Publicado el: 30 Ago 2017

Alevines en disputa

Por José María RUILÓPEZ
[Desde mi antojana]

 

Los ríos de los valles del Trubia han sido repoblados con alevines de trucha. Voy a ir al grano directamente. ¿En qué beneficia al particular esta repoblación? Las truchas de río sólo las pueden pescar las personas que disponen de licencia para ello. No las pueden vender a quienes quieren comer truchas frescas criadas en la libertad del río y alimentadas de modo natural. Si un vecino quiere comer truchas tiene que comprarlas en una pescadería, criada en el encierro de una piscifactoría, cuyas condiciones sanitarias no tienen nada que ver con las del río, ni el sabor es comparable ni la presencia. Lo que, según sé, provoca la venta clandestina y el negocio oculto ante esta especie de desatino legislativo.
La gente está condenado a comer trucha enjaulada, salvo que se convierta en pescador legal. Hay ayuntamientos que dan subvenciones para la repoblación de sus ríos, y cuyos beneficiados no son los contribuyentes, sino los pescadores. Quiere esto decir, que las aguas de los ríos municipales, que podríamos decir que son de todos, se usan como criadero de truchas para que únicamente los aficionados las pesquen y las coman.
Se quejan, no obstante, los pescadores, del abandono de los ríos por la Confederación, como ya se denunció aquí el mes pasado, con la proliferación de aves acuáticas, como el cormorán, o las aves zancudas, como la garcilla, con su pausado caminar por las riberas, y que, a mi entender, ya que yo no puedo comer las truchas, prefiero que las coman las aves.
El cauce de los ríos son una penumbra bajo la que las truchas navegan y crecen. Por lo que me han dicho en Mestas del Narcea, promotora de esta repoblación, las condiciones actuales de los ríos no son las ideales para la práctica deportiva, ya que presentan una maraña casi inexpugnable para acceder a sus riberas, moverse por ellas y privadas de los rayos de sol.
Los alevines, ahora de 8 cm., son una esperanza gastronómica para algunos privilegiados, que se dedican a este deporte, y que dentro de poco más de un año podrán ser truchas adultas para disfrute de los deportistas, envidia de los paseantes y sorpresa de los cormoranes y garzas.

Comentarios:
  1. Felipe P. Melero. Peñam. Alta dice:

    Al particular, esas repoblaciones no le benefician en nada. Cierto. ¡Pero es que tampoco beneficia a truchas!
    Dice David Álvarez, doctor en Biología y experto en salmónidos: “En el caso de las repoblaciones, varios años de investigación y una ingente cantidad de datos han confirmado que no solo son ineficaces, ya que las tasas de retorno de los peces repoblados son muy inferiores a las de los peces nacidos en el río, sino que lo que es más grave es que añaden un nuevo problema a la lista, ya que erosionan la diversidad genética de la población…”
    Y, J.L. Hórreo, J. De La Hoz, G. Machado-Schiaffino, I.G. Pola, E. Garcia-Vázquez, en “Restoration and enhancement of Atlantic salmon populations: what we have learned from North Iberian rivers.”
    “…Por último, nuestro estudio sugiere que la cría debería ser abandonada como método de restauración, pues comporta amenazas a la variabilidad natural de los salmones atlánticos y también de la trucha fario simpátrica.”
    En cuanto a la venta de las truchas de río, se queja el autor del artículo de que no puedan ser vendidas, de que se hace de forma clandestina y de que es un desatino legislativo. Pues bien, tanto la trucha como el salmón se encuentran en recesión en toda la península ibérica, y este es un dato irrefutable. ¿Puede imaginarse qué pasaría si se permitiera su comercialización?

  2. Felipe Pérez Melero. Peñam. Alta dice:

    Al particular, esas repoblaciones no le benefician en nada. Cierto. ¡Pero es que tampoco benefician a truchas! Y emplear dinero público, para tener contento a un determinado colectivo, tampoco dice mucho en favor de los políticos que nos representan.
    En cuanto a las repoblaciones, existen decenas de trabajos de investigación publicados en revistas científicas que alertan de los problemas que conllevan estas prácticas. Entre otros, que los peces criados en cautividad no estuvieron sometidos a los procesos de selección natural; que la introducción de peces de criadero disminuye la variabilidad genética de las poblaciones; que la probabilidad de introducir enfermedades es un riesgo bastante frecuente; que la incorporación a un río de peces domesticados es un estímulo para que aumenten sus depredadores…
    Se queja el autor del artículo de que las truchas de río no puedan ser vendidas, de que se hace de forma clandestina y de que es un desatino legislativo. Pues bien, tanto la trucha como el salmón se encuentran en recesión en toda la península ibérica, y este es un dato irrefutable. ¿Puede imaginarse qué pasaría si se permitiera su comercialización?

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