Publicado el: 07 Feb 2018

Amor y nieve

Por Luis GARCÍA DONATE

Como una nevada, fríos y silenciosos volvemos una vez más a la palestra damas y caballeros, con sumo gusto, todo hay que decirlo. El mayor regalo que se le puede hacer a un escritor es un público agradecido y yo, gracias a Dios, creo que lo tengo, solo queda pedir que me dure. Preámbulos a parte  metámonos de una vez en faena,  hay asuntos que tratar.

El mes de las fiebres, de ahí le viene su nombre, cae la nieve, los lobos se ponen nerviosos y la vida sigue siendo igual de placentera al calor de la lumbre. Si me permitís, salgámonos un poco del tiesto por una vez, os confesaré algo que poca gente sabe. Aquí donde me veis soy un romántico empedernido, por algo tengo esa vena de literato. Saco esto a relucir porque el catorce de este mes es San Valentín, patrón de los enamorados. Aunque muchos digan que es un invento de los comercios para colocarnos bombones a precio de oro, estás fechas siempre han tenido un componente “pasional”. En Roma, por ejemplo se celebraban las fiestas Lupercales, sacrificaban ganado bajo la higuera donde la loba encontró a Rómulo y Remo, los fundadores de la ciudad, celebraban un banquete y macaban con la sangre un circulo en las túnicas de las doncellas para atraer la fertilidad. Con la llegada del cristianismo, San Valentín, apedreado en Roma por no negar su amor eterno a Dios, fue nombrado patrón de esa fiesta, suprimiendo los rituales paganos. Más tarde, en la Inglaterra medieval,  el poeta Geoffrey Chaucer compuso un poema sobre el idilio de dos pájaros en San Valentín que se hizo tremendamente popular junto con la fiesta  hasta llegar a nuestros días, vilipendiada por unos, ignorada por otros y celebrada por unos cuantos.

Así que ya sabéis, puede que este mes haga frío, pero también nos enseña que nada calienta tanto el corazón como un abrazo dado con cariño. Disculpad el alarde de romanticismo, aunque bien mirado, os sirve para conocerme ¿ Acaso creíais que era una máquina de escribir sin sentimientos?

Ahora ya sabéis que no, al menos en parte. Nada atrae tanto como el misterio, por eso siempre llevo un poco conmigo. Espero que haya sido de vuestro agrado, me despido quedando como siempre, a vuestro servicio. Hasta más ver, señoras y señores.

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