Publicado el: 16 Mar 2019

En recuerdo del trubieco Manuel López, ‘Manolo el Moro’

Fallecido hace tres meses, maquinista de la Coronel Esteban, está unido inseparablemente a la historia del Real Juvencia y a la de Trubia

Manolo el Moro, en su máquina/ Valentín Álvarez

Valentín Álvarez/Trubia

Hace ya tres meses desde que a principios de diciembre y sin poder darle la despedida que se merecía nos dejó Jose Manuel López Álvarez, con un nombre y unos apellidos tan comunes habrá gente que no sepa de quién estoy hablando. Pero si les digo que se trata de Manolo el Moro (como de forma cariñosa y respetuosa le conocíamos) a cualquier “cascarillero” le vienen a la mente recuerdos de una persona muy conocida y querida en Trubia.
Nacido en las antiguas casas de Quintana, en el año 1932, no tuvo una vida fácil pero junto a su esposa Honorina trabajó incansablemente para sacar adelante a su familia, en unos años plagados de dificultades y de estrecheces económicas. Mis primeros recuerdos de él se remontan 40 años atrás cuando como la mayoría de los niños de Trubia llegábamos llenos de ilusión al Real Juvencia. Allí estaba él en su cuarto junto al vestuario cambiando tacos de aluminio gastados de las botas de los jugadores, limpiando la tribuna que a falta de secadora era un enorme tendal, y ordenando montones de botas que secaban a la puerta de la casa en la que vivía dentro del campo, esperando recibir una buena mano de grasa de caballo que las dejara relucientes… En aquella casa toda la familia ponía su grano de arena,  consiguiendo que Manolo fuera durante muchos años un admirado y querido conserje. En mayo de 2016 recibió emocionado el merecido homenaje que el club de sus amores le brindó por su trayectoria pasando a ser una parte importante de sus casi 100 años de historia.
Siempre dispuesto a colaborar con su pueblo. Cuando llegaba el sábado de la romería La Fábrica allí estaba Manolo con su inseparable cigarro preparado para tirar los voladores en cuanto
sonara el pito de la fábrica que propiciaba la salida de los obreros y el comienzo del desfile con los aprendices, la banda de “La Cibeles”, las carrozas engalanadas repletas de niños y los gigantes y cabezudos.
Durante muchos años trabajó en algo que le apasionaba, fue maquinista en la Fábrica de Armas de la “Coronel Esteban”, aquella preciosa máquina de vapor con la que recorría el recinto fabril y fascinaba a los niños que la veíamos desde el exterior.
Con sus tirantes y su inseparable gorra azul al vernos lanzaba aquellos fuertes pitidos soltando una densa humareda. Ya en la recta final de su vida a pesar de sus limitaciones físicas y gracias al empeño de sus hijos pudo visitar el Museo del Ferrocarril de Gijón donde aún se conserva la máquina en perfecto estado.  Fue sin duda un feliz reencuentro y una emotiva despedida entre dos viejos amigos e inseparables compañeros de fatigas.
Que estas líneas sirvan como recuerdo y homenaje de Trubia a su persona.
Descansa en paz, Manolo.

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