Publicado el: 03 Dic 2018

¡Cagunmimantu!

Por Casimiro Álvarez

[A Contracorriente]

Al grito de ¡Viva México! el carismático líder de la Revolución Mexicana Pancho Villa iniciaba los asaltos de caballería contra el enemigo, sin que a ninguno de sus hombres se le ocurriera replicar.
De igual modo cuando en las filas del PSOE, de la UGT o de cualquier administración pública, sonaba la voz de ¡Cagunmimanto! todos los trepas de la política, lameculos con esperanzas cortesanas y golfos con aspiraciones de fortuna, doblaban el espinazo en muestra de sometimiento a las órdenes de otro famoso Villa. En éste caso del “Tigre de Tuilla” José Ángel Fernández Villa, también conocido como Josiángel.
Al inicio de la transición y después de la proclamación de la amnistía general sobre los viejos delitos políticos, Villa regresaba a Asturias, de la que se había ido tras ser despedido de la mina por actividades subversivas, para convertirse en el líder sindical más destacado en el mundo de la minería, cuando todavía se arrancaba carbón en condiciones penosas; largas jornadas, mínimos salarios, durísimas condiciones de trabajo, silicosis, y un sinfín de calamidades que soportaban los mineros. Refundó el Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias (SOMA), arengando a los mismos con discursos enardecidos pronunciados en los más variopintos escenarios, y laminando sin piedad a todo aquel que osara discutir sus consignas; Belarmino García Noval, Saavedra, Campelo y un largo etcétera. Dotado de excepcionales dotes de mando y organización, sólo al alcance de los más destacados líderes, y clamando encendidas soflamas (¡sindicato! ¡pueblo! ¡derechos!), se hizo con las riendas del PSOE asturiano y durante décadas dirigió desde la sombra la política, poniendo y quitando consejeros, directores generales, presidentes autonómicos, e incluso ministros y otros altos cargos en Madrid, mediante la relación amor-temor-odio que le profesaba Felipe González. Sus peones estaban infiltrados en toda la administración pública, al servicio de sus deseos y traicionando en muchos casos a sus superiores jerárquicos, mientras trepaban en el escalafón. Y resolvía de buen grado todo tipo de peticiones de casi cualquiera que acudiera a él, y aceptara un lógico compromiso de deuda. Más o menos como nos cuenta la película “El Padrino”, al fin y al cabo los partidos políticos, organizaciones sindicales y empresariales son un reflejo de las familias mafiosas sicilianas.
Lo mismo ascendía a un coronel de la Guardia Civil que situaba un peón de Jefe de Servicio, o a un portamiras de topografía de Director General, e incluso de Consejero. Y lo digo en sentido figurado, “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. Conviene matizarlo, no me vaya a meter en líos. Todo el que fue algo en el PSOE asturiano, tuvo poder en la región, y muchos de los que aún lo tienen se lo deben a Villa. La recua de mangantes que nos gobiernan, empezando por el máximo exponente asturiano o la ministra de Sanidad, y tantos otros que llevan toda su vida infiltrados en los infinitos órganos de poder y chiringuitos , fueron lacayos de Villa. Próximamente citaré a algún otro que bajo la batuta de Villa tuvo intervenciones memorables en la comarca, para vergüenza suya y honra de Josiángel.
Ahora, cuando los jueces lo acaban de condenar a tres años de prisión, los muy Judas niegan conocerlo, no vaya a ser que se haga evidente la mierda que les enfanga, pero todo se lo deben a él como palafreneros suyos que fueron. Tiene más causas pendientes, pero espero que los tribunales no sean demasiado severos con él, al fin y al cabo Señorías, Villa no fue más que un sindicalista que usó la política para defender, como nadie, los intereses de sus representados, y de paso metió mano en la caja, como todos los demás con poder, con la diferencia de que por lo menos él hizo bien su trabajo, mientras el resto se dedicaron en exclusiva al saqueo de las arcas públicas.
Continuará…

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