Publicado el: 04 Jul 2018

Nostalgia del medio rural asturiano

Por José Manuel  GARCÍA DEL VALLE (*)

¡Que lejos quedan ya aquellos tiempos en que los guajes salían corriendo de la escuela para ayudar en las tareas de la yerba o arreglar las vacas!

Lejano en el tiempo y en la memoria queda también el ver a los vaqueiros que bajaban de las  brañas con la zurrona al hombro y el muleto en la mano.

Apenas han trascurrido unas decenas de años y estamos hablando ya de un mundo en extinción. Una época bien distinta a esta y en la que la palabra de una persona valía lo que hoy un documento firmado por un notario.

Un tiempo, todo hay que decirlo, con profundas desigualdades sociales, pero también es cierto que dominado por la armonía, el entendimiento, la solidaridad y en el que se necesitaba menos que ahora no solo para vivir, sino también para ser feliz, que al fin y al cabo es de lo que se trata.

Por eso cuando visito lugares  de nuestra región y veo crecer la hierba, entre el empedrado de nuestros pueblos  y en los caminos, cuando los hórreos se derrumban maltratados por el viento por la lluvia y por la nieve, y sobre todo por la soledad.

Cuando en los pueblos, ya no se ven niños jugando y haciendo travesuras, ni el regreso de los segadores yo al menos siento la tentación de empezar a llorar, o volver a soñar que en un tiempo cercano todo cambiará,  pero claro, eso es un sueño.

Cuán cierto es aquello de que agua pasada no mueve molino y por eso no estaría de mas que sin abandonar nuestras raíces tuviéramos también el valor de pensar en el futuro.

No soy de los que creen  que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor, porque la evocación de la nostalgia, por si misma, puede convertirse en un mero ejercicio intelectual o de retórica.

Pongámonos a soñar que va haber en nuestra región un mundo rural donde volvamos a ver los guajes haciendo travesuras por las caleyas de nuestros pueblos, donde la juventud  se asiente en nuestro territorio, donde los gobernantes dejen a los habitantes del medio rural que sean quienes determinen cómo se debe de cuidar nuestro patrimonio agrícola y forestal sin restricciones absurdas, porque eso sería la salvación de nuestro medio rural.

 

Y en ese sueño veo ya la primavera se ha asentado y poco a poco van subiendo al monte los pastores con sus rebaños, ya se escuchan alegres cencerros a lo lejos por entre los árboles que lucen orgullosos su nuevo follaje.

Se oye retumbar sobre la peña la voz de algún pastor que alegre llama sus reses y entre el trinar de pajarillos de repente aparece celebrándolo el bramar  furioso de un toro al que la savia nueva de la primavera a embravecido.

De repente abro los ojos y veo pasar por la campera trotando feliz una yegua con su potrillo” que se ha salvado del lobo”, el bramido de un corzo escondido entre las ramas que llama sin cesar a su amada….. ¡Simples retazos cargados de melancolía, romanticismo y añoranza de lo que en otra hora fui y de lo que en mi infancia y mi juventud he vivido!

Aromas, colores, formas de vida y recuerdos que nunca se olvidan.

 

Pero después del sueño llega la realidad .“Soñar no cuesta, lo malo es el despertar”


  • José Manuel García del Valle es secretario general de la Federación Asturiana de Parroquias Rurales (Fapar)

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