Publicado el: 10 May 2019

Destruyendo puentes

Por Toño HUERTA

Historiador y experto en patrimonio industrial

Ante todo los puentes unen, comunican orillas y lugares, cruzan ríos y barrancos, pero sobre todo acercan a las personas. ¿Quién no tiene algún recuerdo junto a un puente? En Trubia, situada entre dos ríos, la importancia de estas estructuras cobra aún mayor significado. La “pasarela de Soto”, el “puente de la iglesia”, el “puente de los señores”, el “puente de la fábrica” o el “puente de Quintana”. De éste último os quiero hablar, pues nos lo quieren arrebatar.

El puente de Quintana, también conocido como el puente “de hierro”, fue instalado allá por 1884 para comunicar el Ferrocarril del Norte con las instalaciones de la Fábrica de Armas de Trubia, en cuyos talleres fue construido. Se trata de una estructura de un solo vuelo, sin pilares, apoyada en sendos muros de piedra; se compone de cuatro grandes vigas horizontales sujetas entre sí por viguetas más pequeñas dispuestas verticalmente y reforzadas mediante roblonado por otras diagonales. Hoy en día, sin función ferroviaria, es un puente peatonal que reclama una mejora desde las riadas de 2011. Esta pequeña descripción tiene el único objetivo de dar a conocer su historia industrial y valorar su gran importancia patrimonial, reconocida por todos los estudiosos en la materia y olvidada por las diversas administraciones, que no le han otorgado aún ningún nivel de protección legal.

Pero el verdadero enemigo de este puente es la Confederación Hidrográfica del Cantábrico, quien ha elaborado un Plan de Gestión de Riesgo de Inundación que, entre otras medidas, propone eliminarlo. ¿Realmente este puente es el problema cuando está construido en la rasante de la vía y no tiene pilares? Por desgracia los burócratas y tecnócratas que toman estas decisiones suelen ir por la vía fácil, la destrucción del patrimonio, sin consideración alguna por nuestra historia. ¿Quiénes se creen para arrebatar parte de la historia de un pueblo?

En un claro ejemplo de demolición administrativa, donde las decisiones son tomadas en un despacho y firmadas por técnicos y responsables que carecen de cualquier conciencia histórica, de un plumazo se pretenden borrar más de 130 años de historia, sin consultas públicas, sin estudios ni informes patrimoniales. Se trata de un plan de prevención pero, cuando el río suena… la riada administrativa es como una gran crecida que todo lo destruye. Ya tenemos como precedente cuando se demolió la presa del Machón en 2016, por parte del mismo organismo y sin esperar el oportuno informe de la Dirección General de Patrimonio Cultural de Asturias –y con el silencio cómplice, una vez más, de ésta–; se derribó no solamente la estructura metálica que era la que daba problemas de cimentación en los edificios vecinos, también la presa de sillares levantada en 1794 y que explicaba el comienzo del proceso industrializador de Asturias.

Una vez más vemos como una administración pública, en vez de velar por nuestro patrimonio, es la causa de su desaparición. En vez de conservar los puentes que nos unen los derriban, alejándose cada vez más de la sociedad, sin importarle su historia ni su memoria, solo la instantánea de turno. Los único que podemos impedir que se acometa esta atrocidad histórica, nacida de alguna ocurrencia de despacho, somos los propios vecinos, esa debería ser nuestra obligación. Debemos impedir que nos borren la memoria, exigirles velar por nuestros intereses y no por sus réditos políticos. Hoy el culpable de esta posible desaparición del puente de Quintana es la Confederación Hidrográfica del Cantábrico pero, no lo olvidemos, tanto Ayuntamiento como Principado son sus cómplices, bien a través de su silencio o de forma activa.

Son ya muchos años y muchos episodios de expolio del patrimonio histórico de Trubia que, en definitiva, es nuestra memoria, explica de dónde venimos y quiénes somos. Un patrimonio que es de todos nosotros, no de una administración insensible, aséptica y lejana que lo considera propio y se cree legitimada para hacer con él lo que considere oportuno, sin consultar a nadie, incluso destruirlo si es un obstáculo a sus planes, sin criterio alguno de ordenación territorial que tenga en consideración a estos elementos patrimoniales. Por favor, basta ya.

Quintana hacia 1915. Se puede ver el actual puente y otro que ya no existe del ferrocarril minero de Fuente (Archivo Fábrica Armas de Trubia)

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