Publicado el: 23 Ago 2018

Problemas e inquietudes que plantean los adolescentes

por César ANTÓN RODRÍGUEZ
Psicólogo y profesor de Secundaria

 

Los estudios psicosociológicos hablan de la adolescencia como edad de crisis, ingrata y que consiste en ser y parecer al mismo tiempo niño y adulto; ha perdido el “sosiego” y equilibrio de la niñez, pero no ha alcanzado todavía el del adulto. Al adolescente se le puede considerar adulto desde los puntos de vista: sexual e intelectual, pero continua siendo un niño en el aspecto social y afectivo.
De estas contradicciones psicofisiológicas resulta una rebelión contra sí mismo, una desadaptación. El adolescente conserva los rasgos de la infancia sobre todo la necesidad de afecto, pero paralelamente a esta necesita también la de su autonomía personal. Sin embargo, no desea en absoluto una autonomía completa, e incluso la teme si es demasiado amplia, ya que siente la necesidad de saberse seguro. Se encuentra en una situación ambivalente compuesta por dos tendencias contradictorias.
El primer factor a considerar es su educación anterior; si ha estado muy protegido, el deseo de autonomía será débil, trayendo consigo un sentimiento de inseguridad y buscará en la familia protección, o sustituirla por otros refugios sociales. Si ha recibido un afecto insuficiente tenderá a un despego total o a la agresividad. Si ha tenido una educación satisfactoria, el deseo de la autonomía surgirá normalmente.
Trastornos emocionales que se presentan. Estos suelen ser frecuentes entre los adolescentes. En primer lugar, aparecen trastornos psicológicos, así como modificaciones del carácter, síntomas depresivos y nerviosismo. Esta hiperemotividad se manifiesta en múltiples formas según las circunstancias que la provoquen: nerviosismo, inestabilidad, miedo, ansiedad, que se desarrollan en angustia o inseguridad.
La timidez: El adolescente, con frecuencia, se culpa a si mismo de este trastorno, que no comprende ni puede dominar, experimentando además un sentimiento de inferioridad al sentirse incapaz de adaptarse, por esto intentará disimular su situación ante los demás; si su timidez es muy fuerte reducirá sus relaciones sociales, se aislará. En otros casos intentará disimularla siendo agresivo, mordaz o adoptando posturas insolentes y provocadoras. La timidez puede provocar perturbaciones serias y afectar al equilibrio adulto. En primer lugar, debemos evitar provocarla o reforzarla y favorecer su desaparición en aquellos que la sufren; para ello debemos facilitar al máximo la confianza en sí mismo y ayudarle a comprender que puede superarse.
El sentimiento de inferioridad y la falta de confianza en sí mismo. – Puede darse tanto en el plazo intelectual (soy menos inteligente, más torpe que los demás… fracaso escolar) como en el plano físico (no soy guapo, soy débil…), en el ámbito social y económico como el sentimental, tan importante en esta etapa. La falta de confianza en sí mismo y el sentimiento de inferioridad se encuentran estrechamente relacionados con la necesidad de consejo y sostén, de deseo de protección de los demás, además de mostrar claramente una actitud abierta a la influencia de las personas con las que más relación tiene.
Oscilaciones del humor. Estas son muy significativas en esta etapa evolutiva. Consiste en cambios de tono que resultan dolorosos para el que los sufre y para quienes le rodean y se interesan por él. El tono del adolescente es frágil y lo puede perturbar una causa mínima. Estas oscilaciones tienen su repercusión sobre la manera de abordar sus relaciones sociales, y llega a provocar el aislamiento del adolescente.
La rebelión.  Los trastornos que siente interiormente llegan a ser tan intensos que se exteriorizan bajo la forma de rebelión, y esta puede adoptar cuatro formas en relación a su frecuencia y gravedad: El espíritu de contradicción es la forma más benigna; el adolescente trata de introducirse en el diálogo y atraer la atención manifestando su desacuerdo con lo que se habla e indignándose porque el adulto no le da la razón a lo que el expone. Adopta esa actitud para hacerse notar.
La insolencia. Es un tipo de rebelión verbal o de gestos hacia los que detectan algún tipo de autoridad. Refleja las relaciones entre el adolescente y el adulto. El chico responde así porque sabe que no puede liberarse de la tutela del adulto y lo hace de una manera simbólica o verbal. Este sentimiento del adolescente refleja también la incapacidad del adulto para organizar de una manera sana las relaciones con los jóvenes, y de encontrar la forma de autoridad más conveniente.
La fuga. Puede ser soñada o real. La primera se da cuando el muchacho se siente demasiado oprimido en casa. Es un placer que le ofrece su imaginación. También puede ocurrir que la huida sea efectiva por el temor a un castigo o a consecuencia de una situación difícil o el deseo de eludir la realidad en ese momento. Pero también hay en la fuga una especie de revancha, porque el adolescente, además de escapar del medio que le es hostil, sabe perfectamente el miedo que provocará tanto en su familia como el en ámbito escolar, por lo que es, a la vez, una revancha y una llamada de atención.
Los suicidios. Son, afortunadamente, excepcionales, aunque actualmente aumenten durante el tiempo en que se dan los resultados de la vida escolar. Además de los que tienen origen patológico, son la expresión del abatimiento ante una situación sentida como insoportable por la presión familiar, escolar o social, ante una situación de fracaso. Por esto los adultos debemos medir con el máximo tacto nuestras relaciones con los adolescentes, no dejando que se prolonguen los conflictos que puedan volverse graves y sabiendo manejar unas relaciones afectivas que creen suficiente confianza y solidaridad para el muchacho, en una situación de este tipo, pueda pedir ayuda.

Comentarios:
  1. M. Est dice:

    Me gusta el comentario es muy didáctico y para quien tenga hijos adolescentes es una gran ayuda saber lo que están pensando y poder atenderlos correctamente mira a ver si lo he hecho bien y dónde tengo que invitar

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