Publicado el: 12 Ene 2019

Memorias de ‘Chester’, un mestizo feliz

Por Loli GALLEGO                                      

Cachorro

Hola, me llamo Chester, según dicen soy un perro mestizo, nacido de los amores perrunos de mi madre, una cocker llamada Miska con un pointer llamado Pin; nací un 13 de junio de 2005, día según los humanos de un santo muy venerado llamado San Antonio.

A los veinte días de mi nacimiento me adoptó una familia de Proaza, me tuvieron que alimentar casi con biberón hasta que fui creciendo y ya comencé a comer lo propio de los perros.

Como era tan pequeño y además de color negro recibí algún que otro pisotón, pero cuando chillaba me  cogían en el cuello y me acariciaban, así que el dolor pasaba pronto y yo, tan feliz.

Tuve suerte con la familia y también con las personas que entraban en la que para mí ya era mi casa, pues todas me hacían caricias y me mimaban.

De ahí nació la envidia del otro perro que  ya estaba en la casa. Se llamaba Luky, mezcla de grifón con foxterrier, también mestizo, pero tenía un genio, valga la expresión, de “perros”, como dicen los humanos; su envidia crecía según lo hacía yo, tenía muy malas “pulgas” y por nada me atacaba. Menos mal que mi dueña, que se llama Loli, me defendía. El nombre de mi dueña, ese Loli, se me grabó en el cerebro, y cuando lo oigo salto de alegría, pues seguro seguro que me da una chuche y una caricia.

Cuando nací me cortaron el rabo y me dejaron como a veces oigo “un tuco”, que siempre lo estoy moviendo ya que me siento muy feliz.

Volviendo a mi convivencia con el tal Luky, que era un cascarrabias de trato imposible, pues cuando trataba de acercarme a él en plan amistoso el gruñido que me soltaba me hacía temblar y claro, me escondía, pues seguro que me caía un mordisco como el que me dio una noche que me tuvieron que dar cuatro puntos cerca del ojo. ¡Como para dejarme tuerto! Loli lo reñía, pero ni por esas, creo que cada vez me odiaba más. No me extraña pues hasta mi llegada él era el  amo y el mimado de la casa y eso de tener que compartir lo ponía de los nervios.

Cuando nos compraron unas casetas, una más pequeña para él y otra  grande para mí, aquí apareció un nuevo conflicto. Él se metió en la grande y tomó posesión para siempre. A mi me tocó la pequeña, de momento cabía en ella pero según fui creciendo casi me tenía que plegar para usarla.

La inquina iba en  aumento y una madrugada a los gritos que yo daba bajó el ama y me salvó la vida, pues el muy “cabrón” (expresión que oigo a los humanos cuando se enfadan con alguien) me tenía  agarrado por el cuello y me hubiera degollado si Loli no llega a tiempo.

Ante esta situación, pues había cogido tirria al ama, ésta no tuvo más remedio que enviarlo para la perrera, pues la atacó a ella, sé que tuvo un disgusto pero no podíamos seguir así.

A veces pienso que como en los humanos la envidia también existe en nuestra sociedad canina.

Me considero un perro no envidioso, pues quedó demostrado cuando llegó a la casa otro can llamado West.

 

Adolescencia

Pero bueno ahora mas tranquilo puedo seguir mi instinto de cazador  de pluma. Cuando salí por primera vez al monte estaba nevado y en cuanto me soltaron salí como una flecha, de tal forma que cuando me quisieron llamar ya no estaba. El cabreo de mi ama fue sensacional, pues la hice ir al pueblo para ver si andaba por allí; nada,dio la vuelta y cuando llegó al alto vio que venía corriendo entre la nieve, claro, una cosa negra sobre blanco; yo pasé delante de  ella, pero se me tiró encima y me sujetó, de muy malos modos y farfullando palabras para mi incomprensibles, pero por el tono debían de ser muy fuertes, quizá mi madre salió a relucir, me metió en el coche y para casa.

