Publicado el: 07 Jul 2017

San Fermín, Hemingway y la controversia

Plácido RODRÍGUEZ

Llega el 7 de julio. Cada vez existe más controversia con el mundo de los toros. Creo que si nunca fui a los Sanfermines fue por miedo.
Al empezar la adolescencia se hacen muchas tonterías. Una vez quise envalentonarme con un carnero que tenía por costumbre arrear testarazos a todo tipo de objeto o ser que lo provocase, en especial a quienes intentaron iniciarse a su costa en el toreo amateur. Solía inclinar la cabeza y relamerse con fruición antes de emprender la embestida. A falta de cuernos tenía la frente consolidada en un gran callo y gozaba de muy mala leche. No conseguí darle ni una media verónica antes de que me tirase al suelo, y terminé mis ensayos de tauromaquia a los pocos segundos de tomar la alternativa. Craso error, el de Restituto, que así se llamaba el bicho. A partir de ese día dediqué tiempo, recursos y algo de inteligencia para soliviantar a aquel testarudo de testa dura, hasta provocarle un odio enfermizo hacia mí, algo que acabó degenerando en misantropía generalizada por la frustración de no poder volver a embestirme nunca más. Un tiempo después sentí remordimientos, cuando le condenaron, por mi culpa, al ostracismo, en una finca lo más alejada posible de la presencia humana. En Sanfermines se suele beber mucho y los toros corren sueltos por la calle, dos cuestiones que, en simultaneidad, deberían de incitar a la reflexión. Al imaginar a Restituto con quinientos kilos de sobrepeso y unos cuernos largos y afilados se me ponían los pelos de punta. Estaba convencido de que, si iba a Pamplona, aplicaría el dicho de «allí donde fueres haz lo que vieres», es decir, beber y correr el encierro; tenía todas las papeletas para terminar beodo y empitonado.
¿Tradición, maltrato, arte, barbarie, cultura, atraso, perversión…? ¿Cuánto hay de humano en la fiesta y hasta dónde podemos permitirnos ciertos aspectos del comportamiento humano? Tiempo atrás permitimos la esclavitud y el genocidio. ¿Si a día de hoy aún cerramos los ojos ante ejemplos claros de ese tipo de conductas, estamos legitimados para rebelarnos ante una corrida de toros? Cada uno deberá hacerse las preguntas adecuadas, y así tal vez podrá encontrar las respuestas. Yo, a pesar de las perrerías que le hice a Restituto, no lo hubiese lanceado ni le clavaría hierros hasta reventarlo por dentro.
Supongo que un asiduo a la fiesta como Hemingway podría haber escrito alguna versión futurista del tema “…Y llegará un día en el que los robots se hagan gladiadores, y sustituyan en la arena a toreros y a toros, y se destrozarán sin piedad, reventando sus armazones metálicos y sus mentes cibernéticas para dar gozo a los espectadores con piel y cerebros humanos. Y ya no se volverá a hablar del maltrato animal…” Supongo que entonces la controversia giraría en torno a la mortificación de los autómatas.

Comentarios:
  1. TxumaAbarzuza dice:

    Sr placido usted no ha estado en.pkamplona y no puede opinar de lo que no sabe San Fermin es mad que toros y alcohol es algo que hay que estar para sentir usted escribe en escatedra sin saber soy de Pamplona y me sienti ofendido por su rscrito cuando usted lo vea por sus ojos coja la pluma

  2. telemaco dice:

    Chuma ,moderación hijo mio moderacion

  3. Plácido Rodríguez Fernández dice:

    Al parecer una persona de Pamplona se sintió ofendida por el escrito. No estuve en Sanfermines, pero conozco la ciudad y me identifico en gran parte con su gente. No era mi intención ofenderles, sino plantear, precisamente, un punto de vista externo, por eso digo lo de los toros y el alcohol, que pueda hacer reflexionar sobre el tema en general y que no me cabe duda tiene una gran controversia.
    En cualquier caso le presento mis disculpas si se siente ofendido como pamplonés.

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