ambiente es caluroso y húmedo. El termómetro se eleva a 24 grados.

Hoy, con una máquina de 800.000 euros, manejada por ordenador y control remoto se realiza la extracción. La minería no tiene nada que ver con la de hace 30 años


Los antiguos entibados con madera han sido sustituidos por unas mallas galvanizadas australianas, de máxima seguridad. Hablamos con los dos operarios. Alejandro Barrera, dirige la maniobra. “Es pieza clave en Orovalle para formar al resto de trabajadores”, explica Conde. Son vecinos de Cangas del Narcea y dicen que no tienen tiempo para aburrirse en este fondo solitario de la galería. Abren cuatro metros de longitud para llegar a la masa de mineral. Luego cargarán el explosivo y avanzarán. En ese momento todo el mundo saldrá al exterior. Luego llegarán las palas a desescombrar y una máquina colocará el sostenimiento con malla. Solo cuando las condiciones sean seguras volverán a entrar. Barrera y su compañero son dos buscadores de oro del siglo XXI, aunque con ordenador. Su trabajo no es sencillo aunque “era más complicado en los años 80 barrenar a mano y coger un martillo y andar cuatro kilómetros para llegar a un frente. Hoy con una máquina de 800.000 euros y un coche no hay barreras. El mundo de la minería no tiene ya nada que ver”, explica convencido José Luis.

Ese día había cuatro perforadoras trabajando en el pozo, todas ellas conectadas a la corriente eléctrica de 400 vatios.
Al regreso vemos en un lateral un refugio herméticamente cerrado y con autonomía para situaciones de emergencia.
Nos dirigimos a una cámara de mineral. De algunas, las mejores, se extraen hasta 20.000 toneladas. El mineral, tras la explosión, va cayendo al nivel de abajo, en donde se recoge. Las palas trabajan con control remoto y mando a distancia para extraer el mineral de la cámara. “Como un niño con un coche teledirigido”, bromea Conde.
En el momento de la visita nos informan de la existencia de dos cámaras en producción y otras dos preparadas.
Nos dirigimos al exterior. Finalmente, un suspiro y un alivio: la luz se ve al final del túnel, tras un viaje nada recomendable para los que sufran de claustrofobia.
Una vez fuera visitamos el castillete, el Pozo Roberto, ubicado en la antigua corte de la mina. Se trata del la instalación más nueva de España, ya que es de 2012 y es por donde se extrae el mineral.

Empleados de la comarca
Los empleados de las minas de Boinás y Carlés (Salas) tienen una media de edad de 37 años. 95 son de la comarca, apenas una cuarta parte. 69 son de Belmonte, 26 de Salas. De los concejos vecinos hay 59 de Cangas del Narcea y 36 de Tineo. El resto (290 trabajadores) son de Oviedo, Gijón y Avilés y otras zonas.
La mayoría son hombres, aunque hay 55 mujeres también en plantilla en diversas ocupaciones. De 2016 a 2017 Orovalle pasó a tener una plantilla de 366 empleados a 447, habiendo crecido en 81 plazas, según datos facilitados por la empresa.

Comentarios:
  1. Jorge dice:

    Oooooy que noticia mas bucólica y bonita como mola cuando destrozan dos valles enteros donde antes pastaba el ganao,zona de paso del oso etc etc ahora una de las zonas es un agujero y la otro una escombrera ah por no contar la balsa que se construyó donde hay residuos altamente contaminantes como el cianuro y todo esto para que para meter a cuatro gatos de la zona a trabajar y ojo no reviente un dia la balsa llena de cianuro y acabe en el narcea

  2. Jose dice:

    Poco sabes tu de boinas.
    ….protestas gratuitas…..si esta empresa se calcula k da trabajo entre fijos contrata ,subcontrata e indirectos a unas 2000 personas …..piensa de otra manera imaginate a 2000 personas como tu durante 20 años la basura k generais el dia a dia y no solo la k se ve ….pon el combustible k kmas la energia con la k t calientas …..piensa d donde procede todo lo k utilizas y luego t daras cuenta k eres y somos un peligro…..cualquier persona o empresa es un peligro ….hablar de la balsa de boinas…..ni k la hiciesen con papel de fumar y no le hiciesen un mantenimiento y una vigilancia diaria…..hablas gratuitamente

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