Publicado el: 06 Abr 2018

Las Regueras rinde homenaje hoy a su médico, Salvador Cárcaba

Unas 200 personas asistirán a la cena de despedida, de un doctor que logró mantener una relación cercana con todos sus pacientes

Salvador Cárcaba

Esther Martínez/ Las Regueras
Las Regueras homenajea esta noche con una cena al que durante los últimos 28 años ha sido el médico del concejo, Salvador Cárcaba, que ha sabido conectar con sus pacientes. “Supongo, espero y deseo que mis pacientes me echen de menos, eso significa que algo he hecho bien, pero la ley de vida nos dice que pronto se acostumbraran al siguiente. Afortunadamente en esta vida nadie es imprescindible. Yo siempre llevaré a todos mis pacientes en mi recuerdo y en mi corazón”.
Así se expresaba en sus últimos días en activo Salvador Cárcaba, el médico de familia de Las Regueras de los últimos veintiocho años, al que casi todos los pacientes tuteaban y al que por primera vez se le había suprimido el “Don”; lo cual da muestra “del trato cercano, y de una relación en la que se entremezclan la amistad, el respeto mutuo, la fe y la confianza; hice a veces de confesor y psicólogo además de hablarles en un lenguaje sin demasiados tecnicismos de forma que asumieran su patología”, afirma el doctor Cárcaba, que obtuvo su licenciatura en la segunda promoción de la facultad de Medicina de Oviedo. “Tuve suerte de tener la facultad aquí, porque mi familia igual no podía permitirse mandarme fuera a estudiar”.
Fue siempre médico rural por vocación; en su primer destino en La Riera (Somiedo) y en el siguiente, ya con plaza en propiedad en Teverga, tras superar una oposición, sus herramientas de trabajo eran un fonendo, un aparato de la tensión, un bolígrafo y muchas recetas, aliñadas con intuición y sazonadas con sentido común. Con esos ingredientes y añadiendo un buscapersonas y un expendedor de números para dar la vez, llegó a Las Regueras en 1990.
“En estos últimos veintiocho años se lograron importantes avances en el sistema de salud y conseguimos tener en la consulta electrocardiógrafo, espirómetro, desfibrilador, caja de paradas, medicación de urgencia y oxigenoterapia, hasta llegar al actual equipamiento como en cualquier otro centro de salud de cualquier ciudad”.
Las patologías más frecuentes en el medio rural y agrícola que se encontró Cárcaba son degenerativas óseas; artrosis de columna, cadera y rodilla; hipertensión arterial, diabetes y la ansiedad y depresión, estas últimas relacionadas con el aislamiento social y personal en que viven, y las relacionadas con el “pulmón de granjero”, como es el E.P.O.C. (enfermedad pulmonar obstructiva crónica).
“La ventaja del médico de pueblo es que conoce a todos sus pacientes y para ellos es muy importante la continuidad del profesional, lo contrario conduce a la desorientación y frustración, lo que también se puede aplicar al paciente urbano”.
Los casi cien pacientes diarios y las 2.500 personas que dependían del consultorio de Santullano en los primeros años, en los que la Atención Primaria incluía la pediatría y la ginecología se redujeron hasta las poco más de 1500 actuales.
“En los primeros años, la atención la realizaba 24 horas al día todos los días del año; te podían llamar a cualquier hora de día y de noche y daba igual que no durmieses que al día siguiente tocaba volver al trabajo”.
El ordenador llegó al consultorio reguerano en 2002 y el primer logro del nuevo sistema de salud, fue conseguir que las extracciones para analíticas se realizasen en el mismo consultorio.
Ha visto cambiar el paisaje tanto la tipología de las viviendas como el perfil de las familias y de sus pacientes, “hoy son más modernos y la gente adquiere conocimientos a través de todos los medios y de las nuevas tecnologías”. También ha cambiado el tipo de paciente en cuanto a la creencia de que “si no toman muchos medicamentos no se curan. Aún hay gente polimedicada pero ahí esta la pericia del médico para convencerlos de que no es así, pero esto va cambiando poco a poco”. Tiene claro que “médico se es para siempre” y no dejará de actualizarse por medio de revistas, congresos y reuniones; “Es bueno seguir manteniendo la inquietud”.
Hay una larga lista de deberes, en esta nueva etapa, después de un periodo de adaptarse a la situación; “mucho cine por ver, países por conocer, lecturas de novela contemporánea pendientes, largas caminatas , arreglar el jardín y de fondo siempre la música”.
Dice que el pueblo le dio tranquilidad y sosiego, y que “Las Regueras es un lugar de longevos, hay un alto porcentaje que logran vivir hasta los noventa o incluso cien años”.
Sus pacientes se asombraban de que los conociese hasta el punto de que sin mirar al ordenador recordase de memoria sus tratamientos y su historia médica. En Las Regueras no se iba al consultorio, se iba “a casa del médico” y no se pedía hora para el doctor Cárcaba, se pedía cita para Salvador, que cuando estaba de vacaciones y era sustituido, muchos confiesan no haber tomado la medicación que les recetaba “el otro” porque “qué sabrá el nuevo”.
Salvador Cárcaba durante dos tercios de su vida laboral fue “el médico de Las Regueras” al que se trataba de tú a tú y que solía preguntar a sus pacientes cómo iba la hierba o la cosecha, a la vez que recetaba antibiótico para una semana. Estos días sus pacientes y amigos le tributarán un merecido homenaje de despedida.

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