Publicado el: 14 Nov 2017

Un bastón ¿de Trubia? ¿de mando?

Por Carlos Urdambidelus Aza

Desde hace unos meses ando dándole vueltas a mi bastón, uno de palo negro entre los que tengo. He de confesar que no necesito bastón, ni tengo especial interés en necesitarlo, pero no sé porqué me gustan los bastones y por ello he reunido algunos, no muchos: los que había en casa, los que me regalaron y otros que yo compré. El que nos ocupa, de caña negra, es de los más frágiles y por ello siempre permanece oculto por los otros dentro de mi bastonero.

A éste bastón, que lleva en nuestro poder unos sesenta años, primero en casa de mis padres y ahora en la mía, nunca le había dado mayor importancia hasta que, la primavera pasada al despertar de una siesta tomada en una butaca enfrente del bastonero, reparé en él. Y recordé al mirarlo, que hace años mi madre Mª Luisa me contó que fue entregado a mi padre Carlos por su tía, mi tía abuela la hermana dominica Trinidad Urdambidelus.

La historia podría terminar aquí, sin más, si no fuera porque tía Trini, así llamábamos en familia a la hermana Trinidad, se lo dio a mi padre recordando que había sido un regalo de agradecimiento, recibido de manos de un Coronel-Director de la Fábrica de Trubia, y el agradecimiento, me contó también mi madre, fue porque bajo su responsabilidad  estuvieron refugiados quinientas personas, él era una de ellas, en los sótanos del Colegio de las Dominicas de la calle Pérez de la Sala de Oviedo, en los tristes días de nuestra guerra civil.

El relato de aquellos días, que fueron tres meses, lo describe Amparo González Campo OP en su trabajo: Reseña histórica de la Provincia Santo Domingo de GuzmánAnunciata 1904-2004.

Bastón de mando con las iniciales

 

El bastón es esbelto, tiene un pomo de oro troncocónico, que llegó a estar gastado por el apoyo y un poco deteriorado por los bordes, tenía inscrito en la parte superior del pomo las iniciales de su propietario, su caña de 80 cm de longitud es de ébano y su cantonera es heptagonal de un tipo de metal no definido.

Es así que, hace como unos seis años, decidí pedirle a un amigo y vecino joyero,  que me arreglara el pomo desgastado. Lo hizo muy bien como podrán apreciar en las imágenes adjuntas, pero sustituyó las iniciales que estaban en lo alto del pomo, por una placa que colocó lateralmente en la caña del propio bastón. Aquí he de confesar mi indolencia, porque no tomé la precaución de pedir una reproducción fotográfica de ellas, antes de la reparación, ni yo mismo me ocupé de visualizarlas. Y ahora tenemos un problema, porque con las iniciales del grabado (R.P.F.), no se consigue identificar el bastón con el nombre de alguno de los Jefes, Directores-Coroneles de aquellos años en la Fábrica de Artillería de Trubia. Con ello no quiero descargar mi dejadez y achacarlo a una errata de transcripción. He vuelto recientemente a revisar con mi amigo el joyero las iniciales y se mantienen las de “R.P.F.”

Tras ellas, he iniciado un recorrido por los principales archivos, partiendo mi búsqueda por el Archivo Histórico de Asturias, desde donde me han informado que: No parece sencillo identificar esas iniciales, que no parecen, según nuestros datos, corresponder con las de Coroneles-Directores de la Fábrica de Trubia entre los años 1933-1937, y añaden que ningún investigador ha publicado la lista del personal de esa Fábrica, como sí se ha hecho para la Fábrica de Fusiles de Oviedo  y me aconsejan para mejor información, recurrir al Archivo Histórico Militar de Segovia. Previamente hice una consulta a Elena Nieto Torrejón, documentalista experta con trabajos sobre la fábrica de Trubia que, pese a su interés, no me pudo aclarar nada, porque precisamente en el año 2016 se habían trasladado los archivos de Trubia a Madrid. Me dirigí entonces al  archivo de Segovia, no era la primera vez que lo hacía, lo hice en otras ocasiones para otros asuntos y recibí como siempre una rápida y profesional respuesta, aunque tampoco me pudieron concretar nada porque estaban en fase de digitalización de los documentos de Trubia.

Consulté también con el Museo Naval, sin noticias hasta el momento. Con RIDEA, no era el sitio adecuado y mi última opción fue dirigirme a Amparo González Campo OP, autora del trabajo ya citado, con el ánimo de que si existiera alguna hermana dominica, testigo de los acontecimientos que relató mi tía-abuela, la Hna. Trinidad Urdambidelus, nos pudiera aclarar la identidad del personaje, pero los años han pasado y ya han fallecido aquellas que pudieran dar testimonio.

