Publicado el: 25 Mar 2019

De Guinea a Pedroveya a dar misa

Recaredo Engonga atiende algunas parroquias de montaña en Quirós y Santo Adriano

Recaredo Engonga, en el centro, con un grupo de feligreses

Beatriz Álvarez / Quirós
Desde 2017 hay en Pedroveya un cura de origen guineano con nombre de rey visigodo: Recaredo Buenaventura Engonga Nkene. Nacido en una pequeña población de Guinea, es el hijo varón primogénito en una familia de ocho hermanos. Educado en la religión católica, en 1996 abandonó su tierra hacia Italia dónde se ordenó sacerdote tras un tiempo que no fue especialmente fácil “no tenía beca y había que estudiar y trabajar a la vez. Italia es un país muy hermoso, pero todo es muy caro. No es España”. Recaredo que llegó a Morcín desde Piloña para relevar a Miguel Ángel García, anterior párroco de la zona, traía en su equipaje una amplia experiencia rural, en Piloña atendía las parroquias de Lludeña, Pintueles, Cadanes, Anayo, Valle, Espinaréu y Sellón. Su periplo en Asturias se había iniciado primero en Llanera de dónde salió para ir a Pola de Allande. De todos sus destinos reúne anécdotas y experiencia, pero, sobre todo, atesora emociones y amigos y así lo cuenta. En la parroquia de San Antonio reúne a los feligreses de Dosango (Santo Adriano), Pedroveya y la Rebollada, los dos pueblos quirosanos más alejados de la capital del concejo y a los que se accede bien por Tenebredo bien por Argame en el vecino concejo de Morcín. Tiene prisa, mucha plancha y poco tiempo, pocos feligreses y muchas parroquias. Es lo que tienen los curas rurales, a la actual crisis de personal en la Iglesia se unen en los pueblos circunstancias como el despoblamiento y el envejecimiento de la población y lo que es peor aún, la soledad de los ancianos.
Está feliz en Morcín como también lo estuvo en los anteriores lugares en los que instaló temporalmente su hogar para ejercer su profesión, ese bagaje es el que lleva a afirmar a los que le conocen que ya es “un asturiano de pura cepa”. La primera vez que se aventuró a ver qué había en Quirós más allá de Pedroveya y La Rebollada, fue para participar en la parrillada solidaria a favor de Duchenne Parent Proyect en el Museo Etnográfico organizada por Ternera Asturiana, pero “era de noche y no vi nada”.

Habla por los codos
Recaredo es una persona cercana y humana, habla por los codos, y con una sonrisa contagiosa dice que ya se imaginaba que Quirós “era más que estas dos aldeas en las que tan acogido me siento”. Le quieren, se nota en las caras de las mujeres mayores que asisten a la misa. Siete mujeres y un hombre, lo habitual. Durante la cabalgata de Reyes, Recaredo fue un Baltasar excepcional, su carisma enganchó a todos. Comparte sus impresiones de ese día, dice que fue muy feliz, que disfrutó mucho, sobre todo, en la residencia junto a los ancianos “no podemos quedarnos en solucionar las necesidades materiales, ellos y ellas necesitan, quieren que les preguntes, que les sonrías, que les estreches la mano…”
Tiene pendiente recorrer el resto del concejo, ya conoce Bermiego y Salcedo, aún no ha subido a Alba, espera hacerlo la próxima vez que vaya. En Oviedo, en la parroquia de San Javier se reúne con frecuencia con sus compatriotas. La inmigración también le preocupa como hombre comprometido con este tiempo.

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