Publicado el: 06 Jun 2018

Se nos fue Triqui

Por Alfredo G. HUERTA

Cuando recibíamos el fatal desenlace, aún con el corazón encogido por la noticia, inmediatamente comencé a rememorar vivencias en común de nuestras vidas, todas ellas relacionadas con el pueblo que nos vio nacer, lógicamente de su extraordinaria actividad política y sindical seguramente lo harán los que le conocieron en estos aspectos.  Sin todavía estar repuesto del brutal impacto, que no por lo esperado fue menos doloroso, iban fluyendo a mi cabeza de forma desordenada, como a borbotones.

Triqui, aunque éramos de distintas calles, muchas veces coincidimos en aquellos juegos infantiles de la época, en las guerras entre barrios, en las películas de los domingos en el Cine Parque y, sobre todo, practicando su gran pasión, el fútbol. ¡Cuántos partidos jugamos en aquellas céntricas calles de la villa!, en Plaza la Blanca, en el Recodo de la Pedrera, en la Plaza de la Fuente, realmente, en cualquier sitio mínimamente llano, tras poner en el suelo unos cabases u otros objetos para la creación de unas imaginarias porterías. Como me tienes comentado en alguna ocasión, pese a las limitaciones del momento, vivimos una infancia feliz.

Los que nos vimos honrados con tu amistad somos testigos de tu amor por nuestro pueblo. Recuerdo el pregón de las fiestas que diste en la plaza de la Ferrería. Además de divertirnos con numerosas y simpáticas anécdotas, nos emocionaste compartiendo con nosotros este inconmensurable cariño por este terruño, que jamás olvidaste.

Lo demuestra también tu creación de una peña compuesta por moscones de una edad parecida, que nos reunimos una vez al año para compartir mantel, hacer comentarios de la actualidad y, sobre todo, evocar nuestra niñez y juventud.  Cuando la fundaste hace ya años, con tu característico humor, la llamaste G-18, que era el número de comensales en aquella primera ocasión. Hoy ya asistimos más de sesenta, además de los que vivimos en Asturias, provenientes de distintas partes de España.

Hoy nuevamente nos emocionaste con una de tus últimas disposiciones: “Que mis cenizas sean depositadas en Grao, mi pueblo. En la tumba de mis queridos padres…”

Querido Triqui, este inmenso afecto que profesaste por nuestro pueblo te lo vamos a compensar manteniéndote por siembre en nuestra memoria. Amigo, jamás te olvidaremos. Puedes estar seguro de ello.

Deje su comentario

Diario digital del Camín Real de la Mesa