Publicado el: 06 Ene 2018

Te echaré de menos Chema Lorenzo

Por Beatriz ÁLVAREZ

Conocí a Chema Lorenzo cuando yo tenía 26 años. Echando cuentas él acababa de cruzar la cincuentena, edad a la que me aproximo poco a poco. Me da vértigo pensar que ha pasado tanto tiempo y que ha cundido tan poco. Lo conocí de la mano de las hermanas del Amor De Dios de Oviedo, colegio al que Pumarín tanto le debe.
Venía a darle relevo a Don Manuel Fernández, Donma, el sacerdote que había puesto en marcha la parroquia de Pumarín de Oviedo.
Chema era un hombre de acción, joven y fuerte, innovador, de genio y capaz de dar un puñetazo en la mesa si era necesario que supuso una auténtica revolución en la parroquia: abrió puertas y ventanas, renovó el aire que con los años y la comodidad se había enrarecido e incorporó a mucha gente nueva a las distintas funciones y servicios de la parroquia en una clara apuesta por las personas. No tuvo dudas a la hora de tirar paredes y derribar muros y no lo digo solo en sentido literal.

 

De izquierda a derecha: Chema Lorenzo y Luis Higarza.

 

Era un sacerdote de los pies a la cabeza y era un paisano. No era extraño encontrártelo ante el sagrario o en los primeros bancos de la parroquia rezando, redactando la hoja parroquial o preparando con especial interés la misa de los niños los domingos a las 11.00. Es una paradoja que se haya ido hoy precisamente el día más señalado del año para ellos. Tampoco era raro encontrártelo por los chigres del barrio tomando café o una pinta vino y charlando con aquellos que se prodigaban por la parroquia y con los que no. Era cercano y acogedor, conciliador y dialogante.
Ahora mismo, rota por el dolor y la pérdida, porque los creyentes también sufrimos por la separación, solo quisiera tener tiempo para tomar todos los cafés que le prometí cuando la vida me llevó por otros mares y nunca tomamos, o un vino por el barrio alternando juntos con Eduardo o con Fredi, con mi padre o con todos aquellos a los que dio cercanía, ofreció acogida en su cruzada para renovar una comunidad como la de Pumarín en este tiempo que nos ha tocado vivir y en los que también el barrio mudó físicamente en un espacio diferente.
Ha sido un hermano mayor excepcional para muchos de nosotros. Me siento tan pequeña que no puedo parar de darle vueltas a la idea de que se ha ido sin despedirse. Me dicen que pactó con el Padre una salida rápida de escena. Me lo creo. Me dicen que estaba enfadado con la decisión de los médicos de darle una baja rigurosa que no le dejaba hacer prácticamente nada. Era puro genio y capacidad de trabajo, le habría matado la inactividad. Ha hecho mucho por Pumarín y por la colonia san José de Barro donde renovó instalaciones en una apuesta por facilitar las vacaciones en la playa de los niños de la parroquia.
Chema era quirosano, nacido en Rano (Quirós). Siempre que podía aprovechaba para recordar el tiempo que pasó por allí donde su madre Zulima enseñó a tantas mozas a coser entre ellas a mi tía Domitila. Era feliz cada vez que se asomaba a las montañas quirosanas de mi FB y así me lo decía.
Chema, quisiera poder contarte lo mucho que te quise y que te quiero, lo que me enseñaste de ser grande haciéndose pequeño en el servicio a los demás, pero solo tengo lágrimas y la sensación de que nos dejas muy solos. Te echaré mucho de menos. Mucho.

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