Publicado el: 20 Nov 2018

Banderas

Por María José ÁLVAREZ BRAÑA

Me ocurrió hace escasamente un mes. Nairobi, seis de la tarde, calles repletas de gente. Frente al ayuntamiento escucho el sonido de un potente silbato y los transeúntes se paran. Un señor, amablemente, me indica que me detenga. Algunos segundos después todos reanudan la marcha. El hombre, viendo mi confusión, me explica que es la hora de arriar la bandera nacional y se paran como muestra de respeto, aunque no es obligatorio y no pasa nada si continúas andando. A pesar de todos nuestros problemas, dice, amamos Kenia.
Rememoro la anécdota hoy, al contemplar a un payaso televisivo incapaz de hacer una broma más original que la de sonarse en nuestra bandera. Y tras las críticas, surgen los super-mega progres que ríen la patochada, tachando de retrógrados a quienes nos ha parecido un gesto grosero de innecesario desprecio. Y alegan que una bandera es sólo un trapo. Obviamente, pero un trapo que representa nuestra identidad como a los demás naciones las representa el suyo. De todos los países que conozco, y son bastantes, sólo en el mío algún sector de la población tiene a gala mofarse de la bandera. Más grave todavía es que estos comportamientos estén auspiciados por algunos políticos, calificando como extremista, patriota de balcón o facha al que apoye nuestros símbolos, intentando así prostituir los sentimientos de pertenencia a una tierra. Algo que no ocurre en ningún lugar porque respetar la bandera, valorar lo propio, y querer a tu nación no es patrioterismo barato ni tiene sesgo político, es lo normal de la gente normal.
Curiosamente, estos grandes progresistas anti bandera, cuando tienen ocasión de obtener beca en EEUU (más de uno conozco) olvidan sus “principios” y en la universidad rinden honores a la enseña americana, sí o sí aunque lo nieguen, porque al mínimo atisbo de ofensa les darán la patada. Imposible descifrar el extraño complejo que aqueja a esa gente empeñada en denostar lo nuestro y despreciar el lugar al que pertenecen, pero en el extranjero agachan la testuz.
Y como habrá que tomar a broma las borricadas generadas alrededor de conceptos como patria y bandera, confieso que me reí mucho cuando, en el colmo de lo absurdo, escuché tachar de fascista al pobre Manolo Escobar, simplemente ¡por cantar el Viva España, que hasta los extranjeros corean! ¡Menudo nivel!

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