Publicado el: 09 May 2019

Perífrasis no, gracias

Luis GARCÍA DONATE

Un mes más estoy de vuelta amigos míos a esta particular tertulia de lavadero en la que a más de uno le habré dado dolor de cabeza. Saco las tertulias de lavadero al escenario porque en ellas fue donde en mis años mozos me inicié en la filosofía, no en la de los académicos sino en la de la condición humana, aquella que tanto retrataba Shakespeare en sus obras. De formas de pensar está lleno el mundo en tanto que cada mente es una partitura con una melodía muy distinta a las otras, así que por eso y por muchas otras razones ya conocidas a continuación dará comienzo la disertación de este mes. Si os place, vamos a ello.
Últimamente se oyen por ahí infinidad de perífrasis verbales, esas uniones de verbos en las que uno aporta un cierto matiz de significado a su compañero. Hasta ahí todo normal, perífrasis siempre las hubo y esperemos que siga habiéndolas porque si no a los que hacemos de las letras nuestro oficio igual nos da un soponcio, pero el caso es que recientemente hay una que no paro de oír y no es otra que la famosa, archiconocida, prudente y temerosa del destino “ir tirando”. No se me malinterprete, lo de “ir tirando” es maravilloso, que nunca se vaya a peor pero desde este pequeño rincón del mundo quisiera hacer un llamamiento a la ambición. Son tiempos difíciles, de tormenta, fallecimientos, inestabilidad política y demás calamidades que azotan nuestro mundo, por eso en cierta forma os “llamo a las armas”, alzaos contra las penas que cada uno tenga y luchad por convertir el “voy tirando” en un “estoy de puta madre” con perdón de la expresión. Sé que siempre es más fácil de decir que de hacer y que a veces, la rutina, el tedio y el hastío subyugan el espíritu con cadenas más fuertes que cualquier metal pero el desánimo es una tierra estéril, solo se podrá cosechar una buena vida si se siembra en la ilusión, por nimias que sean las esperanzas que nos muevan. El éxito de esta humilde teoría radica en buscar pequeños momentos de brillo cada día, una lectura agradable, una buena conversación, evitar el estrés… Y así poco a poco, el ritmo del mundo cambiará y se oirán menos perífrasis melancólicas.
Mi veneradísimo público, nada es eterno y mucho me temo que mis artículos no son una excepción, lamentablemente hemos llegado al final. En vuestras manos queda la difícil tarea de decidir si todo lo arriba expuesto resulta útil o si por el contrario no son más que una sarta de desvaríos bien redactados. Hasta el mes que viene quedo a vuestro servicio.

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