Publicado el: 26 Jul 2018

Ganaderos y ecologistas plantean un acuerdo sobre el lobo

La Declaración de Campo Grande, negociada a nivel estatal desde 2016, plantea compensar los daños a través de “declaraciones voluntarias de bajas” de los ganaderos por “coexistencia con fauna salvaje”

Propone subvencionar las medidas de prevención y buen manejo del ganado y limitar los controles de población

Yolanda Cortes, Julio Majadas, Elisa Otero, Begoña Pecó y Antonio Mota, durante la presentación dela Declaración de Campo Grande

Redacción/Grado

Ganaderos, ecologistas e investigadores han consensuado un documento común sobre uno de los conflictos más encendidos, la gestión del lobo y su coexistencia con la ganadería extensiva. Se trata de la Declaración de Campo Grande, presentada ayer y firmada por un total de 32 entidades y particulares, entre ellos Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo o Xuan Valladares, presidente del Foro Asturias Sostenible, y miembro de Asturias Ganadera. También ha sido suscrito por miembros de COAG de Cantabria, biólogos, expertos en desarrollo rural y conservacionistas, como la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente.

Alcanzar un documento común no ha sido tarea fácil, y de hecho la declaración se lleva negociando desde 2016, en el seno del llamado Grupo Campo Grande, un foro de debate impulsado por la Fundación Entretantos. El objetivo de las reuniones era intentar un diálogo en un conflicto en el que ya solo sentarse a hablar parecía, en principio, imposible. De hecho, los propios impulsores de la Declaración consideran que “el avance más significativo consiste en que por primera vez, las partes enfrentadas en este conflicto han podido debatir libremente, en un clima de respeto, confianza mutua y voluntad de solucionar el problema”.

Tras dos años de debates, ayer se presentó en Madrid la Declaración, que se estructura en torno a siete ejes (cuantificación, evaluación y compensación de daños; instrumentos económicos; medidas de manejo y reducción de daños; control de poblaciones; los censos y la ciencia; estatus legal del lobo y aprovechamiento turístico). En cada uno de los ejes, se plantea un retrato de la situación (bajo el epígrafe: “Observamos …”), los puntos de acuerdo alcanzados y las recomendaciones. Entre los planteamientos, que pueden consultarse en este enlace, está un cambio completo de los sistemas de evaluación y compensación de daños, que se consideran muy imperfectos, burocráticos y poco efectivos. Plantean que “el mecanismo de cuantificación de daños se base en una ‘declaración voluntaria de bajas’ que efectúa el ganadero periódicamente ante las administraciones agrarias de sus respectivas comunidades autónomas”, una medida que “podría incorporarse en un concepto englobador como ‘incidencias como compensación por coexistencia con la vida silvestre’ que agrupe todas las casuísticas ahora contempladas de forma parcelada y que afectan negativamente y en particular a los profesionales de la ganadería extensiva. A partir de esa cuantificación, se aplicaría algún factor de corrección en cada zona que podría vincularse con el censo oficial de lobos (mayor porcentaje de bajas indemnizables en las zonas de mayor densidad lobera), entre otros criterios”, señala el documento. La Declaración también propone que se subvencionen las medidas de prevención de daños y las mejoras en el manejo del ganado, y reconoce que donde ha sido imposible alcanzar un acuerdo es en el control de las poblaciones de lobo, que considera que se deben limitar y utilizar “única y exclusivamente como herramienta de gestión de los daños, cuando otras medidas no letales se hayan mostrado insuficientes o incapaces de prevenir daños inasumibles, buscando que en el medio y largo plazo se minimice su aplicación”.

Comentarios:
  1. Alex dice:

    Las personas que defendemos el derecho a la existencia y no exterminio de la especie, debemos hacer lo posible por lograr acuerdos que permitan esto también donde coexiste con la ganadería (la mayoría del área) y para ello debemos reunirnos con quienes mantienen posturas diferentes cada vez que sea posible y con actitud para conseguirlo. Malo para la especie es negarse a hablar o debatir con quienes mantienen posturas opuestas o contrarias, porque por desagrable que pueda ser solo exponiendo los datos y conocimientos existentes para su difusión y proponiendo medidas de consenso asumibles se puede cambiar la situación actual. Pero también es malo, es un error, que la desesperación por querer lograr la firma de documentos conjuntos se llegue a renunciar lo irrenunciable y a aceptar lo inaceptable. No vale renunciar parcialmente al principio fundamental del derecho a la existencia y no exterminio de la especie, no vale suscribir, apoyar o aceptar como verdaderas lo que son afirmaciones falsas, infundadas o sin base científica y expresiones o denominaciones inasumibles por ser parte de la existente guerra lingüística contra el lobo.

