Publicado el: 08 Feb 2019

Toño Huerta: “En los años 20, los Valles tenían 25.000 habitantes; hoy hay 7.000”

El geógrafo trubieco presentó ayer en el Campoamor “La Forja de un Valle”, una obra “imprescindible” para entender las raíces industriales de Trubia, Santo Adriano, Proaza, Teverga y Quirós

Jesús Muñiz, Eva Martínez, Toño Huerta y Ramón Fernández, ayer en el salón de te del Campoamor/ Foto Beatriz Álvarez

Beatriz Álvarez/Quirós

El salón de té del Campoamor acogió ayer la puesta de largo del libro “La forja de un valle”, una obra que profundiza en la historia minera e industrial de los Valles del Trubia. En la mesa, uno de sus autores, Toño Huerta, que estuvo acompañado por Esther Prieto, representante de la editorial Trabe, y Diego Valiño, concejal del PSOE del Ayuntamiento de Oviedo. Acompañaron también al autor entre el público el alcalde de Santo Adriano, Jesús Muñiz; el de Proaza, Ramón Fernández y la teniente alcalde de Quirós, Eva Martínez, además de distintos representantes de la sociedad civil de la zona.
Toño Huerta, coautor del libro junto a Antidio Martínez Álvarez, que excusó su presencia por motivos laborales, destacó el arduo trabajo de documentación que hay detrás de un volumen muy gráfico, que pretende dar a conocer la cuenca minera del Valle del Trubia, un poco marginal frente a las cuencas centrales pero que esconde una gran historia. Huerta destacó que una de las motivaciones de la investigación fue acercarse a la historia global de los cuatro concejos del Valle (Santo Adriano, Proaza, Quirós y Teverga) más Trubia, por un motivo personal -“yo soy de Trubia”- y para pagar de alguna forma la deuda con todas las personas que trabajaron, vivieron y murieron en estas minas. El trabajo, destacó Huerta, comenzó en la primavera de 2011 y el libro es el fruto de siete largos años de investigación, de la que tres cuartas partes fueron labores de documentación, ya que “sólo de Hullasa manejamos cuatrocientas cajas de documentos, y había que verlos todos”. Respecto al título les parecía que recogía en la palabra “forja” el concepto industrial y en “valle” la referencia al territorio, un territorio del que el cordón umbilical fue el ferrocarril minero. “Hubo mucho tiempo dedicado también a hablar con la gente, trabajadores mineros, empresarios como, por ejemplo, Nicanor Rozada; pateando monte para ver vestigios del territorio abandonado por las administraciones”, indicó el autor con su habitual tono de crítica. Muy preocupados por conseguir una obra con unidad de estilo, manifestó su satisfacción ante el trabajo resultante: “nos repartimos el trabajo pero parece que hemos logrado un estilo bastante homogéneo”.
La obra, seiscientas páginas salpicadas de fotos, ilustraciones y gráficos que la convierten en un volumen técnico e imprescindible en la biblioteca de quien quiera profundizar en el tema y en la historia de la zona. Dividida en seis capítulos, va desde un estudio del territorio (que pone en evidencia la cualidad de geógrafos de los autores); demografía, con datos tan elocuentes como que “en los años veinte esta zona tenía una población de unos 25.000 habitantes frente a los 7.000 del momento”; geología, pasando por la actividad minera de la Edad del Bronce, minería en la época romana, etc. Tras esta primera parte cuatro grandes bloques dedicados a los concejos. “Empezamos por Santo Adriano, las minas de Castillo del Monte, Lavares. Seguimos por Quirós, es el grueso del volumen y que, entre 1860 y hasta finales del siglo XX, vivió hitos tan importantes con los altos hornos de La Fábrica, se pretendía crear un conjunto integral, ejemplo de la actividad minera de la zona son las más de treinta empresas mineras que tuvieron actividad en el concejo. Quirós nos sirve también para explicar el contexto nacional y regional del tema. Seguimos con Teverga, cuyas minas son de un poco más tarde y en el que hay que destacar en el siglo XX a Hullasa que fue la gran empresa del momento a la que su no inclusión en Hunosa dio la puntilla. Teverga que es el concejo que tiene el único pozo vertical de la zona el San Jerónimo. Y un último capítulo más testimonial dedicado a Proaza”.
Recomendó el autor su lectura pausada, pues “hay que leerlo con calma pues intenta resumir doscientos años de historia minera y está plagado de datos importantes”. E hizo finalmente un reconocimiento a las gentes de la mina y a su aspecto más triste, los fallecidos, “el drama de la minería que es una realidad”. Comparando con las cuencas mineras centrales destacó que apenas se construyeron barriadas mineras pero “eso no significa que el vínculo con la población no exista”, y destacó el papel desempeñado por el ferrocarril, “es una pena que la gente no sepa qué hay detrás de la Senda del Oso”; la existencia de un gran patrimonio industrial que es siempre el más castigado por su abandono para hacer hincapié en el patrimonio de la gente, la memoria, la historia de lo que pudo haber sido. “Quirós tenía todos los puntos para ser un gran centro industrial, lo tenía todo, incluso un proyecto para que el paso a la Meseta trascurriera por allí, pero se frustró porque allí los factores de la coyuntura asturiana se agravaron”. Esther Prieto, de la editorial Trabe, abrió el acto agradeciendo agradeció al Ayuntamiento de Oviedo el escenario prestado para la ocasión, un salón de té que ayer se llenó de público. Su agradecimiento también para todas las instituciones, sindicatos y empresas privadas, ayuntamientos de Santo Adriano y Quirós que han conseguido que este libro esté en la calle e hizo referencia al mecanismo de la memoria que la llevó a ella y a la editorial a apostar por esta obra que es un “profuso y profundo estudio de los concejos que forman el Valle de Trubia, un estudio cargado del rigor investigador de los autores que lo convierten en una obra importante y única”. Prieto acudió al prólogo escrito por Germán Ojeda, profesor titular de la Universidad de Oviedo y que resume la intención del libro, para destacar que se trata de una obra de alcance que se lee como “una novela industrial”. “La forja de un valle” es un libro muy gráfico detrás de cuya ingente investigación está la recuperación para el futuro de la historia de un valle. Diego Valiño por su parte destacó como primordial la necesidad de preservar el patrimonio y la memoria “también para que los ovetenses conozcan así el pasado industrial de la ciudad”. Un libro que quiere ser un homenaje a esa gente que se niega a olvidar lo que fue, un Valle marcado por la mina, la siderurgia y la ganadería, un intento de preservar la memoria conjugando patrimonio, historia y gentes.

Esther Prieto, Toño Huerta y Diego Valiño/ Beatriz Álvarez

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