Publicado el: 17 Abr 2019

Rugby

Por Gustavo A. FERNÁNDEZ

 [La Mosquitera]

Los próximos días 18 y 19 de abril se celebra la XXVI edición del Seven Villa de Grado en el que participarán nada menos que 72 equipos (42 masculinos y 30 femeninos) procedentes de distintos rincones de España. Hay que aplaudir el gran trabajo del Pilier Rugby Club que ha convertido este torneo en todo un referente de este deporte del balón oval y que propicia que estos días de Semana Santa sean especialmente animados en la villa moscona con mucho ambiente festivo y grandes conciertos.
Siento una querencia especial por el rugby, por sus valores, por el pasillo y los aplausos que se dedican los equipos al concluir los partidos, por el “tercer tiempo” en el que el equipo local invita al visitante a tomar algo mientras se cambian impresiones y, entre otras muchas cosas, porque ha sido el único deporte que he practicado como federado.
Allá por el año 1989, un compañero del instituto, Julio Souto, me animó a que me uniera a aquel grupo de pioneros del rugby en Grado que habían comenzado a entrenar de la mano de Benjamín López. No teníamos campo ni equipación, pero sí mucha ilusión. Primero entrenamos en el frontón y posteriormente en un pequeño prado en las inmediaciones del mercado de ganado.
Nuestro primer partido lo jugamos en Gijón con unas camisetas prestadas por la selección asturiana. Luego disputamos nuevos encuentros en un prado que nos cedieron en Sandiche, antes de pasar a aquel mítico campo al lado de la estación y la vía del tren, donde el público local acudía curioso a vernos sin entender muy bien las reglas de juego. De aquellos inicios han pasado ya 30 años y hace mucho también que abandoné la práctica del rugby, pero os confieso que cuando conocí el pasado octubre a la jugadora de la selección española Patricia García, no pude evitar decirle que yo, junto a Valentín Tejeiro, fuimos los encargados de inscribir al Pilier en la Federación de Rugby del Principado de Asturias, por lo que constamos como los dos socios fundadores del club y, aunque aquello no fue más que una mera casualidad, es algo que siempre cuento con orgullo.

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