Vicente Navarro Sierra a quien también consulté, me informó que sobre los directores de Trubia disponía de los siguientes datos en su biblioteca:

1794-1808: Coronel Francisco Vallejo.

1808-1884: Trubia permanece cerrada durante 36 años.

1844-1863: Coronel Francisco Antonio de Elorza y Aguirre.

1864-1918: ¿?

1919: Coronel Luis Hernando.

1935-1939: Coronel José Franco Mussió.

1942: Coronel Ayuela.

A estos directores pude añadir alguno más que me proporcionó mi prima Margarita Álvarez Aza, que fue profesora del colegio de Santa Bárbara en la Bombilla de Trubia, al igual que lo fueron sus hermanas Mª Cruz, Mª Pilar y Marisol, y me facilitó otro listado.

 

Ni con un listado ni con el otro podemos decir quién fue el propietario del ya nuestro bastón.

Los llamados bastones de mando tienen tiene orígenes muy antiguos, ya existían en la prehistoria según los arqueólogos, los usaron los grandes generales de la Hélade clásica, jefes militares, civiles y religiosos, siempre como señal simbólica del poder.

En España datan de la época del rey Felipe IV en el año 1706 y en la Real Ordenanza del 30 de mayo de 1840 se establecen las normas de uso a las que deben ajustarse los  bastones de mando que habían de ser “de caña de Indias o madera rica, con puño de oro y cordón de hilillo del mismo metal, terminando en dos bellotas también de oro” para generales y “de cordoncillo y bellotas de seda negra” para los jefes de cuerpo y jefes de estado mayor, señalando también que existía una expresión jerárquica según la empuñadura: de oro para los coroneles, de plata para el teniente coronel, y en la Real Orden del 16 de diciembre de 1908 se dispuso que también lo llevarían los coroneles de la Guardia Civil y los del Tercio y primeros jefes de Comandancia.

Al pasar a lo concreto, es decir a mi bastón, e intentar averiguar algo de su condición, no me cabía la menor duda que con pomo de oro, y caña de madera noble, algo de mérito tendría que tener, por ello busqué información entre los expertos y reparé en las publicaciones de D. Vicente Navarro Serra a quien le expliqué  mis dudas mostrándole imágenes del bastón y que, tras visualizarlo, me contestó con suma diligencia: “Realmente es muy difícil descubrir el propietario de un objeto, sea bastón, sea espada de ceñir, cubertería o caja de rapé partiendo solamente de sus iniciales” y añade:

“Usaron (y usan) bastón de mando desde alcaldes hasta generales con mando en plaza, incluyendo presidentes de diputaciones y otros. El diseño y geometría de los bastones es bastante parecido en todos los casos, por lo que su morfología no suele dar pistas, aunque el pomo sea de oro y la contera de plata fina.

Las iniciales tampoco nos permiten trabajar y descubrir propietarios puesto que no indican uso militar o civil máxime cuando los bastones de alcalde (y otros que son regalo u obsequio) suelen llevarlas.

Solo ciertos detalles “indicativos de destino”, cuando aparecen, dan señales de quién pudo ser el propietario: emblemas militares, grabados ,escudos heráldicos, etc.

Observo, que en las imágenes que me envía no se ve, en la caña del bastón, el típico agujero para el paso del cordón y sus borlones, los cuales, también están ausentes.

No hubo un modelo “tipo” para militares, porque los reglamentos de uniformidad no especificaron de manera clara cómo podían o debían ser sus componentes. Esto propició (lo sigue haciendo) que los militares con derecho a empleo de bastón puedan usarlo con más o menos detalles, más o menos riqueza y más o menos precio.

Conclusión: el bastón que usted posee podría muy bien haber pertenecido a un coronel cuyas iniciales fueron R.P.F. sin que eso excluya la posibilidad de empleo por alguna autoridad civil con las  mismas iniciales.

Como es natural, agradezco con el mayor respeto a D. Vicente sus entendidas  observaciones y admito todas sus consideraciones sobre mi bastón.

Ahora repito como decíamos al titular de este artículo:

¿Un bastón de Trubia? ¿de mando? y aceptando todos los inconvenientes y las doctas opiniones, hago una abstracción mental y me remito al otro tipo de fuentes, en este caso aquellas que me transmitió mi madre porque lo había dicho tía Trini, para mí éstas de gran valor, y aún con las reservas oportunas, sigo creyendo que mi bastón era de Trubia, de un Coronel-Director y que por ello, algo de mando debía de tener.

 

 

 

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