Publicado el: 25 May 2019

Harta de despoblación

Por Esther MARTÍNEZ

Nos invaden múltiples coletillas a diario: “empoderar”, “dar voz”, “en riesgo de exclusión”, “poner en valor”, “brechas variadas”… Casi todas tienen aplicación al discurso actual relativo al mundo rural. Hay una literatura pesada, machacona, catastrofista, llorona y llena de tópicos; muerte del mundo rural, los últimos, la tierra que se acaba, desierto o invierno demográfico, la Laponia, “demostanasia”, etc.
Sobre los términos empleados para designar el territorio que sufre esta estigmatización no se ponen de acuerdo; España vacía, acuñado por Sergio del Molino, en su exitoso ensayo, que sirvió al menos para la toma de conciencia o España vaciada, elegido por las 89 plataformas que convocaron la llamada “Revuelta del mundo rural” del pasado 31 de marzo en Madrid, a la que por cierto no acudió ninguna plataforma asturiana.
Hasta al mismísimo presidente del gobierno, Pedro Sánchez, en su comparecencia para anunciar la convocatoria de elecciones generales, se le escaparon las palabras de moda, “España vacía”, que sirven para todo y que sabemos que están en la agenda política, en la económica y hasta en la sopa.
A partir de ese momento todos los partidos políticos se dispusieron a incluir medidas y propuestas en sus programas electorales relativas al problema. Hubo quejas por parte de algunos sectores de ese “mundo rural”, porque en los debates televisivos previos al 26A, los candidatos apenas dedicaron tiempo a todos estos territorios, lo cual a mí me alegra, ya que se supone que es obvio que hay que buscar soluciones y que nada hay que debatir. Las imágenes posteriores de los cabezas de lista, con una cuidada puesta en escena de conducción de tractores, visita a los sembrados y tragos de botijo de la Alcarria, no dejaban lugar a dudas de que parecía importante parecer rural. El otro día el gerente del Reader de Asturias, Luis Miguel Rebustiello, resumió en una sola frase lo que algunos llevamos pensando años: “El día que los alcaldes de Pravia o Belmonte o Somiedo sean presidentes de la Federación Española de Municipios, entonces algo habrá cambiado”.
Hay una imagen excesivamente negativa del campo, que solo se colorea en vísperas de elecciones. Hay múltiplesrealidades y territorios y no se puede buscar una fórmula única. Deberíamos huir y superar ese discurso negativo, y una de las claves es dejar de hablar de ello desde la distancia; tanto la física como la mental.
Y la mejor fórmula es aportar presencia. Es bueno formar parte de su tejido asociativo y palpar y sentir sus inquietudes. Hay multitud de proyectos en los que poder integrarse: custodia del territorio, recuperación del patrimonio olvidado, de la cultura perdida; salvaguardar los saberes, la identidad como pueblo, entrar en sus bares, conversar con los que quedan, conocer sus preocupaciones y las ocupaciones. Todo ello contribuirá a mantener la vida del lugar y a paliar la soledad, también llamada en términos políticos crisis del territorio.
Si os decidís a acercaros y hay un paisano que lleva boina y bastón, no es un actor ni un recreador. Preguntadle cuándo se siembra el maíz o cómo se planta un tomate. Si además caéis en la tentación de escribir sobre el tema, recordad que tiene voz propia, no hace falta que se la deis. Preguntadle si se vende alguna casa o alguna tierra; vivid, plantad, sembrad y acordaos que el pueblo no es ni una postal ni el escenario de una novela y además de fotografías y literatura, necesita alianzas, colaboraciones, propuestas compartidas, coordinación de proyectos y una pizca de optimismo.

Comentarios:
  1. paquita dice:

    Muy bueno, Esther. Nos vemos pronto. Paquita

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