Publicado el: 21 Oct 2017

Senda del Oso: el olvido de la memoria

La ruta fue concebida como un recurso turístico dando la espalda a su historia minera

Senda del oso / Foto Huerta

Por Toño HUERTA

Miles de turistas visitan cada año los Valles del Trubia para disfrutar de sus paisajes, su gastronomía o recursos turísticos de nuevo cuño como el Parque de la Prehistoria. Pero sin duda el principal elemento de atracción es la Senda del Oso, nombre fruto de una campaña de marketing turístico que, sin embargo, poco tiene que ver con la memoria de estas tierras.
Hagamos un repaso de cómo se gestó este producto netamente turístico. Corría el año 1989 cuando la Mancomunidad de los concejos de Teverga, Quirós, Proaza y Santo Adriano, junto con la Dirección Regional de Juventud del Principado de Asturias encargaron un proyecto denominado “Plan de Animación Turística y Ocupación Juvenil. Recuperación de la Plataforma del Ferrocarril Minero Trubia- Proaza- Quirós- Teverga”, firmado por el técnico Víctor Guerra. Las obras de la denominada “Senda Verde de los Valles del Trubia” comenzarían en 1991, inaugurándose en 1995 el primer tramo entre La Esgarrada (Tuñón) y Proaza; por motivos políticos que darían para otro artículo, Trubia se quedaba fuera del proyecto, a pesar de ser la población que justificaba la construcción del viejo ferrocarril minero. Al año siguiente se abre el tramo entre Proaza y Entrago y en 1999 entre Caranga (más concretamente Perihuela) y Valdemurio, con la posterior continuación hasta Santa Marina. Sería en 2011 cuando el trazado se ampliase hasta Cueva Huerta en Teverga y Ricabo en Quirós, sin ningún criterio histórico que justificase dicha obra basada en el trazado del viejo ferrocarril.
Como recurso turístico funciona, pero se ha quedado sin esencia. Durante más de 80 de años esta senda fue el trazado de un ferrocarril minero que comunicó territorios, sirvió de intercambios económicos, empresariales y sociales, fue un eje de comunicación en su más amplio sentido, parte esencial de nuestra identidad.

El ejemplo de Samuño
Bien por desconocimiento de los técnicos o simplemente porque no interesa la memoria ferroviaria ni industrial de esta tierra, el caso es que en todo su recorrido no hay una sola referencia al viejo ferrocarril que le ha dado vida. Se han abandonado los vestigios que han sobrevivido (viejas estaciones, apartaderos, obras de fábrica, etc.) y nadie se ha molestado en instalar algún panel que explique su historia, la historia de una industria minera con un rico patrimonio social y material ligado a la misma que durante más de un siglo ha protagonizado la vida de este territorio. De las miles de personas que visitan la Senda del Oso, ¿cuántas conocen su historia? Un ejemplo de lo que podría haber sido lo tenemos muy cerca, en Samuño, donde el viejo ferrocarril minero sigue siendo su principal atractivo. Visitar un sitio sin conocer su historia es llegar a un no lugar, a un yermo sin identidad.
Desde hace años la senda simplemente funciona como un parque de atracciones sin contenidos. Incluso su nombre nos recuerda a estos complejos de ocio, como si en cada curva que daba el viejo ferrocarril se encontrase un oso. El nombre de Senda del Oso se adaptó en 1996 cuando, con la excusa del conservacionismo a expensas de Paca y Tola, se instaló en el monte Fernanchín un cercado osero, para deleite de los visitantes que se conforman con hacerse la foto ante la falta de otros alicientes vinculados al desarrollo sostenible. Administraciones y empresarios turísticos solo tienen en cuenta la rentabilidad económica, cuantos más turistas más dinero, pero la rentabilidad social es esencial. La gran cantidad de gente que atrae la Senda del Oso debería revertir en todo el territorio, no solo en los cuatro puntos de concentración masificados en la época estival. La sostenibilidad empieza por la igualdad en los territorios, y para ello hay que ofrecer alternativas al visitante para que puedan visitar los pueblos de los Valles del Trubia, sus rutas y patrimonio, que la Senda del Oso sea la excusa para venir y, a partir de ella, interpretar el territorio y conocer su historia. Probablemente, si se le da la oportunidad, el visitante valore más el poder conocer e interpretar el patrimonio que ver como en cada cruce y puente los diversos establecimientos turísticos instalan su propia señalización sin criterio alguno, con el beneplácito de las administraciones. Como dice la profesora de Historia del Arte Carmen Adams, se está disneylandizando el territorio, un simple escenario donde lo importante es consumir.

La rentabilidad social pasa por cuidar el territorio, el paisaje, su patrimonio y las comunidades que habitan en él.
El modelo actual es insostenible a todas luces; un tercio del empleo de la comarca depende del comercio, la hostelería y el turismo, pero no hay que olvidar que otro tercio sigue viviendo de la ganadería (datos del Sadei, año 2014). El camino a seguir debería ser conjugar ambas actividades y hacer, por ejemplo, que una parte de los beneficios del turismo se reinviertan en mejoras para las poblaciones locales y los ganaderos pues, mientras unas empresas hacen negocio utilizando caminos públicos, los ganaderos tiene que luchar por tener accesos dignos a sus pastos y brañas.
Ahora que está tan de moda este término, no me acusen de “turismofóbico”, al contrario. Bienvenidos los visitantes a nuestros Valles del Trubia, pero démosles la oportunidad de conocer nuestra historia y de interpretar nuestro territorio. El viejo ferrocarril no debe olvidarse, la locomotora sigue estando ahí, tan sólo hay que descubrirla.

Comentarios:
  1. Victor Guerra dice:

    Realmente el proyecto de la llamada Senda del Oso, no nació como tal, sino como Proyecto de recuperación de la Plataforma ferroviaria de los Valles del Trubia. EL que no exista una rememoración de los temas ferroviarios se debe a dos cuestiones, el proyecto que era la recuperación primera de una vieja plataforma muy olvidada por todos, y luego un trabajo de DInamización sobre la Senda que nuca se llevó adelante, amén de que la deriva conceptual hacia el Oso, con la aparición de Paca y Tola, hizo pasara un segundo plano el tema ferroviario. Por otro lado en aquellos primeros tiempos acceder a las fuente documentales de los temas ferroviarios, y más graficas no era fácil, si que se hizo una reconstrucción histórica del nacimiento de la plataforma ferroviaria de los Valles del Trubia, pero ha quedado poco menos que en el olvido. Pero el esfuerzo que se hizo fue importante, en un momento dado, con Amador Robles a través del consulting Sestur, se levó a cabo un anteproyecto de recuperación física de l ferrocarril del Trubia, para colocar en el ramal de Bárcena-hasta el Embalse de Valdemurio. Se buscaron viales, maquinaria y vagones del mismo tipo por toda España, para poner en marcha ese tramo, que era un proyecto o una idea del Ayuntamiento de Quirós, pero que no fue más llá de la plasmación de la propuesta en un papel, y la busqueda de materiales. Realmnete este tema sería interesante para desarrollar una charla en torno a la Memoria de la Utopia, que significó la puesta en marcha de la plataforma de ferrocarril del Valle del Trubia para usos turisticos deportivos

    Un saludo y gracias a Toño Huerta por recuperar este proyecto con ese recuerdo.

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