Publicado el: 23 May 2019

[EDITORIAL] La Senda del Oso no es peligrosa

El fallecimiento de un ciclista y el accidente de un caminante en un periodo de diez días en la Senda del Oso han generado un clima de opinión distorsionado y alarmista, alimentado desde los medios de comunicación regionales, sobre la realidad de la principal infraestructura turística de los valles del Trubia.

Sin dejar a un lado la urgente necesidad de que el Gobierno regional invierta en mantenimiento (no vale responsabilizar a una Mancomunidad en liquidación integrada por cuatro ayuntamientos con escasos recursos) lo cierto es que la Senda del Oso no es el Cares, ni siquiera Las Xanas. Es un trayecto de gran belleza, accesible a todo el mundo y, manteniendo la prudencia debida cuando se sale al campo y al monte, seguro.

En más de veinte años apenas se han producido accidentes en la Senda. Los empresarios del sector calculan que entre ciclistas y caminantes pasan al año unas 200.000 personas. Por tanto el cálculo es fácil de hacer y la estadística refleja claramente que la Senda del Oso es segura. Sin embargo, la nueva orientación irresponsable del periodismo, que prima el sensacionalismo y el alarmismo con el objetivo de vender más periódicos o conseguir más cliks en los digitales, está haciendo un daño importante a las economías de estos valles, en unos concejos a los que la crisis del campo y de la minería han dejado exhaustos y cuya única alternativa por ahora es el turismo y el sector servicios.

Si algo “positivo” ha tenido toda la polémica suscitada tras los últimos dos accidentes es que los empresarios y comerciantes de los cuatro concejos se han unido y hacen fuerza común por defender su medio de vida. No hay duda de que el principal responsable de la falta de mantenimiento de esta Senda es el Gobierno regional. Hay dinero de sobra para hacer que la Senda del Oso se mantenga como uno de los principales atractivos turísticos de Asturias. Los vecinos de los cuatro concejos de los Valles del Trubia pagan religiosamente sus impuestos como los del resto de la región. Pero ya sabemos que los responsables políticos de ahora y de antes han apostado siempre por el Oriente, por la costa y por el área metropolitana.

Por otro lado, los cuatro ayuntamientos de los valles han ido dejándose llevar por una dinámica de parches, sin afrontar directamente el problema del abandono integral de la infraestructura. Son concejos con pocos recursos y mucho territorio que tienen que establecer sus prioridades de inversión entre las necesidades de los vecinos y los turistas. Al final, la manta no llega para tapar todo el cuerpo. Ha faltado unidad y capacidad de exigir al propio partido un compromiso que vaya más allá de contratos de obras anuales que no superan los 40.000 euros.

Lamentablemente el abandono de la Senda del Oso no es un caso aislado en una Asturias que para algunos de sus responsables parece estar en liquidación.

 

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