Publicado el: 23 Jun 2017

A propósito de la plurinacionalidad de España

Por Fernando ROMERO

En diciembre de 2015 publiqué en esta misma tribuna, recién echado a andar este diario, un artículo que titulé «Nos, que somos como vos… (Cataluña y las Españas)». La convocatoria de un referéndum en Cataluña y las propuestas de plurinacionalidad alentadas por el PSOE de Pedro Sánchez y también por Podemos me animan a volver a publicarlo, porque creo que ha recobrado una rabiosa actualidad. Aplaudo el concepto de plurinacionalidad, porque es el más acorde con la esencia del concepto de España, forjado por nuestra historia. España siempre fue plural y la herencia del centralismo es relativamente moderna e introducida por los franceses a través de los borbones. La derecha española, que tanto apela a los valores patrios y a la grandeza de España, debería estudiar un poco más la historia de España. La mayor grandeza de España en todos los aspectos se consiguió cuando Castilla tenía en cuenta los fueros, los derechos históricos y oía a los «otros reinos» peninsulares antes de tomar una decisión de calado. 

 

Si no estuviera tan manida la fórmula, me hubiera gustado titular este artículo “No es España, son las Españas, estúpidos” para hablar del problema endémico de los separatismos, independentismos, segregaciones, cantones y demás esfuerzos periféricos por romper con el centro.
Este es un problema o, mejor, un asunto de Estado que requiere, para su comprensión, saber de nuestra Historia. Sólo desde el conocimiento de la complejidad de la gestación de la idea de España o, mejor, las Españas, podrá buscarse una solución estructural y no un parche, que es lo que se ha venido haciendo en los últimos 400 años. Sin embargo, ya ven que nuestros gobernantes presentes y pasados han querido eliminar del currículo educativo la asignatura de Historia. Así nos va.
Decía en 1619 el pensador Sancho de Moncada sobre nuestras Españas “que son repúblicas de reinos muy diferentes en cualidades”, en un esfuerzo agotador de la intelectualidad de la época por frenar lo que ya se atisbaba como una suicida estrategia del Estado: el centralismo y la imposición de Castilla sobre los otros reinos. El conde-duque de Olivares, tan buen gestor en otros asuntos, en este de las relaciones con los otros reinos inauguró un periodo nefasto que los Borbones agravarían aún más y que llegará hasta nuestros días. El gran error fue olvidar el legendario juramento que los reyes castellanos tomaban a las cortes aragonesas: “Nos, que somos como vos y juntos más que vos, os hacemos principal entre los iguales, con tal que guardéis nuestros Fueros y Libertades, y si no, no”.
España nunca existió. Siempre fueron las Españas, la unión de reinos, ya desde la Edad Media, lo que en términos modernos podría considerarse, sin que nadie se espante, una república federal.
Sin tener esto en cuenta nunca habrá solución para el problema de Cataluña. Respeto, diplomacia, trato de igual a igual, diversidad “y si no, no”.
Todo ello sin olvidar que el problema actual de los catalanes no es la necesidad de irse de Las Españas sino encontrar un trabajo estable, llegar a fin de mes, tener una vivienda donde cobijarse y hacer tres comidas al día. Porque, no lo olvidemos, el nacionalismo catalán de origen burgués, siempre se atrajo los apoyos del pueblo para defender sus intereses de clase apelando a lo emocional, al terruño, a la lengua y a la bandera (un simple trapo) para, de paso, hacer olvidar los problemas sociales y la corrupción política, la verdadera preocupación de los catalanes.

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