Publicado el: 23 Jun 2018

Viajar con Miguel: alumnos del IES de Salas denuncian las barreras de un compañero en silla de ruedas

Los estudiantes de 2 de la ESO publican una conmovedora carta sobre las limitaciones que afrontó uno de ellos en su viaje de estudios a Madrid, que enviarán al Defensor del menor

“Queremos que la sociedad se dé cuenta, hoy me pasa a mí, pero nos puede pasar a cualquiera, también cuando seamos ancianos”, afirma el estudiante

Miguel, en Madrid, junto a una prima que también tiene movilidad reducida

Ana Pérez Feito/Salas

Miguel González nació con sólo seis meses de gestación, junto con su hermano gemelo. El parto les dejó una grave secuela, parálisis cerebral, que a él no le impide hacer vida normal, salvo que debe desplazarse en silla de ruedas. Este año, este estudiante de 2º de la ESO el el IES Valdés Salas viajó junto a sus compañeros a Madrid para visitar la capital. Sus compañeros vivieron junto a él, de primera mano, las barreras que una y otra vez se levantaron frente a él para desarrollar las actividades más comunes, desde entrar a merendar con el grupo o acceder a su dormitorio. Conmocionados, los estudiantes y el claustro de profesores han hecho pública una carta, titulada ‘Viajar con Miguel’, que pretende concienciar a la sociedad y que enviarán al Defensor del Menor. El propio Miguel reflexiona para este periódico, alertando de que son limitaciones que pueden afectarnos a todos en algún momento de nuestras vidas: “No solo las personas con movilidad reducida pueden verse en esta situación sino que todos vamos a llegar a ancianos o podemos vernos en esta situación por diferentes causas”, afirma Miguel.

Esta es la conmovedora carta de sus compañeros:

“Viaje a Madrid: Experiencias del grupo 2º ESO

Somos un grupo de alumnos del IES Arzobispo Valdés Salas que comenzamos muy ilusionados nuestro viaje a Madrid. Dado que tenemos un compañero con movilidad reducida, nos acompañaban su Auxiliar Educadora y dos profesoras.

En la primera parada del viaje, bajamos del autobús para estirar las piernas, tomar un refrigerio… Miguel llegó cuando ya llevábamos un rato allí, por lo que su tiempo de descanso duró menos que el nuestro.

Cuando llegamos a Madrid fuimos directamente al hotel, donde tuvimos que esperar bastante tiempo porque las habitaciones no estaban preparadas. Lo más grave fue que la habitación con mobiliario adaptado que precisaba nuestro compañero no estaba ni siquiera reservada (cuando ya hacía tiempo que nos habían asegurado que sí). Para intentar arreglarlo, querían darle una habitación bastante apartada del resto del grupo.

Después de dejar las maletas, fuimos a comer a un restaurante italiano, la comida estaba muy rica. Más tarde fuimos de compras y a visitar el centro de Madrid. La verdad nos lo pasamos muy bien. Miguel fue al FNAC donde para acceder a las plantas superiores tuvo que recorrer las plantas enteras hasta encontrar de nuevo el acceso al ascensor. Una vez ahí, tenía que esperar a que un empleado le abriera, por esto tardaba tanto tiempo y lo perdíamos constantemente, no nos podía seguir el ritmo. Salimos del FNAC y nos dirigimos al metro, para luego cumplir el objetivo del viaje: ver el musical ¨Billy Eliot¨. Miguel tuvo que ir en autobús, no pudo escoger, el ascensor de la estación del centro estaba estropeado. Se nos dio la opción de acompañarlo, así que algunos de nosotros fuimos con él.

Al llegar a nuestro destino, nos encontramos con un nuevo problema, la rampa del autobús que ayudaba a Miguel a bajar a la calle, no podía apoyarse en la acera ya que había una moto aparcada que impedía el paso.

El siguiente incidente apareció cuando estábamos merendando en los “Cereal Hunters” , vimos a través de la cristalera a Miguel, en la calle, acompañado por su auxiliar, tomando una botella de agua. Parece ser que la puerta estaba puesta al revés e interrumpía el paso de la silla de ruedas.

Al día siguiente, fuimos a hacer una ruta turística. Nuestro autobús nos dejó en un parking y salimos rápidamente al encuentro de nuestra guía turística, ya que íbamos con el tiempo justo. Cuando ya casi había terminado la explicación, vimos llegar a Miguel. Nos contó la odisea de encontrar un ascensor para acceder desde el parking a la calle. Se perdió gran parte de la charla. Todo ocurrió con normalidad hasta llegar a un parque de arena donde su silla se enterró y tuvieron que ayudarle a salir.

NOS LOS PASAMOS GENIAL PERO SOSPECHAMOS QUE MIGUEL NO TANTO”

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