Publicado el: 19 Abr 2018

Invernada en la Senda del Oso

Por José María RUILÓPEZ

Un invierno de ventisca, nieve y aguacero consiguió que se recuperara el curso de las fuentes públicas, los ríos aparecieran con un caudal saludable, los terrenos de cultivo quedaran agradecidos y la ganadería con la impresión de tener asegurados pastizales para épocas de escasez. Unas lluvias tan escasas en los meses anteriores, tan tintineantes en los días del verano, como decía Machado: “esa barra de plata que sube y que baja”, refiriéndose a esa gota que pende graciosa del caño y se deja caer estirándose perezosa; se prodigaron en los meses posteriores.
Todo este climaterio invernal ha causado destrozos en las vías de comunicación, en los accesos a pueblos altos, en la Senda del Oso por diversos tramos, abarcando varios municipios de esta vía de diversión y entretenimiento. Voluminosos derrabes, roturas de balaustrada y desperfectos en el pavimento han sido la noticia en las semanas previas a la Semana Santa. Primera cita importante del turismo en general y con destino a los Valles del Trubia en particular, donde la climatología ha frenado la asistencia de gente en estos meses de invierno debido al mal tiempo con dificultades para accender a los pueblos por la nieve caída sobre las carreteras.
No sé si es más oportuno prevenir que curar, pero sí parece más eficaz estar al tanto del tiempo. En una zona como la Senda del Oso con tanta ladera de montaña que forma su caja de recorrido, en muchas partes desprovistas de vegetación, que detenga las tierras embarradas por tanta lluvia, y donde los roquedales, aunque abundan, en ocasiones, no detienen los derrabes, sino que son responsables de arrastrar tras ellos la maleza con arbustos y grandes piedras, algunas de tamaño considerable, que ocasionan la obstrucción de la senda durante un tiempo.
Porque las reparaciones llevan un protocolo lento algunas veces, que cuando las fechas se echan encima, y los visitantes acuden en mayor cantidad, los responsables se ven desbordados por la urgencia para tenerlo todo disponible. Ahora que llega la primavera, por lo menos según el calendario, no sería despreciable la idea de hacer una revisión general de todo el recorrido para ver los lugares más proclives a posibles daños futuros. No debe ser tarea sencilla, dada la variedad de terrenos por los que discurre la senda: zonas despejadas, puentes, túneles, espacios abiertos, suelo arcilloso en los laterales, una barandilla sometida a la climatología por su propia condición y material, arboleda frondosa en las zonas boscosas y un suelo agredido por el agua, que en algunos lugares, debido a la crecida de manantiales naturales, se desbordan y corren sobre al senda en busca de salida hacia las acequias o buscando un desnivel para caer sobre el río.
Cuando se publiquen estas líneas ya habrá pasado la Semana Santa con un tiempo irregular, según pronostican los meteorólogos, y luego de ver la afluencia de gente se podrán sacar conclusiones acerca de la influencia del clima invernal y de los daños sufridos por las zonas más conocidas para los forasteros, y poder actuar en consecuencia, porque, es cierto, todavía falta tiempo para el verano, pero si hay que rematar alguna cosa que haya podido quedar pendiente, más vale hacerlo cuanto antes.

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