No volví a salir en una temporada, pero  después de un tiempo lo intentó, nos fuimos a una pradera que según oí llamaban Buyera; nada más soltarme salí como un volador en dirección a un camino ancho  y llegue a un cierre donde vi dos monstruos de pelo oscuro y muy grandes que cuando se pusieron de pie me entró terror y salí volando; Loli me esperaba en el cruce pero pasé como  una bala y no pudo cogerme hasta la vuelta. Otra vez de retiro monacal. ¿ Pero qué pasó ? Como no tenía qué hacer me enamoré de un cojín, y claro me llevaron al “vete” y me hicieron una operación para que se me quitara la manía del cojín.

Tengo que hablar de la madre de Loli, por lo que entendía se llamaba Amelia y me tenía un gran afecto, como yo a ella ya que cuando se puso muy malina mi ilusión era poner las patas en la cama y tratar de lamerle las manos. Ella me respondía acariciándome la cabeza. Pero un día se fue y no volvió, mi instinto me dijo que ya no volvería más, pues  una noche Loli llegó a casa sola y yo sentí dentro de mí que no venía como siempre; yo que nunca había dormido en el piso, esa noche me eche en la alfombra junto a su cama y así pasé la noche. Los días siguientes, tenía la sensación que algo había pasado pues mi ama no respondía a mis juegos con la pelota, que dicho sea de paso era y es mi juguete favorito.

Poco a poco las cosas se normalizaban, pero de salir nada de nada, las experiencias vividas no permitían el placer de correr por lugares más amplios, pero no me puedo quejar  mi vida de perro es maravillosa, no conozco el estar amarrado como otros congéneres, buena comida y no digamos de la cama, un lujo.

Un día  cuando mi ama regresó de dar un paseo, yo la esperaba con las orejas  muy gachas y con mis ojos muy tristes, pues tenía un dolor en la cabeza que no lo aguantaba; enseguida se dio cuenta de que algo pasaba y me cogió para acariciarme y el alarido que pegué, la asustó e inmediatamente me metió en el coche y me llevó a una clínica especializada en perros.

El diagnóstico, hernia cervical. Me tuvieron en reposo unos cinco días, Loli iba todos los días a verme y yo poco a poco se me paralizaban las patas delanteras. Por fin dijeron que me tenían que operar y mi ama dio el consentimiento; salió bien y el tratamiento después se hizo perfecto y aquí estoy, pero ahora con apellido, mi ama  me llama “Chester Dosmil”,pues esos fueron los euros que costó la operación; pero como ella comenta si tienes un animal se le debe tratar bien.

Adulto

Bueno, van pasando  los años y de repente, Loli aparece  con otro individuo de mi misma especie, era de color marrón parecía una bolina pues era pequeño y peludo. Lo olí por todos los sitios y traía las orejas envueltas para que se le pusieran tiesas, yo que vi aquello,l o acaricié chupando los “pirulís”, y claro el envoltorio se vino a abajo. Bueno no pasó nada, pues por mucho que se las pusieran para arriba,por su raza siempre estarían como ahora, tipo pañuelo, esto lo digo yo comparándolas con las mías que parecen dos chuletas de grandes que son.

Para qué me sirven ahora que ya camino de la edad madura no oigo nada, solo el olfato y la vista, eso sí, los tengo a máximo rendimiento, sino que lo digan los gorriones que de vez en cuando dejo a la familia sin alguno de sus miembros, pues todavía estoy ágil para cazarlos  al vuelo. ¿Y las lagartijas? Esas se me da muy bien cogerlas, pues me concentro de tal manera que no me falla ninguna.

En estos menesteres no puedo contar con West, pues es de una apatía tremenda, se pasa el día de retiro en la salita donde dormimos y asomando el hocico por debajo del portón que da a la calle; oí decir a Loli que cuando lo cambie le dejará una ventana para que no lo pase tan mal. También es un caprichoso a la hora de comer, mientras yo es puesto y comido, él se sienta a distancia y no le da la gana de venir, además se lo hay que poner en el suelo, ya que en la pota ni patrás, no lo come. El ama se enfada, pero a la palabra mágica de ¿quieres una cosina? viene como una centella; en fin que aún siendo un caprichos nos llevamos muy, muy bien.