    Desgraciadamente el documento cae en el error señalado. Es lamentable el documento y un hito más que avanzan contra el lobo (con el agravante de haber picado como firmantes varios nombres que se anuncian como ecologistas o científicos) que va a costar mucho contrarrestrar por quienes defendemos la existencia y no exterminio de la especie.

    La declaración en su propio título cae en un error lamentable (machaconamente repetido en el texto) aceptando denominar la problemática donde hay muertes de ganado por lobos como “conflicto”: en el DRAE se indica que conflicto es “combate, lucha, pelea”, “enfrentamiento armado”, “situación desgraciada”, “momento en que la batalla es más dura y violenta”… solo salvaría 1 de sus 6 acepciones “problema, cuestión, materia de discusión” pero para eso mejor usar directamente la expresión “problemática”, “cuestión” o “discusión” libre de las connotaciones de guerra de “conflicto”. En torno al lobo puede haber problemática o discusión pero debemos rechazar enfocarlo como la existencia de un conflicto. Cuando de un texto de cierta relevancia tratamos, hay que medir con cuidado cada palabra, debemos ser mucho más rigurosos y estrictos que cuando discutimos hablando espontáneamente el tema en una asamblea.

    Los primeros apartados es puro autobombo exagerado, y reincidencia en el enfoque de conflicto.

    Luego, caen en diversos errores. Por seleccionar ejemplos:

    “Con las evidencias que se obtienen es casi imposible distinguir los ataques de lobo de los de perros asilvestrados.” → Los patrones de ataque observables en la escena aportan mucho más información de lo que esta frase reconoce. Además, el texto se olvida la disponibilidad (aunque rara vez usada pese a su bajo precio actual) de las valiosísimas pruebas genéticas, omisión demasiado notoria para ser un olvido, que ahí dónde se ha empleado ha ayudado mucho a esclarecer la situación aportando pruebas de que la “gran” cantidad de daños de lobos no son en tan “gran” medida causadas por el cánido silvestre.

    “muchos de los ataques no son declarados por los ganaderos” → Declaración infundada que está de moda por el sector más rancio de ganaderos y políticos que se suman al mismo (como sucede en Asturias). Sin pruebas que lo respalden es inasumible (no son pruebas que unos pocos ganaderos autodenominados representantes de todo el colectivo lo repitan hasta la saciedad sin aportar datos suficientes).

    “la agotadora tramitación burocrática” → Es una exageración. Para el ganadero es fácil, llama el guarda y éste hace el trabajo. Agotadora es la demora en el pago de daños, que vilmente está usando la administración para incrementar la crispación y encauzarlo hacia las mucho más baratas batidas y exterminios.

    “coste de los procedimientos de evaluación de daños es extraordinariamente elevado” → La evaluación no es cara (una hora de un guarda sin equipamiento especializado y cuando se hace pues 20 € de prueba genética), hay muchos otros procedimientos administrativos ambientales mucho más caros (por el coste de las análisis, los equipos de medidas,…) y que son habituales. Pero hay que soltar esta frase del elevado coste para justificar solucionar el tema con escopetas. Vergonzoso que los firmantes hayan permitido que pasara al texto del documento.

    “recomendamos que el mecanismo de cuantificación de daños se base en una ‘declaración
    voluntaria de bajas’ que efectúa el ganadero periódicamente” → Si esto significa que el paisano declara a su libre parecer y sin aportación de pruebas el número de reses que los lobos le matan, no solo es escandaloso por dejar la puerta abierta al fraude masivo sino ilegal (percibir dinero público como indemnización sin aportar pruebas de la existencia de daños). Inasumible completamente y fuente de empeoramiento de la situación actual.

