Publicado el: 19 Oct 2018

Que la cadena no se rompa

 

Por Lucía VELASCO

[Intervención íntegra en la entrega del premio a la excelencia en la Innovación del Ministerio de Agricultura]

Sr. Ministro, Directora General de Desarrollo Rural del Ministerio, Directora General de Agroalimentación del Principado de Asturias,  autoridades, señoras y señores,

Buenos días

Nunca imaginé ni en mis mejores sueños que hoy pudiera estar aquí, para recoger este reconocimiento. Mis orígenes son humildes y lo único que he tratado de hacer en la vida es superarme en mi trabajo y afrontar todos los retos que la vida me va imponiendo. Estoy muy orgullosa de mis raíces campesinas y de mis ancestros trashumantes. Mi marido es el último eslabón de una familia de vaqueiros de alzada, que cada primavera dejaban el concejo de Las Regueras, cercano a Oviedo, para realizar la trashumancia a los puertos de Somiedo, concretamente al puerto de Cerreu en Perlunes. Esta tradición familiar está documentada desde hace más de cuatrocientos años y yo quise que la cadena no se rompiese. Es un tributo también al padre de Jorge, mi marido, al que por desgracia no conocí, pero que estaría orgulloso, donde quiera que esté, de nosotros.

Tengo la suerte de tener el trabajo que me gusta, el que elegí y que me da muchas satisfacciones, pero también he de reconocer que tiene muchos obstáculos y que no pasa por su mejor momento.

Me siento muy honrada y muy feliz, pero este premio que hoy recibo, no es para mí, lo quiero compartir con todas las mujeres ganaderas asturianas, con las que convivo día a día, que trabajan por y para el campo, que con sus logros e ideas consiguen que se visualice cada vez más a la mujer rural y como no, con las que me precedieron, que me enseñaron a querer al campo y a todo lo que lo rodea. Ellas son las auténticas heroínas del mundo rural, que se encargaron de desarrollar los trabajos agrícolas mientras tenían que alimentar a su familia, educar a sus hijos y cuidar de sus mayores, habiendo soportado siempre doble trabajo y la mitad de reconocimiento, y que, sin su generosidad, la humanidad no hubiera logrado el desarrollo económico y social que ha conseguido.

También debemos pensar en las que nos sucederán, como mi hija Ainhara, que tiene poco más de un mes y a la que debemos dejar un legado, un camino que sea más fácil, que tenga la igualdad y el justo reconocimiento que entre todos y todas estamos procurando para el futuro.

A nivel personal he de agradecer a mis padres, mi marido y mi familia el apoyo que siempre me han mostrado, para que pudiera realizar el sueño de ser ganadera y a todas las instituciones que me han apoyado en esta candidatura. A todos y cada uno de ellos, gracias.

Premios como este que nos han otorgado, son un soplo de aire fresco entre tantos problemas que conlleva la vida de las ganaderas, y nos anima a seguir esforzándonos y a mejorar cada día para hacer del mundo rural, un lugar digno para vivir que contribuya a un futuro más próspero,  pero es necesario que se considere a las mujeres rurales de todo el mundo en igualdad de derechos y de decisiones, para conseguir una sociedad más justa.

Muchas gracias.

 

 

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