Otra situación insoportable es cuando me toca el baño, como ya lo tengo observado en cuanto veo a Montse a la que quiero mucho, cuando viene doy unos gritos de alegría pues ella también me quiere y me acaricia, pero cuando veo que coge las toallas, se terminó la emoción y busco refugio, pues sé lo que me va a tocar; ya sé que luego me encuentro mucho mejor, pero el chaparrón del agua y la friega me ponen de los nervios.

Senior

Mi ama Loli ahora que ya voy mayor me da medicinas, pues a veces la patas traseras se resienten y ya no son tan ágiles, pues subir al piso me cuesta, pero poco a poco llego y estar arriba me hace una gran ilusión. Otra de las cosas que me encantan, es por la mañana cuando baja para abrir las puertas, pues nos da una comida que las personas llaman mortadela, como pincho por la mañana, después de toda una noche en blanco el estómago lo necesita, aquí si que West me acompaña, pero yo que soy un tragón, si puedo se lo “ramplo”. Recibo una regañina, pero lo comido ya está. ¡Que West sea más listo y más hábil!

Hace unos días de madrugada West cogió una “medrana” impresionante, yo al verlo tan nervioso le acompañé a abrir la puerta de subir, y le dimos la lata a Loli que por tres veces bajó de madrugada a ver qué nos pasaba, sé que nos riñó pero hasta que no estuvimos en el corredor no quedamos tranquilos y ella pudo dormir; como no podemos expresarnos como los humanos no le pudimos decir que aquel miedo venía de un lobo solitario que anda por Proaza y que nuestro olfato lo detectaba; luego ella supo que había matado a cuatro ovejas y entonces nos comprendió.

A pesar  de mis años y achaques el sentido de ser libres no muere, al contrario se agudiza y claro un día el portón quedó abierto por la tarde y hala, los dos de peregrinación por Proaza, hasta un camino empinado que lleva al monte. West dio la vuelta para casa pero yo seguí, mi instinto de cazador me llevaba detrás de rastros y así estuve dos días vagando por zonas de bosque, al final salí a la carretera y una señora que estaba avisada de mi desaparición me cogió y me devolvió a mi casa. Lo único que conseguí fue que una verruga que tenía en la cabeza los hartos por donde pasé me hicieron un “lifting”.

La alegría de mi ama fue enorme, pues mi instinto me decía que lo había pasado muy mal, pensando en mi pérdida, en mi interior me sentí muy contento, pues demostraba que yo para ella era algo muy importante.

Bueno no todo fue dulzura, pues después vino la riña, aunque yo con el cansancio de dos días, y sin comer dormí todo el día.

Esta fue, creo, mi última excursión, pues si tengo que salir será en coche, al que le tengo en mucho aprecio,y si me dejaran nada más abrir su puerta me metería dentro.

Hasta aquí  mi vida en esta bendita casa donde el destino me colocó y que fueron y serán los mejores años de mi existencia. Creo  que todavía me queda un tiempo de seguir siendo feliz pues para ir para el otro “barrio” ,como dicen las personas, aún me falta una temporada.

Esa felicidad a veces se oscurece  porque me acuerdo de otros hermanos que lo están pasando mal, pues son maltratados cruelmente, abandonados y despreciados, sin entender que nuestra especie es la más leal al hombre, y que en muchísimas ocasiones les prestamos cantidad de servicios, incluso llegamos a salvar su vida dando la nuestra por ellos.

Nuestra fidelidad y lealtad nuestra alegría al volver a verlos, creo que es la mayor muestra de lo que los apreciamos desde nuestro instinto canino.

Fin de la historia de mi vida durante doce años.

(Murió  el 24 12 -2018)

Comentarios:
  1. pilar lópez García dice:

    Una emocionante historia.
    Los perros son lo mejor que puede entrar en una casa.
    Te dan felicidad.
    Lo digo por experiencia.

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