    “Desvincular las indemnizaciones por daños a la incorporación o no de medidas destinadas a la reducción de daños por parte del ganadero” → Esto es escandaloso (y reafirma mi interpretación del anterior punto comentado) y absolutamente inasumible. Elimina el aliciente de aplicar medidas preventivas (“me van a pagar todo lo que me mate haga o no algo por reducir daños”) y puerta abierta de par en par para el fraude. Totalmente vergonzoso por quienes firman el documento y estén en alguna entidad o agrupación ambiental, naturalista o ecologista.

    [Relativo a la oposición al “control de poblaciones”] “Entendemos natural esta situación por el carácter simbólico del animal –el lobo– y el hecho –la muerte– que implica un sentimiento de dolor para algunas personas a uno y otro lado del conflicto” → Es vergonzoso que tachen como tema de sensibilismo emocional lo que desde entidades y organizaciones ambientales, naturalistas y ecologistas se rechaza no por cuestiones emocionales sino por la fundada base científica no de ser inútil sino contraproducente para reducir daños.

    [El “control de poblaciones”] “no siempre supone una solución efectiva a los problemas de los ataques al ganado, y que de hecho no hay suficientes estudios sobre la relación entre los controles poblacionales y la reducción o no de daños y sus conclusiones no son extrapolables a todas las situaciones” → Ya sabemos que no supone una solución efectiva (eso de “no siempre” sobra totalmente) y sí hay suficientes estudios (no quita de que merezca hacerse más) lo que pasa es que los resultados son contrarios a la hipótesis justificadora de que matando lobos se reduce los daños y eso desmonta el argumentario de algunos ganaderos mediáticos y políticos.

    “Que la única justificación para el control de poblaciones podría encontrarse en su utilización para el control de daños sobre el ganado, y podría asumirse después de haberse constatado como ineficientes o insuficientes otras alternativas” → No es asumible: el control poblacional (que por cierto no es lo mismo que control de individuos concretos) ya sabemos que no funciona para reducir los daños al ganado excepto cuando se lleva a la extinción regional de grupos.

    “apareciendo en nuevas zonas, abandonadas hace décadas por la presión a la que se le sometió.” → Sobran eufemismos, porque pareciera así dicho que por presión social hicieron las maletas y se fueron a vivir a otra parte: no “abandonaron” la zona “por la presión”, fueron matados y extinguidos los lobos que allí vivían.

    “Que la posición de la UE en relación al estatus legal al Norte y Sur del Duero es uno de los hechos que dificultan la homogeneización de instrumentos legales, y parece que no hay visos de cambio de este estatus europeo” “Recomendamos establecer un criterio unificado de estatus legal para toda la población ibérica de lobo” → No es una propuesta de la UE sino una propuesta del gobierno de España que la UE aceptó (si por el gobierno de España fuera hubiera metido toda la población española en el menor grado de protección, pero con la población de Sierra Moreno en el borde de la extinción completa la UE no aceptó). Por otra parte, si igualar la situación legal fuese importante, España puede hacerlo: dado que el nivel de protección al N del Duero es opcionalmente menor, puede igualar todo como al S del Duero (la desprotección de la población meridional no es asumible).

    “Que esta actividad genera rechazo en parte del territorio rural porque a menudo el reclamo no es el propio territorio sino una especie animal que provoca daños y dolor en las comunidades rurales donde se asienta” → Lo de provocar “daños y dolor” es una demonización brutal del lobo. Para una mayoría de la población rural el un nuevo motor económico local que es el turismo rural y de naturaleza es motivo de enriquecimiento y fijación de población joven, no de rechazo. No dudo que alguno soltara esa frase, pero es alarmante y vergonzoso que los firmantes le hayan dado respaldo y haya llegado al documento definitivo.

    En resumen, un mal documento, escorado hacia la postura del sector ganadero más intransigente aunque un poco más maquillado que otros, y falsamente anunciado como que si fuera un documento de consenso general de “apoyo de especialistas de la especie y miembros de organizaciones ambientales” cuando padece de una manifiesta ausencia como firmantes del grueso de numerosos investigadores y expertos de la especie en España, solo algún nombre concreto muy criticado por científicos y ecologistas por sus declaraciones y por cómo se posiciona públicamente cada vez que el tema se expone a la luz mediática, y algunos que siendo científicos académicos no trabajan ni trabajaron con la especie y han picado el anzuelo buscando cierta promoción pública de su nombre sin plantearse ¿por qué me llamarán a mi que no estudio la especie? Debería llamarnos bastante las notorias ausencias como firmantes.

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