Publicado el: 12 Sep 2018

Vega de Anzo, 25 años de una tragedia

El mayor accidente ferroviario de las últimas décadas en Asturias se cobró 12 víctimas mortales el 2 de agosto de 1993 junto a la estación moscona, hoy convertida en apeadero semifantasma

Imagen actual del túnel donde tuvo lugar la tragedia, en Vega de Anzo (Foto. R. Balbuena)

 

Rafa Balbuena / Grado

La tarde del 2 de agosto de 1993, en el verano de hace 25 años, fue nublada y de poco sol en las playas de Muros y Cudillero. A pesar de que aquel estaba siendo un agosto caluroso, el día no invitaba al ocio de tumbona y baño en la mar. Y puede que fuera una suerte para los que, por entonces, solían llenar los trenes de la línea F7 de cercanías de Feve, que cubre San Esteban con Oviedo, clásico “tren de la playa” que muchos recordamos como parte esencial de aquellos veranos asturianos. El convoy de las 18:10 solo llevaba a bordo una veintena de pasajeros, pero los pocos que hoy puedan contarlo no olvidarán jamás aquel viaje.

A las 18:30, el tren salía de la estación de Vega de Anzo, entrando en el primero de los dos túneles que la separan de la siguiente parada, en Santa María de Grado. El convoy nunca llegaría a la capital, ni siquiera cubriría los dos kilómetros que separan ambas estaciones. Los viajeros solo se dieron cuenta, en medio del túnel, de un fuerte golpe que hizo descarrilar los vagones y detuvo abruptamente la marcha. Un mercancías que acababa de salir de Santa María de Grado había chocado frontalmente en medio del túnel contra el convoy de viajeros. Y en medio de la incertidumbre, del “¿qué es lo que está pasando?” se desató el infierno: todo empezó a arder.

Lo siguiente ya fue carne de titulares de prensa. 12 muertos y 7 heridos graves, ambulancias y bomberos, testimonios escabrosos, escenas dantescas. Pero también conmovedoras muestras de solidaridad en la colaboración de los vecinos de Vega de Anzo y Valduno, que se volcaron en las labores de rescate de heridos en el, hasta ahora, más grave de los accidentes ferroviarios ocurrido en Asturias en los últimos 25 años. Porque se acaba de cumplir este verano justo un cuarto de siglo de aquella siniestra efeméride. Según se pudo dilucidar, el maquinista del mercancías no esperó la orden de paso que, en Santa María de Grado, debía recibir para seguir ruta. Ese fallo, o negligencia, o lo que dijesen los jueces, tuvo consecuencias que los vecinos de Vega aún no han olvidado. Aunque lo más doloroso sea pensar que no fue la velocidad de los trenes, unos 45 km/h, lo que causó la masacre, sino el combustible que movía las máquinas y el cargamento resinoso del mercancías. En 1993, Feve no tenía electrificada la totalidad de sus redes, y la F7 era una de las pocas cuyas locomotoras eran de gasoil. El túnel se convirtió en una ratonera y los muertos no lo fueron a causa del impacto, sino por quemaduras o asfixia.

Pocos días después el director general de Feve, Martín Baranda, explicaba algunos pormenores del suceso, si bien en su tensa comparecencia no supo responder otras cuestiones angustiosas que aclarasen aquel accidente atroz. Por qué el tren de mercancías no había esperado la señal del jefe de estación para seguir ruta. Por qué la línea F7 no tenía en uso intercomunicadores de radio entre sus convoyes. Por qué se tardó horas en notificar a los familiares de las víctimas la situación de sus seres queridos. Y por qué nadie, absolutamente nadie de la compañía ferroviaria había acudido al Hospital General de Oviedo a dar explicaciones ni a preocuparse por los heridos ni por sus allegados.

Portada del diario El País, dando cuenta un día después de la tragedia

Preguntas sin respuesta. Hoy, la estación de Vega de Anzo ha devenido en un apeadero semifantasma. Quietud, sensación de ser solo sitio de paso. Sin bullicio, cantina ni ferroviarios. Apenas una docena de tristes trenes al día por cada sentido del trayecto, muchos con retrasos imprevisibles, casi todos sin pasajeros. La línea está electrificada, pero su principal motor, la gente, ya no quiere usar las cercanías. La absorción de Feve por Renfe no ha supuesto mejora alguna. Y el túnel, el maldito túnel sigue igual. Con el mismo silencio. El que percibían los miembros del equipo de rescate, entre olor a quemado y heridos en shock y mirada perdida. El de los que allí perdieron la vida, que al menos conste el recuerdo de sus nombres: Ramón Selgas Sánchez; María Díaz López; Luis Mariano Ornia; Manuel López Riera; Fermín Fernández González; Mercedes Areces Fernández; Carlos Camino Menéndez; Joaquín Serrano Fernández; Aurelio Álvarez Aparicio; Tatiana y Laura Borges Torre; José Fernández Rodríguez. Ellos murieron allí. Y a tenor de lo visto, por dejadez y por calamidades como esta, también Feve empezó a morir aquel triste día. Fue hace ahora 25 años. Descansen en paz. Todos.

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